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Apuntes sobre Hechicería II: Del Estado Alterado de Consciencia, la Energía y los Aliados

En la primera entrada de apuntes sobre hechicería tocamos puntualmente algunos aspectos que creo merecían su propio artículo para ser explorados con algo más de profundidad, así que hoy sí vamos a hablar un poco más de ellos. Trataremos principalmente el estado alterado de consciencia y la energía en los rituales, y daremos una pequeña pincelada de los aliados en la práctica. 
Antes de empezar, quiero dedicar el artículo a aquél que esta semana apareció en mis sueños y me animó con este escrito😉 muchas gracias!



Como comenté en el artículo anterior, esta idea me surgió al pensar en aquellos aspectos de los que no se suele hablar en la práctica hechicera, ya sea por desconocimiento o ya sea por darlos por sentado en caso de un practicante experimentado. Sin embargo, nos pueden volver un poco locos si no los tenemos en cuenta, pudiendo afectar de forma negativa a los resultados de nuestro trabajo sin que terminemos de saber qué hacemos mal, o de forma muy positiva si somos conscientes de ellos y sabemos jugarlos a nuestro favor. 

Uno de los primeros puntos a tocar es que actualmente se tiende a ver la hechicería como meras recetas que si se llevan a cabo siguiendo los pasos darán el resultado esperado. Pones tal y cual ingrediente dentro de una botellita, sellas, pones una vela y ya has hecho magia. El problema de ello es que estamos poniendo el foco dónde no es. Estamos poniendo el foco en acciones mecánicas y olvidando que la parte importante del hechizo no es la receta física, sino su vertiente intangible, que por lo poco acostumbrados que estamos a manejarla de forma consciente nos cuesta mucho más que hacer ciertas acciones o tener ciertos ingredientes. Es una historia popular en la alquimia que los aspirantes a alquimistas que no comprendían de verdad el Arte solían intentar una y otra vez seguir las complicadas recetas de los maestros sin éxito, porque no estaban viendo que la alquimia no era al fin último un trabajo físico, sino un trabajo espiritual y energético basado en la transformación de uno mismo. Lo físico es sólo una herramienta que nos permite acceder a la Otredad, y si tenemos la llave pero no abrimos la puerta, poca magia podremos hacer. 

Por lo tanto, desde el hechizo más simple al más complejo, es importante comprender y trabajar tanto su parte física como su parte intangible, y aprender a desarrollar nuestras habilidades en este segundo ámbito. Hay muchas formas de propiciar la parte intangible del hechizo. La fe, la emoción y la intención son las más básicas, y son imprescindibles, pero encontramos también otras técnicas específicas como la invocación de entidades que nos asistan, la movilización de la energía corporal o la visualización. Estas últimas no son en si mismas todas obligatorias para hacer magia, pero son muy buenas opciones, y suele ser recomendable incluir alguna del estilo. Como comentaba Robin Artisson en un artículo que leí hace poco en su libro Letters from the Devil's Forest, a veces la intención y la visualización simplemente no son suficientes para el resultado mágico, aunque popularmente se venda que sí. Esta visión de que la intención y la visualización todo lo pueden, aunque acierta en que son aspectos importantes, no me acaba de gustar porque en primer lugar, como practicante habitual no la encuentro cierta y, en segundo lugar, me parece que en cierto modo responsabiliza a la gente de desgracias sobre las cuáles no han tenido o tienen el control. Sí, somos seres sagrados con una enorme capacidad de intervenir en los planos intangibles, pero no somos todopoderosos, y aunque a veces la intención o la visualización den un buen resultado, por lo general, la manifestación es una práctica que conlleva trabajo y tiempo perfeccionar y, en ocasiones, solo por nosotros mismos puede no llegar a la magnitud de lo que necesitamos. Cualquier persona que se muere de hambre ha visualizado y puesto su intención infinitas veces en tener comida, ha intentado materializarla de todas las formas que conoce (porque ante la desesperación absoluta, el ser humano acaba recurriendo de forma natural a los planos intangibles, a la magia o a la oración) y eso no hace que no se muera de hambre gente en el mundo. 

