Septiembre es un mes movidito. Termina el verano y las vacaciones, y aunque la naturaleza no siga exactamente el mismo proceso, en nuestra cultura se trata casi de un nuevo comienzo: empiezan las clases, volvemos al trabajo, nos apuntamos al gimnasio... Si hemos descansado durante el verano, lo pillaremos con ganas, pero a veces no es tan posible darnos el tiempo de reposo que requiere un reinicio de este calibre y nos encontramos delante de una vorágine en la que se supone que deberíamos tener energías renovadas pero estamos cansados, sin tener claro lo que vamos a hacer y con asuntos sin resolver (¡y aquí me incluyo, socorro!). Parece que lo de cosechar los campos y dejar el trabajo terminado, descansar y emprender las nuevas tareas para preparar el invierno se nos ha quedado lejos en la vida moderna, y en un momento en que las actividades estacionales se han disuelto mucho y nuestro calendario es mucho más estático, cuesta compaginar nuestros ciclos naturales con los de la sociedad.
¡Así que ánimo, que vengo a plantearos un poco de trabajo interno que nos ayude a integrar la energía de este mes y a reubicarnos en el ciclo!
Septiembre es un mes de transición entre la mitad clara del año y la mitad oscura, y por ello es normal un poco de sensación de inestabilidad. Es tiempo de transmutar y cerrar la temporada para podernos preparar para el descenso al Inframundo, a nuestras profundidades, a la noche y al reencuentro con los muertos.
Al igual que análogamente sucede con la luna menguante, el otoño es la temporada de integrar lo acontecido en nuestra fase creativa-luminosa, hacer balance y despojarnos de aquello que ya no necesitamos. Por ello, una actividad que recomiendo mucho es hacer una limpieza de nuestro espacio y reordenar nuestras cosas, algo que nos llevará también a un proceso de limpieza y reordenación interno.
Para integrar y antes de hacer muchos de los rituales típicos de otoño, creo que es necesario prepararnos mediante un proceso de reflexión. En primer lugar es necesario reconocer, por lo que os invito a dedicar un rato a apuntar todo aquello importante que ha acontecido en nuestra vida desde el comienzo de la etapa luminosa en primavera. Algunos aspectos que personalmente valoro y os recomiendo apuntar son:
Siguiendo el proceso de integración, me gusta trabajar desde la consciencia de la reflexión anterior aquello que agradezco. El agradecimiento es una herramienta muy poderosa para contrarrestar nuestro sesgo negativo y centrarnos más en los aspectos positivos de nuestra vida, y ser agradecidos predispone a aquellos que nos han ayudado a seguir estando a buenas con nosotros y teniendo una relación favorable. Así que:
Tras reflexionar o hacer una lista con estos agradecimientos, te recomiendo que se los comuniques a aquellos a los que agradeces. Si es a tus dioses o espíritus, enciéndeles una vela y díselo en el altar. Si es a tu familia, amigos o alguien en particular, invítale a tomar algo y dales las gracias. Puede dar un poco de vergüenza sacar el tema de buenas a primeras si no sueles hablar con estas personas de tus sentimientos, pero aunque te de apuro recitarles lo que les agradeces, puedes al menos hacerles saber que te apetece invitarles a algo o tener un detalle con ellos porque les valoras y estás feliz de que estén en tu vida.
Y sobretodo, es muy importante que te des las gracias a ti. Con lo exigentes que somos con nosotros mismos hoy en día y lo que tendemos a desmerecer nuestros méritos, qué menos que dedicarnos un rato a tomar consciencia de nuestro amor hacia nosotros mismos y tener un detalle con nosotros mismos. Si te apetece, puedes agradecerte obsequiándote con algo que te guste, que no tiene por qué ser material. Tanto puede ser un libro que esperabas para comprarte como un paseo por tu lugar favorito.
Tras el agradecimiento, otro aspecto que es también interesante tocar en esta transición entre una mitad del ciclo y la otra es aquello que tenemos que dejar ir, cerrar o despojar de nuestra vida. Puedes plantearte las siguientes preguntas:
A veces, la misma inercia de haberle dedicado mucho esfuerzo, trabajo, dinero o energía a algo nos hace quedarnos atrapados en ello aún cuando ya no funciona, sin plantearnos realmente si vale la pena seguir entregándole recursos. Por eso, es importante no dar por sentado que las cosas tienen que ser de la forma en que lo hemos estado haciendo, sino plantearnos si estamos en el camino que de verdad queremos estar. Desde esa consciencia, quizá veamos que es necesario hacer cambios o cerrar asuntos pendientes, o quizá logremos reencontrar fuerzas para lo que sí nos movía, pero para lo que habíamos perdido el norte o la motivación.
En el caso de las cosas que tras esta reflexión sí queramos seguir tirando adelante, es bueno que le demos una buena revisión a qué es lo que está fallando y a cómo podemos reinventar o renovar esa energía para dotar de una fuerza o enfoque nuevo al proyecto. Podemos hacer un ejercicio de reestructuración, organizar un nuevo calendario y redactar una lista de ideas para nutrirlo una vez hayamos descartado lo que nos entorpece o dificulta el proceso.
Por contra, habrá cosas que quizá sea mejor cerrar aunque no hayan llegado al lugar que queríamos. Saber rendirse también es importante en esta vida, porque a veces el fin no justifica los medios, y puede no valer la pena seguir en algo que nos está trayendo más malestar, dificultades y problemas que beneficios aunque exista una posibilidad de que las cosas mejoren. No siempre fructifica materialmente todo, pero sí que todo nos enseña lecciones, lo cual es un fruto en cierto modo. Por eso, tras valorar qué situaciones se plantean como este caso, te invito a pensar en cómo puedes hacerte a la idea de dejarlas ir. A menudo, simplemente reconocerlo y afirmar que das por terminado ese proceso y agradeces lo que te ha proporcionado ya es un gran paso. Agradecer sus lecciones es una buena forma de mentalizarte de que te ha dado una culminación y ha terminado su proceso, y puede facilitarte dejar ir.
Cómo veis, muchas veces trabajo mucho más mediante la refiexión de forma previa a un ritual que en el ritual en sí, pero creo que es importante porque si no hemos reconocido todo lo que hace falta y movido nuestros engranajes internos para aceptar el resultado del ritual, difícilmente este podrá tener un resultado efectivo y duradero. Si pedimos despojarnos de algo pero no estamos preparados para dejar ir, difícilmente nos servirá declararlo en un ritual, porque no tendremos la intención y la voluntad suficiente para que se vaya.
Así que después de un buen trabajo de procesamiento interno, hacer un ritual sí es una gran forma de dar un empujón y marcar con solidez el punto que deseamos manifestar o integrar. En mi caso, los rituales que me gustaría hacer en este mes, en relación con todo lo anterior y por si os sirven como idea, son los siguientes:
Así que espero que esta reflexión de entrada al otoño os guste y os de ganas de poneros manos a la obra. Como es de bien nacido ser agradecido, no hay mejor momento que este para daros las gracias por vuestro apoyo incondicional. Os mando un abrazo bien fuerte y con muchas ganas de que esta entrada a la oscuridad os vaya estupendamente!