Abrimos con yoga las actividades después la marcha. Aprovéchanos que el cuerpo venia caliente de la caminata para estirarnos e hacer consciencia corporal. Al principio sentí incomodidad por la cantidad de gente tan cerca de mi que estaba vestida pero poco a poco se me fue olvidando y viendo cuánta gente estaba atenta a la clase. Terminamos con mucha energía pero acostados en silencio volví a sentir esa mirada persistente de la gente curiosa.
Intenté mantenerme positiva durante la jornada y evitar los límites del parque para no enfrentarme a esta situación de nuevo, pero era un hecho no me divertí en esta edición. Entre el cansancio, y las fotos que piden conmigo todo el tiempo no fue agradable el tiempo ahí.
Lo que sí disfruté mucho fueron las entrevistas que hice a las pocas mujeres que estaban en el parque, acercarme a gente nueva que llevaba a sus mascotas e intentar comunicarme con los extranjeros que nos acompañaron durante toda la jornada, instantes pequeños pero muy gratificantes. Y como organizadora me quedo en el, como cambiaría esto? Tal vez regresando a Chapultepec!