Análisis de Mula
Added 2019-04-09 09:58:51 +0000 UTC
En la que probablemente es la escena más famosa de Gran Torino, Walt Kowalski se impone sobre un grupo de afroamericanos que está molestando a Sue, la primogénita de la familia hmong que vive junto a él. “¿Qué tramáis, morenos?” es una frase icónica que, vista desde lejos, podría verse simplemente como una señal del racismo de Walt, y sí, es un cabrón racista, pero uno de los temas principales de Gran Torino es las etiquetas que componen los EE. UU. No hay un solo “americano” en toda la película: Walt es polaco y Martin, su barbero, es italiano. La nación está compuesta por gentes de una miríada de orígenes que conviven y comparten sus tradiciones, y a pesar de que con el tiempo he empezado a verle trazas de “salvador blanco”, aún la considero la última obra maestra de Clint Eastwood, porque aquella escena es más que Walt mareando la perdiz a unos pandilleros. La escena de aquél “qué tramáis morenos” termina cuando, finalmente, Walt saca una pistola para conseguir que dejen en paz a Sue. De nuevo, contrastes: una mirada superficial presenta a Walt como un valiente que no se amedrenta, el tipo duro que puede con todos y no teme a nadie. Un análisis más profundo revela aquél momento como un lamento sobre la masculinidad tóxica: tanto los pandilleros afroamericanos como los gangster hmong han construido una cultura de la agresión en torno a una visión deformada de lo que significa ser hombre, y las discusiones terminan cuando se dispara la última bala y cae el último cadáver. Walt demuestra que es más hombre que todos ellos no por coger el M1 Garand y coserles a tiros sino por saber que la violencia sólo llevará a más violencia. Es a través del sacrificio, dejando que la ley actúe, que Kowalski encuentra la redención. Lo que le define es su resolución y sus recursos, el saber mantener su casa funcional sin necesidad de nadie y vivir en paz. Cuando le da una paliza a alguien, lo hace por rabia y miedo y no tarda en ver las consecuencias de su error.
Mientras tanto, en Mula hay una escena en la que Earl Stone, el anciano que interpreta Clint Eastwood, detiene su coche para arreglar el de una familia afroamericana en medio de la carretera. El padre no tiene cobertura en su móvil, así que da vueltas por el desierto sin saber qué hacer, y su esposa le mira con reproche cuando ve que aquél viejecillo que está arreglando su vehículo suelta un par de frases racistas. Las tornas han cambiado: Eastwood ahora interpreta a un racista sin segundas lecturas, y es un hombre porque pisotea y emascula a los demás, mostrando que si no sabes sobrevivir por ti mismo, mereces ser humillado. Es cierto que Gran Torino tenía un mensaje similar y Thao, el joven hmong, no era validado hasta que aprendía a confiar en sí mismo y manejaba herramientas, reparando y trabajando incluso bajo la lluvia, pero al menos tenía la decencia de venderse desde la inspiración y no el desprecio. Mula abre con Earl hablando en español con sus trabajadores latinoamericanos, quienes sólo funcionan como mano de obra o traficantes de droga en esta película, y continúa con él perdiendo su negocio porque no ha sabido competir con internet. Es una película que huele a viejo, a un Walter Kowalski irredento hablando sobre “los jóvenes de hoy en día”.
Pero hay más en Mula aparte de la torsión y ruptura de lo que Eastwood y, sorprendentemente, el mismo guionista Nick Schenk habían creado en Gran Torino. La historia, decía, es la de un tal Earl Stone, un anciano que lleva dedicando toda su vida a las flores y, en efecto, es un hombre de éxito: recibe premios y adulaciones de todos los miembros de su campo y hay tanta gente ansiosa por echarle dinero a la cara que, llegado a un punto, todo lo que ve son manos agitando billetes. Pero el tiempo pasa, llega internet y el pobre Earl lo pierde todo para darse cuenta de que ni siquiera su familia le quiere: su obsesión por el trabajo le ha llevado al divorcio y a omitir bodas, bautizos y todo tipo de eventos familiares. Pero la buena fortuna quiere que, a pesar de que apenas pise la boda de una de sus nietas, un latino le vea y le haga una oferta: si necesita dinero, puede hacer de transportista.
Este es el primer fallo de Mula: su extraño ritmo y diégesis. Nos dicen que la historia está basada en hechos reales, pero Earl de pronto recibe una oferta de un desconocido que no tiene motivo alguno para fijarse en él y, cuando llega al garaje en mitad de ninguna parte donde le darán el material a transportar dentro de una bolsa en absoluto sospechosa, se encuentra con un grupo de latinoamericanos armados, uno de ellos con un fusil de asalto, hablándole agresivamente sobre no llegar tarde, no mirar lo que está llevando y realizar la transacción con un teléfono de usar y tirar.
Me pregunto de qué marca serán las chucherías que han puesto en su coche.
