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Lágrimas de San Lorenzo: lluvias de estrellas y culto tradicional al sol y al fuego. Integrando en la práctica la mitad del verano

¡Buenos días a todos!

Todos sabéis que tengo en enorme consideración la estacionalidad de la práctica espiritual y su vínculo con los ciclos naturales y tradicionales del entorno. Comencé con el tema al descubrir la rueda del año en mis inicios en el paganismo y con el tiempo transité a conmemorar el ciclo con expresiones más autóctonas y personales. Dentro de este trabajo, además de estudiar, reivindicar y celebrar las festividades tradicionales más importantes, disfruto también mucho de descubrir otros eventos naturales estacionales que han sido recogidos por el pueblo en sus costumbres, celebraciones o mitos en menor medida. Muchos de ellos, por su carácter más simple y humilde o por ser celebraciones paganas antiguas ya olvidadas, se han ido perdiendo mucho, pero si se presta la ocasión, me gusta dedicarles un pequeño homenaje en mi propia práctica.

En esta ocasión vengo a hablaros de las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo, un fenómeno astronómico que suele producirse alrededor del 10 de agosto, día de San Lorenzo, (aunque este año podremos observarlas las noches del 11, 12 y 13 de agosto) y más allá de ellas, de esta jornada y su relación con los cultos solares y al fuego del verano en la península Ibérica.

Las Lágrimas de San Lorenzo son una lluvia de meteoros producida por el paso de la Tierra por la estela de residuos dejada por el cometa Swift-Tuttle, que en su órbita alrededor del sol desprende tras de si partículas de polvo que lucen como estrellas fugaces al entrar en nuestra atmósfera. En apariencia, dichas trazas luminosas parecen irradiar de la constelación de Perseo, lo cuál les ha otorgado su otra denominación: perseidas.

En la mitología griega, Perseo es el héroe que decapitó a Medusa, y que nació fruto de que Zeus se convirtiera en una lluvia dorada que cayó sobre la recluida Dánae, con lo que también este mito conecta al héroe con la lluvia de estelas a las que da nombre.


Dánae, Gustav Klimt

Las perseidas han sido observadas desde la más remota antigüedad, y a partir de la instauración del catolicismo su observación quedaba tradicionalmente englobada en las celebraciones del día San Lorenzo.

San Lorenzo es un santo español (su nacimiento se suele ubicar en Huesca, dónde su fiesta es aún muy celebrada) reconocido por haber guardado los tesoros de la Iglesia y, ante la negativa de entregarlos al César de Roma, haber sido martirizado siendo asado vivo en una parrilla[1]. La relación del santo al evento astronómico del que hablamos es que las estelas que pueden ser vistas en el cielo durante estas noches son supuestamente las lágrimas del santo o las chispas del fuego que le abrasaba, que conmemoran cada año la víspera de su tortura.

Si bien el santo tiene una estrecha y evidente relación con el fuego por su martirio, dicha relación puede extenderse y comprenderse mejor entendiendo también que su fecha conmemorativa coincide con el punto álgido del verano, el momento en el que el sol arde con más fuerza de todo el año en el hemisferio norte. De hecho, en España, el punto de inflexión de las temperaturas estivales suele rondar su jornada (entre el 5 y el 12 de agosto), y popularmente se suele decir que San Lorenzo es el día más caluroso del año[2]. Ello hace que no sólo se celebre en su día el elemento ígneo por motivos católicos, sino por la observación del mismo ciclo natural en este momento del año, recogiendo toda una serie de creencias y costumbres mágicas paganas alrededor de esta fecha.


De hecho, resulta muy curioso cómo la celebración del día de San Lorenzo es tan cercana a las fiestas conmemorativas del pancéltico dios Lug, que por diversos lugares de Europa se sitúan a principios de agosto. Grandes ejemplos de ello son el Lughnasadh gaélico y una celebración a todas luces equivalente recogida en el calendario galo de Coligny. Además, el santo reúne en sus atribuciones populares claros aspectos ígneos y solares del mismo modo que los que posee Lug (dios, por cierto, muy presente en territorio ibérico), otorgando incluso su propio nombre al Sol; ¿quién no ha oído de pequeño que el Sol se llama Lorenzo? Todo ello induce a plantear que las fiestas de San Lorenzo y el santo en sí sincretizaran ciertos elementos de las celebraciones precristianas de mitad de verano y de sus dioses solares centrales como el mencionado.

