DESVELANDO SECRETOS: Primeros encuentros - Samuel POV
Added 2024-11-16 14:05:01 +0000 UTC
- ¡Samuel! ¡Estoy aquí! - gritó Emma, moviendo los brazos con demasiada efusividad desde el final de la cafetería.
Hacía muchos años que conocía a Emma, y no entendía bien cómo podían ser amigos siendo tan diferentes el uno del otro. Pero, precisamente, eso era lo más entretenido. Emma le ofrecía charlas interesantes, aunque a veces demasiado siniestras para su gusto, y Samuel se había convertido en su soporte técnico y proveedor de datos frikis. Y eso último era justamente para lo que le había llamado esa misma mañana.
Sabía que una amiga de Emma necesitaba ayuda con su ordenador, pero no tenía mucha más información. El misterio le había tenido toda la mañana con ganas de terminar las clases para poder ir a la cafetería y ponerse a trastear con el aparato hasta saber qué le pasaba. Pero toda esa emoción desapareció en un instante al ver a la acompañante que estaba sentada junto a Emma. Oh, no. Su amiga… es muy guapa.
- ¡Hola Samu! ¿Quieres beber algo? - preguntó Emma, sonriendo alegremente. Samuel intentó devolverle la sonrisa, pero tan sólo pudo ofrecerle un gesto al más puro estilo “estoy secuestrado y no puedo decirlo en voz alta”-. Ah, espera, primero las presentaciones. Samuel, ella es la persona que te comenté que...
- Sí, la persona con problemas. Problemas con el ordenador, quiero decir. No problemas mentales, ni psicológicos, ni nada de eso. Que no es que yo piense que está mal tener ese tipo de problemas…
¿Pero por qué no puedo parar de hablar? Necesito un médico. Algo me pasa. Emma, detectando los nervios de Samuel, se rascó la frente y abrió la boca para hablar, pero la chica “con problemas” se le adelantó. Para sorpresa de Samuel no sonó molesta por su comentario, sino más bien todo lo contrario.
- Sí, tengo muchos problemas, pero por el momento empecemos por solucionar éste – dijo, riendo a la vez que señalaba el ordenador portátil que tenía sobre la mesa-. Me llamo ______. Encantada.
- Samuel. Aunque todos me llaman Samu.
- A pesar de que ahora mismo no lo parezca, entiende mucho de aparatos y esas cosas. Te lo prometo – Emma, tras guiñarle un ojo al chico, señaló la silla libre que había frente a ellas, invitándole a que tomara asiento-. Yo vuelvo en un momento, ¿vale? Id hablando del asunto del ordenador, a ver si tiene solución.
- ¡¿Te vas?! - exclamó Samuel, y al notar lo desesperado que sonó al decir eso, añadió-. Ejem… Sí, claro. Sin problema…
Tratando de aparentar ser un tipo serio y entendido, y no un cervatillo deslumbrado por las luces de un tráiler a punto de atropellarle, Samuel carraspeó y se recolocó las gafas, intentando evitar por unos segundos el contacto visual con la chica. No es que se le diese demasiado bien eso de relacionarse con el sector femenino, pero ese día estaba decidido a tener más confianza y a evitar ponerse tan nervioso.
- ¿Puedo? – preguntó, antes de tocar el ordenador. La chica asintió con una sonrisa-. Si es algo rápido puedo solucionarlo ahora. Pero sino, tendré que llevarme el ordenador a casa… ¿Te importa?
- ¡Claro que no! Puedes llevártelo, es todo tuyo - respondió ella.
Vale. Hora de averiguar qué le pasa al bicho. Concentración. Samuel inspeccionó el ordenador punto por punto y, tras unos minutos de silencio, estuvo casi seguro de lo que le pasaba. Efectivamente, era algo que no se podía solucionar en un rato en la cafetería.
- ¿Cuál es el diagnóstico, doctor? - preguntó ella, rompiendo el silencio y haciendo que él levantase la vista hacia ella-. ¿Necesita ingreso en su hospital?
- Me temo que sí… Necesito operar y tengo las herramientas necesarias en casa – explicó, sintiendo un poco de vergüenza al continuar su analogía. De forma nerviosa, se rascó la nuca, sin poder evitar que todas las posibles soluciones al problema empezasen a agolparse en su mente-. Te lo devolveré en cuanto lo tenga listo. Estoy casi seguro de saber qué le pasa.
- Perfecto. ¡Por cierto! Me ha dicho Emma que vivís en el mismo barrio – dijo ella, pillando a Samuel desprevenido. ¿Cuánto le habrá contado Emma de mí?-. Si algún día visito a Emma, podríamos quedar.
- ¡Claro! – accedió él, y temiendo haber sonado demasiado emocionado, carraspeó y cambió un poco el tono de voz-. Cuando quieras. Yo suelo estar en mi zulo tocando cosas. Cosas tecnológicas. No vayas a pensar que tengo un sótano tétrico o que soy el Doctor Jekyll…
-Espero que no – respondió ella entre risas-. Si quieres te doy mi teléfono y así, cuando esté listo el ordenador, me avisas.
- Ah claro. Toma, puedes escribirlo tú misma.
Samuel le entregó su teléfono y la chica introdujo su número. Pero de pronto, algo hizo que ella mirase la pantalla con interés. ¿Qué está mirando? ¿Qué tengo en el teléfono para que lo observe tan atentamente?
- ¿Éste eres tú?
Cuando giró el teléfono y Samuel vio que hablaba de su fondo de pantalla, tuvo ganas de mudarse de país. Efectivamente, el tipo vestido de superhéroe que sonreía a cámara, era él. Tengo que borrar esa foto.
- Ah… Sí, soy yo… Una chorrada que hice con unos amigos… - sabía que ninguna excusa explicaría que estuviese cubierto de licra, pero al menos lo estaba intentando.
- Te queda bien – bromeó ella con una sonrisa divertida, y Samuel notó fuego en las mejillas-. ¿El disfraz lo hiciste tú o es comprado?
No estaba preparado para tener esa conversación con ella sin parecer aún más rarito. Sin saber cómo terminar con todo aquello, Samuel se puso en pie. Lo mejor sería que se fuese de allí lo antes posible.
- ¿Ya te vas? - preguntó algo confundida, levantándose también. Observando la zona por la que había desaparecido Emma, añadió-: No creo que Emma tarde mucho...
- Es que... Tengo clase en unos minutos y no puedo llegar tarde – mintió, echando un vistazo al reloj imaginario de su muñeca y colgándose la mochila del ordenador al hombro. No podía mirarla a los ojos. Odiaba hacerlo cuando mentía-. Por Emma no te preocupes. Hay confianza.
- Entonces espero tu mensaje. Ha sido un placer, Samu.
- Igualmente ______. Nos vemos.
Tras intercambiar con ella una última sonrisa nerviosa y cruzar toda la cafetería, Samuel llegó finalmente al bullicioso pasillo y un suspiro abandonó su boca. No había sido la interacción perfecta que habría deseado, pero al menos había parecido un chico más o menos normal. Si omitimos el tema de las mallas. Lo mejor que podía hacer ahora, era trabajar duro en su ordenador y volver a hablar con ella lo antes posible. Al parecer, Emma no va a traerme sólo dolores de cabeza…