XaiJu
dayo
dayo

patreon


Divagando sobre Space Jam: Nuevas Leyendas

Gracias al trabajo de @guillerikko, este texto tiene opción de "audiolibro".

En un videojuego, si algo no puede pasar, no pasa. A menos que aproveches un exploity, yo qué sé, atravieses una pared. Pero pocas artes hay más precisas que el videojuego; quizá la arquitectura, porque si la cagas se te cae el edificio y todo el mundo muere, pero el medio está compuesto por reglas, condiciones, restricciones. Pasa algo parecido con los algoritmos, que se guían por tendencias de consumo para optimizar los resultados: ver vídeos que te interesen más, hacer click en la página que necesitas, y un larguísimo etcétera. Se puede trastear con ellos, y ahí está el SEO, listo a explotar su funcionamiento, pero son lo que son. Los Looney Tunes son todo lo contrario: siempre recordaré aquella cita que decía que eran el jazz a la música clásica de Disney, y es que su producción es caótica. Las reglas para los Looney Tunes existen para ser humilladas, y crean, subvierten y manipulan como consideran para arrancar una carcajada. La realidad es lo que ellos quieren que sea.

Space Jamiba de eso, de cómo funcionaría un reparto tan estrafalario cuando llegara la hora de jugar un simple partido de baloncesto. Por supuesto, nada iba a ser tan sencillo y el juego no se resolvería con una buena formación, pases precisos y el ocasional alley-oop. Se iba a liar. Los malos harán trampa, pero los Looney Tunes hacen lo que les sale. El baloncesto se convierte en un espectáculo.

Space Jam: Nuevas Leyendas no va sobre baloncesto. No de la misma forma. La premisa original era un giro tontísimo que apuntaba a la aquella naturaleza caótica de los Looney Tunes: vienen los alienígenas a conquistarles y, en vez de convertir esto en La Guerra de los Mundos, Bugs Bunny se la lía y les convence de que la verdadera guerra es el baloncesto. Porque son pequeños. Y torpes. Y gorditos. La antítesis del basket, una clásica jugada. Ahora que tenemos a LeBron James en vez de Michael Jordan, ni siquiera estamos hablando de la realidad: todo ocurre porque una IA llamada Al-G Ritmo (¿lo pilláis?) calcula que un partido de LeBron James acompañado por figuras de Warner Brothers será trendy. Primero que todo, hola, ya hay planes para crear un Al-G Ritmo, y segundo, imagino que tiene razón, porque aquí estamos, viendo la susodicha cinta. Pero tercero y más importante, esto no va de baloncesto. Ni siquiera va de los Looney Tunes.

Va de HBO Max.

El grueso de la acción ocurre en el “servidoverso”, que es exactamente lo que parece: un gigantesco servidor conteniendo todas las propiedades intelectuales de Warner Brothers repartidas en distintos mundos, como si fuesen planetas. LeBron cae en el mundo de los Looney Tunes no sin antes pasar por el mundo Matrix, orbitar la esfera del planeta Harry Potter y surcar el cielo de Juego de Tronos, cuyas ocho temporadas están disponibles en HBO por una subscripción de 8.99€ al mes. Pero la oferta no termina ahí, porque los Looney Tunes ya no viven en su propio mundo sino que están dispersos por el servidor. El Pato Lucas está intentando hacerse un nombre dentro de Justice League Action, también disponible, aunque si te gustan Batman y Superman seguramente estés más familiarizado con La Liga de la Justicia de Zack Snyder. ¿Sabías que la edición Director’s Cut en blanco y negro y 4:3 está en exclusiva en HBO? Igual que Wonder Woman 1984, que es donde ha huido Lola Bunny, o Rick y Morty, que han tenido que convivir con el Diablo de Tasmania. En el partido pueden verse a los protagonistas de La Naranja Mecánica, los Caminantes Blancos de Juego de Tronos, al Gigante de Hierro y, por supuesto, King Kong. A la salida del cine puedes decidir con tu familia cuáles de entre todos estos productos prefieres consumir y en qué orden. Está todo disponible en el servidor, todo gestionado por tu colega, el algoritmo.