En todo caso, veamos algunos de estos elementos mágicos interesantes.

Algunas tradiciones del día de San Lorenzo

Esta es una jornada en la que en todo el territorio español se han llevado a cabo prácticas rituales para la protección contra los incendios. Por ejemplo, aquellos que se dedicaban a oficios relacionados con el fuego creían que si libraban la jornada para dedicarla a San Lorenzo, estarían inmunizados de incendios y evitarían que el fuego estropeara su trabajo durante un año[3]. En municipios como Puerto de Béjar, esta madrugada se colgaban ramas de higuera en las puertas de los domicilios con el mismo fin, guardándose luego en el interior de las casas para el resto del año[4]. En Cataluña, era costumbre que en todos los hornos y obradores de oficios que involucraran el fuego se renovara la estampa de san Lorenzo que se clavaba tras la puerta como amuleto contra este elemento[5].

Otras costumbres mágicas relacionadas se establecían alrededor de la búsqueda de amuletos que sólo podían ser hallados en este día y servían para este mismo fin. Ejemplos de ello son los carbones de la hoguera del santo, supuestas pequeñas brasas que debían encontrarse escarbando en la tierra durante este día[6], o las piedras de san Lorenzo, unas piedras blancas de igual función que se buscaban en la Ribera del Ebro y se colocaban en la fachada de las casas tanto para evitar el fuego del cielo (los rayos) como de la tierra[7].

También se preparaba en este día el aceite de hollín, un preparado de la medicina popular casera dispuesto para curar las quemaduras. Se aprovechaba la jornada para limpiar las chimeneas y lumbres y utilizar ese hollín para realizarlo, puesto que en este día tendría mayor virtud[8]. El hecho de limpiar los lugares del hogar dedicados al fuego podría tratarse precisamente de parte de un culto o reverencia al mismo, complaciendo así a su espíritu o divinidad y propiciando su buena colaboración para el resto del año.

El fuego ha estado enormemente presente en esta víspera, como todavía puede contemplarse en la fiesta de los Fuegos de San Lorenzo canaria o en las fiestas patronales de Huesca (en honor a este santo), que comienzan precisamente con el lanzamiento de un cohete. Antaño, por todo el territorio español eran frecuentes las hogueras en esta víspera, y las prácticas apotropaicas en ellas como realizar cruces sobre las cenizas, danzas y representaciones del martirio del santo.

Celebrando la mitad del verano

Regresando a nuestros días, el artículo de hoy traía la idea de disfrutar de las Lágrimas de San Lorenzo y de conmemorar este momento del ciclo anual quizá algo olvidado si no celebramos la fiesta de Lughnasadh por resultarnos ajena a nuestra cultura. A continuación, os traigo los aspectos principales que en lo personal he considerado interesantes puntos de reflexión e integración del ciclo, y algunas actividades que podéis llevar a cabo con ellos.

Como decíamos, el punto de inflexión del verano suele situarse alrededor del día de San Lorenzo. Para aquellos que no llevamos demasiado bien la estación calurosa, este es un momento de regocijo: sí, estamos en el punto más caluroso, pero a partir de aquí el verano comienza su descenso hacia el otoño. En lo personal, noto con mucha claridad este impás en la energía del ambiente: el verano ha madurado. Quizá es un cambio en la brisa, que parece que anuncia las próximas tormentas de final de verano, o el sol, del que ya no gobierna tantas horas como a comienzos de la estación, o que de alguna forma los muertos empiezan a estar más presentes en mi pensamiento sin saber por qué. Puedes prestar atención estos días a percibir si notas algún cambio tú y tomar conciencia de ello.

El campo está seco y yermo, ya terminado su ciclo, abrasado por el implacable astro. Este momento del año no representa para mí el verano fructificante, sino su faceta madura: la luz, el calor y el sol que ya no hacen crecer sino que destruyen, esterilizan y calcinan, produciendo una profunda depuración que purga con dureza el ciclo. Sólo aquello de gran resistencia soporta la exposición al fuego celeste, pero este es un fuego alquímico que lleva a una sublimación. Esta mitad del verano no llama a la productividad, sino a la disolución y la desintegración, a ceder ante el poder de este momento del ciclo. Estoy segura de que no soy la única a la que le resulta más difícil que nunca concentrarse y producir.