Nuestra sociedad es altamente individualista, y en la búsqueda de recuperar nuestro poder personal después de siglos desprovistos de él, pecamos de no darnos cuenta de que a veces necesitamos una ayuda externa desde el otro lado: un espíritu, una deidad, un ancestro. Un aliado, al fin y al cabo. De esto hablaremos más adelante, pero cabe mencionar que incluso en muchas ocasiones en que creemos que hemos materializado solos algo necesario o que queríamos, hay detrás de nosotros un espíritu o un ancestro que nos ha ayudado sin que lo sepamos. Además, hay que comprender que como cualquier potencial que tenemos como seres humanos, nuestro poder mágico no está listo para usarlo en todo su esplendor de buenas a primeras, sino que necesitamos desarrollarlo con trabajo, esfuerzo y tiempo para que de buenos resultados

El trabajo intangible básico de un hechizo lo conforma también hacer nuestro rito en un estado de gnosis, como comentábamos en el artículo anterior, que nos permita formar y entrar en nuestro pequeño microcosmos y afectar al macrocosmos a través de la dimensión simbólica de los elementos y acciones que estamos utilizando. Esto aplica incluso en la hechicería popular más simple: incluso una abuela que “ata los cojones” a San Cucufato para encontrar algo perdido pone en práctica, aunque sea de forma inconsciente, el trabajo intangible mediante un estado de gnosis en que se cree firmemente que el trapo ata los testículos del santo, se canaliza una emoción fuerte (la ira o la aversión, normalmente) a través de hacerle un nudo con fuerza, se realiza una invocación y se practica todo con la mayor fe e intención. Al ser un hechizo tradicional, además, tiene ya en sí una suerte de energía propia casi egregórica, producida por la continuidad de su uso en la comunidad a lo largo del tiempo, y tiene una capacidad de resonar a un nivel interno profundo en el practicante al formar parte de su contexto y antecedentes familiares y culturales. 

Cuando hablamos del estado de gnosis en que integramos los símbolos utilizados, hablamos de un estado alterado de consciencia. Puede que sea algo leve, automático o momentáneo, como en el hechizo mencionado, pero en todo caso, a mi parecer, es necesario para la práctica. Nuestro estado de consciencia habitual nos permite funcionar en nuestra rutina diaria, pero precisamente en este estado de rutina diaria nuestra percepción está prácticamente aterrizada por completo en el plano material. Esto es algo que quizá en sociedades más primitivas no era así, puesto que se integraba mucho más lo intangible en la vida y rutina de las personas, y por lo tanto el estado habitual era mucho más abierto a percibirlo e interactuar con ello. Y aún así, para los ritos más potentes, el éxtasis era una herramienta básica para entrelazar al brujo con el mundo de los espíritus. 

A día de hoy, hay poco espacio para lo numinoso en nuestra rutina. Por ese motivo, si nuestro estado habitual de consciencia no nos permite acceder al otro lado, deberemos inducir un estado en nosotros que esté mucho más cercano a ese otro lado a fin de poder percibirlo y trabajar con él. Deberemos abrir un espacio y un tiempo fuera del orden habitual, un punto liminal en que puedan confluir bajo nuestra percepción lo físico y lo espiritual. Realmente, crear ese espacio y ese tiempo es lo que hace a un ritual lo que es, y el estado alterado de consciencia es lo que crea ese espacio y tiempo dentro de nosotros y nos permite entrar en el ritual. Es en este punto en que, desde el reverso, desde este espacio habitualmente no visible, podremos mover los hilos del telar de nuestra realidad para formar con ellos aquello que queremos manifestar. 

Entendamos, y si os interesa el tema haré un artículo sobre ello, que los estados alterados de consciencia no tienen que ser algo complicado ni es necesario propiciar un trance super profundo para la magia. Para los hechizos más habituales, bastará con un trance ligero que nos haga estar concentrados en lo que estamos haciendo, sin pensamientos aleatorios que nos distraigan, y nos permita mantener el foco en que estamos afectando a la realidad a través del símbolo. Diez minutos de meditación previa pueden ser suficientes para ello. Si estamos trabajando con espíritus aliados, el trance deberá ser lo suficientemente notable como para realizar una invocación y poder percibir la comunicación con el numen que nos asiste, lo cuál, a un nivel básico de trabajo, tampoco tiene que ser (aunque puede) un trance muy profundo: no hace falta que nos vayamos a cabalgar los cielos con la Cacería Salvaje, simplemente que podamos percibir sensaciones o mensajes de nuestro aliado. 