Y, no nos equivoquemos, Space Jam era un anuncio con patas. Literalmente la idea nació de un par de anuncios de Nike donde Michael Jordan y Bugs Bunny compartían pantalla, y era una prueba para ver si los Looney Tunes todavía eran relevantes y seguían valiendo algo. Tiene aquél mítico momento en que Stan Podolak abre la puerta y dice: “¡Vamos, Michael, es hora de jugar! Ponte los Hanes, átate las Nike, coge tus cereales, tu Gatorade y compraremos un Big Mac en el camino hacia el estadio”. Pero Nuevas Leyendas lo lleva demasiado lejos. El producto está presente desde el minuto uno y no hay pasión. No hay ardides, trampas, travesuras, un giro emotivo, una transformación, descubrimiento. Bugs Bunny reúne a la plantilla y la acción transcurre. Todo es capitalizado, desde la propia existencia de LeBron hasta el videojuego de su hijo, y la película dedica muchísimo más esfuerzo a hacer que los personajes de Hanna Barbera luzcan bien en el fondo del partido que en animar decentemente a, en fin, los Looney Tunes, los protagonistas. Para ser una película sobre un algoritmo tomando decisiones, es curiosamente algorítmica: los videojuegos ahora son mainstream, hay nostalgia por Space Jam, ahora la gente consume en servicios de pago como HBO Max, así que júntalo todo y tenemos una receta para el éxito. Pero no parece entender el significado tras sus propias palabras. No entiende que ese caos que encarnan los Looney Tunes choca frontalmente con la naturaleza de los videojuegos, donde si algo ocurre de una cierta manera, ocurrirá así siempre. Podría ser divertido ver ese desafío entre dos conceptos antagónicos, que las reglas se los coman con patatas hasta que abusen del sistema. Y sí, las reglas se los comen y sí, abusan del sistema, pero no conocemos las reglas ni sabemos cómo trampean el sistema. Cuando los Looney Tunes entran en psico modo, hacen sus trastadas igual que las hicieron en la primera película. Coyote no se multiplica porque aproveche un glitch; se multiplica porque saca un cacharro de ACME.

Nada se detiene en esta presentación algorítmica, la acción no admite pausas. Space Jam será una película cutre, pero su selección musical puede mirar a los ojos a Tarantino y Scorsese sin parpadear. Si has visto la película, recuerdas sus momentos. Recuerdas la anticipación al partido mientras suena Pump Up the Jam, la energía del montaje en los créditos iniciales al ritmo de Space Jam. Hay un momento en Nuevas Leyendas donde hacen creer que Michael Jordan va a venir a salvar el partido, pero no, tienen que conformarse con Michael B. Jordan. Un chiste tan bueno no merece estar en una película tan mala, pero apunta a lo que falta aquí. Pasión. Energía. Ahí lo que ocurra importa, puedes ver el brillo en los ojos de los personajes y cómo esa llama se apaga en cuanto descubren la decepción. El resto es un proceso: las cosas son así, los personajes son estos, pasa tal y luego cual. Suena un remix de Pump up the Jam de fondo, pero no llaman la atención sobre él. Tampoco suena muy alto. Parece un huevo de pascua.

Space Jam: Nuevas Leyendas es una película fascinante para analizar, abrirle las tripas y ver qué la mueve, porque ahí está, el capitalismo funcionando con fría precisión. Heme aquí, hablando de esta película que he ido a ver pagando mi dinero. El resto son detalles. Lo crucial es el titular, la escena meme, a Elmer y Silvestre en Austin Powers, y da igual el por qué. Podría haberse hecho algo increíble con este material, pero algo increíble daría el mismo dinero en taquilla. Nuevas Leyendas es, en sí misma, un “servidoverso”, la galaxia cinematográfica que demuestra el poder de Warner Brothers y todas aquellas cintas que forman parte de su familia. Ahí están, viendo el partido, igual que tú. Nada de esto es real. Ese ni siquiera es el auténtico Bugs Bunny: es una proyección digital de alguien que, canónicamente, vive bajo tierra. Bits que se apoyan en bits para crear una experiencia. Y si no te ha gustado, tranquilo, seguro que podemos ofrecerte algo mejor en el servidor.

Comments

Mierda, es una frase muy buena

Dayo

No hay ardides, ni Adidas. Hay Nike.

Fernando Viñas Martins


More Creators