Por todo ello, puede resultar interesante llevar a cabo una pequeña celebración que conmemore este punto de inflexión e integre esta energía de muerte blanca. Este año yo lo hice en un megalito, porque la crudeza de la piedra y su conexión con los ancestros me parecieron elementos que me inspiraban este proceso de combustión de todo hasta llegar a la pureza de lo primitivo, al hueso. Dejé una ofrenda de frutas de temporada y un sacrificio de unas gotas de mi sangre a través del cuál depurar todo aquello que debía. Puedes llevar a cabo los ritos de purificación y destierro que consideres, sobretodo aquellos relacionados con hacer limpieza doméstica e involucrar fuego o cenizas.

Por otro lado, si estás especialmente improductivo, te cuesta concentrarte o incluso conectar a nivel espiritual, entiéndelo como parte de la dinámica energética del momento. A veces darse un respiro de las actividades espirituales permite una depuración necesaria, una toma de perspectiva cuando se regresa a ellas y una actividad espiritual en sí misma. A mi la pausa durante este momento del año me sirve para tomar fuerzas y nueva visión para el ajetreo espiritual que supondrá el otoño.

Es un buen momento también para integrar la importancia del fuego y trabajar con él. Podemos llevar a cabo amuletos tradicionales como los vistos o conmemorar de alguna forma al elemento, ya que más que probablemente este esté muy presente en nuestra práctica espiritual e incluso en nuestra vida a lo largo del año. Podemos agradecerle su presencia y reflexionar sobre sus múltiples dones y atributos, desde la destrucción, la iluminación, la purificación, el calor que otorga vida, la transmutación… Para esto, propongo un rito muy sencillo: enciende una vela de noche, preferiblemente en algún lugar seguro pero al aire libre, y observa la llama. Reflexiona con ello sobre estos atributos y todas las demás ideas que el fuego te sugiera. También puedes aprovechar este momento para trabajar mágicamente con símbolos y hierbas solares.

Y finalmente, te propongo que esta noche o la de mañana busques algún lugar al aire libre, lejos de la contaminación lumínica, y pases un rato observando las lágrimas de san Lorenzo y celebrando este momento. Quizá incluso puedas darles un sentido en tu práctica más allá de la contemplación, y llevar a cabo alguna práctica oracular (por ejemplo, pedir respuesta a una pregunta y esperar respuesta afirmativa si ves una estrella fugaz en los 5 minutos siguientes), mágica (pedir deseos) o integrativa (las perseidas son “polvo” cósmico que entra en combustión en la atmósfera, algo que puede asemejarse a una purificación mediante el fuego de la “suciedad” que nos rodea).

Sin más, espero que os haya gustado este pequeño artículo y os haya hecho descubrir un poco más los ciclos de nuestro entorno y nuestras tradiciones. ¡Disfrutad de las estrellas!

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[1] Durán Gudiol, «San Lorenzo, arcediano de la Santa Romana Iglesia y mártir».

[2] Machado, Biblioteca de las tradiciones populares españolas.

[3] Amades, Costumari Català: el curs de l’any.

[4]https://www.lagacetadesalamanca.es/hemeroteca/retorno-magico-amanecer-san-lorenzo-DSGS245372

[5] Amades, Costumari Català: el curs de l’any.

[6] Machado, Biblioteca de las tradiciones populares españolas.

[7] Amades, Costumari Català: el curs de l’any.

[8] Amades.

Comments

😱😱😱 Aunque desde el devocionario de animas el año pasado mi altar de muertos esta siempre en casa. Si qué es cierto que este fin de semana han estado como muy presentes 😱😱😱

Artículo muy interesante y que he disfrutado mucho de su lectura, como siempre. Como curiosidad (un poco alejada de las reflexiones que expones, pero algo relacionada), en la tradición valenciana (no sé si de más partes del territorio hispano) se creía que los nacidos en el día de San Lorenzo adquirían el don del curanderismo o la sanación ligada a los afectados por quemaduras. Esto puede que esté más vinculado con el martirio del santo, pero como sabemos, también participa de un ciclo astrológico y estacional (el signo del momento es Leo, fijo, de fuego y solar). Una abraçada i un petó ben forts, bonica ;)


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