Un Ritual de Despojo
Added 2021-10-24 15:00:05 +0000 UTC¡Muy buenas a todos! En el post sobre el trabajo interno de otoño os comenté sobre un ritual de despojo, y vengo a hablaros de ello.
En los dos últimos años como practicante, y conforme me he ido redirigiendo más hacia la brujería folklórica, en muchos aspectos me he dado cuenta de lo poderosa que resulta la magia popular. Un aspecto de ella en el que me parece que radica su poder es que sus prácticas son profundamente viscerales, y aprovechan la energía de las emociones internas más primarias para redirigirlas la intención mágica. Esto es algo que he estado implementando últimamente porque me he dado cuenta de que me ayuda mucho a mantener el foco y el trance en los rituales y distraerme y dudar mucho menos. En otros tipos de magia, como la magia ceremonial, me suele costar mucho más involucrar la intención, mantener la atención, la seguridad y el estado de trance, aunque esto es algo completamente personal :). Sucede también que en algunos de los ritos que he practicado muchas veces, como el de enterrar la hoja seca para despojarme de lo que no necesito, aunque me remueven mucho por ser muy simbólicos, a veces me resulta necesario por la magnitud del trabajo darle un buen empujón de energía cruda extra. Por ello, aunque yo soy una persona que ama que todo se poético y eso me produce un estado de inspiración genial para la práctica mágica, he aprendido de la hechicería folklórica que a veces hace falta ser menos poético y más literal (y un poco demasiado intensitos, jaja!).
Así que este rito de despojo es para todas aquellas cosas que de verdad queremos que se larguen de nuestra vida y no vuelvan. Y qué mejor momento que ahora, estación de muertos, para hacerlo, porque vamos a trabajar mano a mano con la muerte.
Vamos a necesitar:
- Un elemento físico que represente lo que queremos desterrar. Este elemento va a ejercer de efigie mediante la ley de simpatía para que lo que le hagamos le suceda a lo que queremos desterrar de nuestra vida, y además servirá de chivo expiatorio. En él, igual que hacen las sociedades desde la antigüedad pagana, depositaremos todos nuestros males para poderles dar muerte. Para esto, tenemos varias opciones: si tenemos algun objeto que represente lo que queremos alejar y no nos importa deshacernos de ello (lo cuál a veces también es un gran ejercicio para cortar lazos internamente) podemos usarlo. Por ejemplo, si queremos terminar con una relación tóxica, podríamos usar un regalo de la otra persona, o un anillo que representaba la relación. ¡Un poco de ojo! Lo que queremos es terminar con la relación, no terminar con la persona, así que asegurémonos de que para nosotros representa eso, que si no, amigos, estaremos echando una maldición en toda regla. Otra opción es utilizar una simple piedra alargada (lo cuál también es mejor para entorno dependiendo de dónde decidamos hacer el rito) a la cuál le podemos escribir todo aquello de lo que nos queremos librar, o simplemente cargarla con todo lo que queremos desterrar a través de nuestras manos. Utilizar una roca con una forma ligeramente antropomorfa ya era algo que se hacía en la antigua Roma cuando no se podía enterrar a alguien muerto en el mar o en un paradero desconocido, para que así representara a la persona y se le pudieran practicar todos los ritos funerarios sin los cuales pensaban que el muerto restaría inquieto y podría atormentar a los vivos. Vamos a hacer algo muy parecido. Otra opción sería hacer una figurita de arcilla o cera.
- Una pala o nuestras propias manos para cavar.
- Un lugar en el que podamos enterrar aquello que no queremos: una encrucijada o un cementerio. Ambos tienen mucha tradición como tal, puesto que las encrucijadas son un lugar liminal que conecta con el Inframundo y que, al ser tierra de nadie, era un espacio en el que se podía dejar todo aquello que se quería abandonar en ese limbo. Allí se colgaba a los malhechores y se dejaban restos de hechizos de destierro y maldiciones. El cementerio, por otro lado, es un lugar designado a los muertos, para que al tener su espacio no tengan la necesidad de regresar a importunar a los vivos. El muro del cementerio, por lo tanto, delimitaba el espacio para proteger la paz de los difuntos pero a su vez impedía que estos salieran de él.
- Elementos funerarios: podemos llevar flores, una piedra plana que haga de lápida y elementos tradicionales que impidan que el muerto se levante, como una cruz o poner piedras sobre la tumba, una cápsula de adormidera, que se ponía en el bolsillo del muerto para que descansara, una mortaja...
