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Nodos

Nodos, ¿qué son los nodos? Estoy viva y ni siquiera lo sé. Una vida entera sufriendo la belleza que quiere salir de un pecho que se abre en rojo carne. La belleza estaba demasiado adentro como para saber que estaba fuera, en las ramas que se cruzan y entrecruzan, que dan vueltas poliédricas… Aún no había sentido que había mundo bajo mis pies, que todo podía darse la vuelta. Cuando me miro en la naturaleza soy menos yo, y más yo. Todo lo que puede enseñarme el silencio, la pausa, la falta de velocidad, la destrucción del tiempo. Los puntos de presión están activados, quiero apretarlos y no los encuentro.

Quiero detenerlos. Puedo aprender más de una roca o de la corteza de un árbol que de una humanidad entera. Qué soledad tan grande dirán algunas, pero allí puedes sentirte parte de todo, más allá de tu humana condición, puedes serlo todo. Me encontré con Dios y era yo. Porque la naturaleza era yo, y que las ramas me enrredasen no me daba miedo, porque ellas eran parte de mi esencia vital, ancestral y más profunda que la propia temporalidad. Dios era yo porque la naturaleza acompañaba mi respiración, porque la niebla bajaba cuando yo subía, y mis ojos la seguían expandiéndose cuando mis pulmones se ensanchaban. Todo lo vemos en películas pero la película está sucediendo, puedes ponerle esos tonos fríos azules, las transiciones, los barridos de la mirada que enfocan la importancia de lo que se ve. La fuerza es mental, la debilidad también. He nacido para esto, he nacido para morir. Y hoy, me siento orgullosa de poder admitirlo. Por un segundo olvidé esa preocupante causa por la que todas nos movemos: la mortalidad. ¿Puedo aceptar morir sin haber conseguido todo aquello que quería? Quizá no, y sufra como mártir hasta sangrar por mis sueños. Pero… ¿y si todo aquello que espero de mi muerte sucede en este momento? ¿Y si pudiera morir en paz solo por estar viviendo este instante, en paz con este segundo? Recogida por el dolor, él me abraza y entiendo que me acoge. Porque la culpa no es del dolor, la culpa es del lenguaje establecido, el lenguaje verbal. Su método calculador erradica la transparencia de mis venas y mi capacidad de observación.

Soy un animal colonizado por la palabra, en cautiverio de los conceptos que me dieron. Escribí mis propias formas de olvido en palabras que no relataban lo verdadero de la experiencia. ‘Ojalá alguien pudiera entender’... Constantemente sumergida en la impaciencia de ser abrazada por el entendimiento ajeno, me hallo sola y creo ser alguien que se fundamenta a sí misma en sus solitarias acciones y conductas. Pero quizá solo debo ser un monje que aprecia la experiencia estética, de la belleza, rendida ante las posibilidades de su comunicabilidad. Porque la belleza solo existe por sí misma cuando es observada;  cuando la etiquetamos, desaparece en un castigante ‘adiós’. ¿Sucedió?

Avísame cuando no te moleste y te mostraré lo que hay dentro de mis cortezas, que no es nada mío, más que tuyo. Quizá solo quisiera encontrar puntos comunes con una civilización sangrante que se esconde en el musgo. Pero mis propias utopías delatan mi pobreza.


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