Mula es una película sobre un hombre que, al encontrarse frente al abismo, empieza a ganarse la vida traficando con droga. Es Breaking Bad con cocaína y sin cáncer, pero tratándose de semejante premisa no hay apenas intriga o tensión; los repartos son en su mayoría tranquilos y la investigación que la DEA lleva en paralelo se trata con terceros, personajes que desconocemos y ya llegarán algún día a atrapar a Earl si es que se da el caso. Aquella intriga familiar se ve resumida a unas pocas escenas en las que el anciano intenta fingir que todos estos años de ausencia no han ocurrido y no entiende por qué nadie quiere hablar con él, pero lo que le mueve a seguir moviendo droga no es que se autoengañe diciendo que lo hace todo por su esposa y sus hijas, sino que ayuda a su comunidad a reparar edificios rotos. No hay un momento de catarsis y liberación, aquél “se me daba bien” que revele la mentira tras las excusas, sino que de principio a fin Earl es presentado como un buen hombre, un incomprendido que merece nuestra simpatía a pesar de que la película abra mostrándole como un triunfador y que nos tienen que explicar que no sólo falta a la boda de su primogénita sino que nunca ha estado ahí en los momentos más importantes. Kowalski tenía escenas de búsqueda en los que esculcaba hablando con su hijo por si acaso encontraba un hombro sobre el que llorar, pero no había nada al otro lado de la línea. Le veíamos padecer y comprender a los hmong que vivían junto a él, hablar con Sue y Thao en momentos íntimos.
Mientras tanto, en Mula hay una escena que consiste en un traficante mirando con envidia a Earl, quien está a punto de llevarse a la cama a dos mujeres con las que ha ligado en las inmediaciones de su motel. Lo siento, se me ha metido algo en el ojo.
Entrando un poco más en Breaking Bad y la presentación de Earl, no había ninguna duda de que lo que estaba haciendo Walter White era malo: fabricaba y traficaba con cristal, y la serie no se echaba atrás a la hora de presentar el rastro de junkies que dejaban atrás, que todo esto tenía consecuencias y que el propio Jessie era un drogadicto cuya vida se había roto en mil pedazos por culpa del consumo. Earl es un transportista de cocaína y llega a ser el mejor de todo el cartel, moviendo cientos de kilos en un solo viaje y haciendo aún más asquerosamente ricos a sus patrones, pero a Mula le da igual los males intrínsecos a la droga. Si quieres cometer el error de esnifar coca, adelante, allá tú, pero Earl es un viejecillo inocente. Ocurre lo mismo con su patrón, que se presenta como un buen hombre, uno comprensivo que le ofrece prostitutas para celebrar los muchos millones de dólares que está ganando gracias a él. Y Earl las acepta.
Perdón, decías algo sobre que la familia es importante, debo haberme despistado.
Los cambios en Mula no ocurren porque la DEA esté más cerca de cazar a Earl o porque él comprenda que está haciendo algún mal o porque reflexione sobre su posición respecto a su familia. El giro llega porque los traficantes latinoamericanos son malos y uno no puede fiarse de un mexicano; los pandilleros se vuelven agresivos y el pobre Earl, bendita sea su alma, debe seguir traficando aún más cocaína para ganar aún más dinero si no quiere tragar plomo. Los males llegan porque los latinos se ponen chulos con él, dicen que quieren matarle a pesar de que sea tan buen transportista de cocaína, porque no le dejan vivir la vida y disfrutar de una parada en el restaurante que sirve el mejor cerdo mechado de todo el Medio Oeste estadounidense. Nada malo ocurre de manos de un estadounidense: todo es culpa de esos malvados latinos. La gente honesta de los Estados Unidos de América sólo quiere ganarse el pan para ligar en paz y, mientras tanto, hay treintañeros desesperados por demostrar que quieren ser hombres y por eso no le dejan vivir a un pobre anciano su vida y hacer las cosas como él quiere.
No sé qué ha ocurrido.
Clint Eastwood habló hace años sobre cómo no quería seguir demasiado tiempo haciendo cine, que temía ser un boxeador que no sabe rendirse. Mula apunta a que quizá haya llegado el momento. Gran Torino era importante porque respiraba madurez y serenidad: el hombre que había interpretado a Harry el Sucio nos estaba diciendo que había que creer en la ley, el hombre que había dado vida al hombre sin nombre se miraba las manos y, al verlas manchadas de sangre, decía que no siguiéramos sus pasos. Pero ahora el mismo hombre que hizo Banderas de Nuestros Padres y Cartas desde Iwo Jima ha dirigido El Francotirador, y después ha contrarrestado Gran Torino con Mula. Clint Eastwood empieza a parecer un anciano que tiene miedo del futuro, de lo distinto, y que prefiere pensar en “los buenos tiempos”, fueran cuales fueran, mientras dice que lo suyo eran hombres de verdad. Su cine es ahora más masturbatorio que reflexivo, inconsciente por conveniencia y cerrado de miras. Has tenido una carrera fructífera y llena de grandes cintas, Clint Eastwood. Quizá sea hora de bajar del ring.
Comments
No lo había visto desde ese punto de vista. Haciendo el contraste con el Gran Torino se puede ver que Clint Eastwood se aferra a lo que él considera el buen cine o la mejor manera de reflexionar acerca del tiempo que pasas con tus hijos o demás parientes; mientras que a vista del público, siendo nosotros, se ve cómo un intento fallido de Clint queriendo ser el Clint del 2008. Se tendrá que ver otra vez la película para darse cuenta de esos detalles. Gracias, Dayito.
Dion García
2019-04-11 20:20:22 +0000 UTC