Ahora que volvemos a mencionar el tema de los aliados, vamos a tratar el último punto del artículo, que es la obtención y el uso de la energía necesaria para poner la magia en marcha. Sobre esto, existen muchas corrientes de trabajo, pero en general, todas coinciden en una cosa: para hacer magia es necesario reunir poder y dirigirlo al objetivo. Ya hemos hablado con anterioridad de algunas fuentes de energía en la hechicería: nuestra emoción es una de ellas, y forma parte de nuestro espectro de poder personal. Otras manifestaciones de este poder personal pueden ser nuestra energía corporal, nuestra energía vital, utilizada por ejemplo a través de la sangre, nuestro poder espiritual... El uso del poder personal es interesante para muchos hechizos, pero mi recomendación es no dejar que todo recaiga sobre él, porque evidentemente, igual que si gastamos energía física en hacer deporte, eso nos debilita durante un periodo de tiempo después y nos hace más vulnerables. Evidentemente, usado con moderación y con la práctica, igual que el deportista, desarrollaremos fuerza y resistencia en él, pero siempre deberemos tener muy en mente lo que podemos dar y lo que exige nuestro objetivo para no ponernos en riesgo o, simplemente, para poder tener éxito. En la mayoría de ocasiones, será necesario y más seguro atraer y generar energía, como mediante el baile extático y los cánticos, o utilizar fuentes energéticas externas que se combinen con nuestro propio poder, y actuar canalizándolas

Los wiccanos, por ejemplo, invocan a los elementos, acumulan su energía dentro del círculo, que ejerce de recipiente, y la canalizan para que se dirija a su objetivo mágico. Otra opción es canalizar la energía de la misma tierra, tomándola a través de los pies del suelo y a continuación depositándola o dirigiéndola hacia el objetivo con las manos o la mente. En este caso, la energía no se acumula y transmite a través de un círculo, sino a través de nosotros mismos: nosotros somos el recipiente y el canal, y por lo tanto también lleva práctica aprender a realizar esta tarea de manera eficiente sin agotarnos. 

Sin embargo, quizá por ser mucho más dada a la brujería tradicional y la hechicería popular que a la magia ceremonial, para mi la forma más fácil y efectiva de acumular y dirigir energía es a través de la colaboración con espíritus aliados. No me parece que no podamos lograr cosas por nuestro propio poder, pero creo que es importante volver a considerar que somos seres que habitamos en un ecosistema físico y espiritual, y que somos lo que somos únicamente en relación al entramado en el que estamos tejidos. Existimos en unión, interacción y colaboración con todo lo que nos rodea, y la cooperación es capaz de proporcionarnos una gran ventaja respecto al trabajo en aislamiento. 

Como comentamos en el artículo anterior, muchos de nuestros “ingredientes” a la hora de hacer un hechizo son realmente entidades con propio poder, más allá de su valor simbólico. Las velas, un elemento clásico en la hechicería, son un ejemplo muy evidente: son como una batería que programamos para que su fuego, su energía, se gaste dando poder a algo determinado. Podemos cargarlas con energía extra, por ejemplo, si las consagramos a una deidad o espíritu o bien las vestimos con ciertos aceites y hierbas. Y es que hierbas, aceites, piedras y muchos más elementos naturales poseen en sí mismos su propia energía, que por supuesto, bajo un prisma animista, tiene su propia ánima. En la hechicería se hace uso de su energía aunque no se tenga una visión animista, igual que se hace uso de sus virtudes medicinales en el día a día sin considerar que son seres vivos, pero si los tratamos de una forma respetuosa y buscamos simpatizar con el espíritu, no sólo con su energía, y ponerlo de nuestra parte, su efectividad será mayor, y el trato con ellos más justo. Esto lo conseguiremos, por ejemplo, recolectando con respeto y ofrendando al hacerlo, cantándoles o invocándolas al necesitar su energía u honrándolas de la manera que nos resuene más. 


Plantas, restos animales, aguas o piedras pueden ser excelentes aliados en la práctica hechicera, pero aún hay algunos otros aliados cuya intervención puede ser determinante a la hora de asegurar la efectividad del trabajo. Se trata de los espíritus incorpóreos. 