- Una ofrenda a los espíritus del lugar. Involucrar a los espíritus del lugar es algo optativo, pero personalmente me gusta hacerlo para asegurar el resultado y tener una relación estrecha con ellos. En este caso, podemos usar vino tinto, un incienso, tabaco suelto, flores, leche, miel... En el caso de la encrucijada, podemos usar también ofrendas tradicionales a Hécate o Hermes, como cebollas, ajos, huevos...
RITUAL
La intención simbólica del rito es dar por muerto aquello que queremos desterrar, enterrarlo, lo cuál nos servirá para cerrar ese proceso, pasar el duelo y asimilarlo para seguir con nuestras vidas, e impedir que el “muerto” se levante.
- Acudiremos al lugar del entierro con todos los materiales. Si decidimos trabajar con los espíritus locales, nos presentaremos y pediremos permiso para llevar a cabo el rito entregando la mitad de la ofrenda. En el caso de que sintamos el ambiente hostil, lo tomaremos como una negativa y buscaremos otro lugar. Si todo se siente tranquilo y correcto, tras serenarnos, comenzaremos.
- Prepararemos nuestra efigie apuntando en la piedra lo que queremos desterrar o cargándola entre las manos. Es importante involucrar emoción en ello. Podemos cerrar los ojos y revivir recuerdos relacionados, revisar todo lo que tengamos que revisar, con la intención de poder cerrar, o afirmar que ponemos en ello lo que desterramos. Podemos sentir tristeza o ira, lo que nos produzca ese elemento que queremos soltar. Si sentimos esas emociones, no intentemos calmarlas o silenciarlas, sino vivirlas, darles voz y redirigirlas al objeto mediante la intención, la visualización o nuestra energía corporal. Vamos, que si tienes que llorar, gritarle, lanzarla contra el suelo, desahogarte o decirle algo que te ha quedado por decir, ¡adelante! Podemos incluso impregnarla con lágrimas para que el nexo con esa emoción y situación sea más fuerte. Ponemos toda esa energía en él, hasta que sintamos que hemos vertido en él todo lo que teníamos que verter.
- Nos tomamos el tiempo que necesitemos para entrar en el estado mental o trance necesario para ser capaces de sentir lo simbólico como real, si es que aún no estamos en ese punto (probablemente ya lo estemos). Cuando estemos listos, afirmamos su muerte, por ejemplo:
[Lo que sea], estás muerto, bien muerto, y como a los muertos te voy a enterrar. ¡con determinación!
- Cavamos una pequeña fosa para la piedra o el objeto, teniendo en mente, por supuesto, que es una tumba. Si estamos en el cementerio la cavaremos en un lugar que no esté sobre la tumba de nadie y mejor si está en un lugar discreto, para que nadie la toque.
- Colocamos la piedra o el objeto en la tumba, acompañado, si hemos traído algo así, de aquello que sea para darle paz y evitar que se levante, como la cápsula de adormidera, una mortaja de gasa, más piedras encima... Realmente, podemos llevar a cabo cualquier práctica funeraria que nos guste o resuene, desde colocarle una flor encima a quemar incienso por él. Todo lo que nos transmita estar en un funeral.
- Recomiendo en este punto despedirnos con unas palabras. Podemos darle las gracias por lo que nos ha enseñado o aportado y despedirnos, pero todo depende de lo que sintamos hacia ello. Si sentimos desprecio o ira podemos mandarlo a tomar por... ¡lo que sea! Lo que necesitemos para cortar y dar por terminada la relación. Como decía, lo importante es involucrar emoción y determinación.
- Enterramos el objeto y apretamos bien la tierra sobre él. Podemos poner la lápida, una pila de piedras sobre ella o una cruz, que prevenga de que lo desterrado regrese.
- Puedes cerrar con alguna otra frase:
Muerto y enterrado, de mi vida desterrado. Aquí descanses y aquí te quedes, tú en tu lugar, y yo en el mío.
- En el caso de que hayas decidido pedir ayuda a los espíritus del lugar, entrega ahora el resto de la ofrenda y solicítales lo que necesitas a cambio. Ejemplo:
Muertos, ancestros, espíritus del cementerio/la encrucijada. Vosotros que guardáis este lugar y aquello que habita en él. Yo os entrego lo que he enterrado y os ofrezco este pago a cambio de que quede con vosotros y no vuelva a mi. Esperamos a sentir una respuesta. Si el ambiente está tranquilo y no hemos sentido una negativa, daremos el rito por terminado. Así sea.
- Dejamos las flores en la tumba y nos marchamos sin mirar atrás.
¡Y ya estaría!