La colaboración de muertos, espíritus del territorio como genius loci o feéricos, de espíritus familiares, entidades o incluso divinidades resulta una gran opción, y para algunos autores como Artisson, mencionado anteriormente, es incluso imprescindible. Yo no llego a considerarlo tanto como absolutamente imprescindible, pero sí creo que el que pretende trabajar con las fuerzas intangibles debe, por la cuenta que le trae, congraciarse con ellas y tener amigos en el Otro Lado. Amigos con el poder de mover los hilos por nosotros y de alcanzar y ver más allá de lo que nosotros podemos. 

Estos amigos serán en ocasión espíritus con los que ya tenemos una familiaridad porque hemos cultivado un trabajo y una relación de favor mutuo con ellos, como nuestros ancestros, deidades patronas o entidades locales. Con ellos siempre será más fácil y seguro involucrarles en nuestra empresa, y nos podrán asistir tanto proporcionándonos energía como llevando a cabo tareas por nosotros, proporcionándonos información o guiándonos. Debemos recordar, aún así, que no son nuestros sirvientes y que su ayuda y amabilidad debe ser siempre recompensada con tiempo de calidad con ellos, devociones u ofrendas de manera habitual y también puntual en el caso de que creamos que es adecuado para agradecer un trabajo concreto. 

Existen otras entidades y espíritus con los que podremos trabajar para que nos ayuden en la hechicería, especialmente aquellos que localmente tengan fama de asistir en ese sentido, normalmente a cambio, por supuesto, de un pago. En mi zona, por ejemplo, las Bones Dones eran espíritus que asistían a menudo en prácticas de adivinación y hechicería popular. Existen divinidades y espíritus como Hécate, Diana o el Diablo folklórico que tienen reconocimiento en este aspecto, y otros espíritus más anónimos, como los espíritus de las encrucijadas o los cementerios, que también llevan implicados en la hechicería popular desde la más remota antigüedad. 
En todo caso, es importante trabajar una buena relación con aquellos con los que queramos colaborar habitualmente, y llegar a un acuerdo con aquellos a los que pedimos ayuda de forma puntual, ofreciendo un pago por su intervención. 

Podría alargarme mucho más hablando de esto, y tengo la sensación de que a cada artículo que escribo se me abren un montón de vías secundarias de las que querría hablar en mayor profundidad... Así que bueno, iremos poco a poco, ¡como por fascículos!
Si hay algún tema tocado superficialmente en este artículo del que os gustaría conocer más y del que yo pueda hablar con conocimiento de causa, dejádmelo en los comentarios :) 

¡Espero que os haya gustado mucho!

Comments

Acabo de leer el artículo y me parece genial todo lo que comentas.Personalmente tengo un conflicto en cuanto a autoconfianza,esto en base a que de forma natural tengo mucha conexión con los planos espirituales y de hecho aveces no siento que ni siquiera necesite entrar en un estado alterado de consciencia para por ejemplo comunicarme con los espíritus o canalizar información,el problema esta en que he estudiado muchas técnicas para llegar al trance y para canalizar y lo que antes me era fácil ahora me lo autocomplico pensando que talvez si no hago todos esos procedimientos talvez solo me lo estoy imaginando y eso ha hecho que pierda algo de lo fácil que se me hacia conectar con otros planos y sus espíritus,no se si me doy a entender.Que consejo me podrías dar con ello? Para recuperar esa confianza y dejarme fluir 🙏🏻 En cuanto a los espíritus aliados siempre han sido muy importantes en mi práctica,los considero mi familia espiritual y siempre me han apoyado tanto en lo mágico como en la vida.He tenido experiencias muy bonitas con ellos. Gracias por este completo,acertado y muy bien expresado artículo.🖤

Más que justificado y es algo que es necesario plantearse! Me parece lógico y responsable que no quieras hacer cosas así sin tener claro el panorama, yo también soy cauta. A ver si puedo ir aportando algunas cosillas por aquí que sirvan!

A mí, sinceramente, todavía me da un poco de yuyu eso de tratar con deidades y espíritus que no conozco de nada jajaja. No sé si existen otras alternativas en las que no implique a entidades o que, si las implico, exista algún modo de saber elegirlas bien; vaya a ser que invoque a un tío raro del Otro Lado xdd.


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