Introducción a la Brujería tradicional IV: la vieja forma de ver, parte II
Added 2023-06-11 15:00:03 +0000 UTCEn la primera parte de este artículo hablamos de la importancia del cambio de paradigma para la práctica de la brujería, y cómo el contexto en el que se dio este fenómeno en origen favorecía la experiencia de la misma. No es que la magnitud de los hechos que se experimentaban fuera mayor de lo que es ahora, sino que la mente que lo percibía era distinta, la forma de entender el mundo era distinta y la forma de vida de las personas permitía mucho más la convivencia con la Otredad.
¿Pero cómo podemos acercarnos entonces a ese cambio de paradigma que nos facilite la experiencia de la brujería? Tal y como cerramos la primera parte, no tanto mediante un ritual mágico que nos lo solucione, ni mediante un simplemente “mentalizarnos” de pensar diferente. El verdadero cambio se dará a través de establecer nuevas rutinas, y ese cambio de base será lo que paulatinamente cambiará la forma en que vemos el mundo. Conforme veamos que esa nueva realidad trae ciertas experiencias consigo que nos reafirmaran en que es tan real y válida como la anterior, cada vez tendremos que esforzarnos menos en redirigirnos hacia ella, porque llegará a parecernos tan lógica y evidente que se convertirá en nuestro “modo por defecto”. Entonces sabremos que nuestro paradigma ha cambiado; el que nos parecerá algo extraño y poco natural será el anterior. Por poner un ejemplo, esto me ha sucedido muchísimo conforme fui derivando a un paradigma animista: pasé de no dar ninguna importancia a las plantas (más allá de que me parecían bonitas) ni mucho menos plantearme que pueden ser seres vivos con autoconciencia a que hoy en día me parece evidente que lo son, que tienen una enorme profundidad e inteligencia y que merecen un trato empático y respetuoso. Si recolecto más de lo que necesito y luego veo que se ha echado a perder por no usarlo, me doy un toque de atención porque no me parece correcto lo que he hecho, y siento culpa. Les hablo, quiero mucho a las que viven en mi jardín y me preocupo por ellas. Si cortaran el roble que visito a menudo, lloraría con dolor como si hubiera perdido un amigo, y probablemente sentiría tanta ira que maldeciría al responsable. Hoy me parece increíble que haya gente que no vea (lo que para mí) está delante de sus narices cuando las trata como un mero recurso a explotar, un objeto decorativo o no entiende su importancia en el ecosistema. Vamos, me parece increíble mi antigua forma de verlas.
Así pues, ¿qué cambios han sido para mi vitales a la hora de fundamentar mi paradigma en la brujería? ¿Cómo podemos recuperar un poco de esa vieja forma de ver?

ABRIENDO LOS OJOS A OTRA REALIDAD
El primer paso es resensibilizarnos y bajar enormemente nuestro umbral de estimulación. El bombardeo al que estamos expuestos no es natural para nuestra especie, y comporta un nivel de estrés y sobreexplotación de nuestros sentidos, atención y capacidad mental muy superior al que podemos gestionar sanamente. Ante tanta información que entra y que debe procesar, nuestro cerebro comprende que sobrepasa su capacidad de gestión y para preservar el equilibrio interno, actúa subiendo el umbral de estímulo ante el cuál se acciona. Todo lo que queda por debajo de ese umbral, no se percibe conscientemente ni se procesa. ¿De verdad puede competir la gnosis obtenida a través del sonido del viento tras 10 minutos de escuchar en silencio con estar expuestos a 40 tiktoks de 40 temas distintos, con 40 informaciones distintas, con 40 canciones distintas, 40 movimientos distintos, 40 escenarios distintos en esos mismos 10 minutos? Pues si a lo que tenemos acostumbrado al cerebro es al nivel de estímulo de lo segundo, poco va a poder percibir lo primero.
Además, los focos de sobreestimulación como internet y las redes sociales, tanto por su nivel de estímulo como por su potencial adictivo tienen una capacidad gigantesca de absorber nuestra atención aún cuando no los estamos mirando. ¿Soy la única que desde que el smartphone entró en su vida le cuesta muchísimo más concentrarse en las actividades que antes la absorbían y llenaban, y se pasa el rato interrumpiéndolas para desbloquear el teléfono cada pocos minutos?
Nuestra capacidad de atención se ha reducido muchísimo para cualquier cosa que no nos bombardee información. Nos cuesta mucho más concentrarnos, a no ser que los estímulos sean tan intensos que nos sea imposible apartar la mirada de ellos. Sumado a esto, hemos desarrollado una adicción a estar estimulados constantemente, y no soportamos aburrirnos. Cada instante de espera, ya sea en el transporte público, en la cola del supermercado, ¡incluso en el baño! nos apresuramos a rehuir el vacío del aburrimiento con la anestesia del sobrestímulo. Todo tiene que ir deprisa, deprisa, deprisa. Si va lento nos aburre y ya nos encargamos nosotros de rellenar el hueco con algo que mantenga el ritmo vertiginoso de la sociedad actual. Pero luego estamos todos ansiosos y estresados… me pregunto por qué.
Contra más tiempo pasamos vertidos en estímulos absorbentes externos, menos tiempo damos la oportunidad de que nuestra atención y consciencia esté en nosotros. En lo que sentimos, lo que percibimos conscientemente, lo que pensamos, lo que se nos ocurre… Y eso es muy triste, porque la puerta a la espiritualidad somos nosotros mismos, no lo que viene de fuera. Está dentro.
Mis consejos prácticos ante todo esto son los siguientes; no hace falta que cortes todo sobreestímulo, porque al final nuestra sociedad funciona a través de ellos, pero sí se muy consciente de que lo son y de cuánto tiempo les dedicas.
- Evalúa a qué dedicas tu tiempo de ocio. Modera tu uso de redes sociales, plataformas de streaming e internet. Controla tú cuanto tiempo les quieres dedicar y cuándo hacerlo, que no lo controlen ellas. Puedes usar la misma tecnología a tu favor; por ejemplo, yo tengo instalada una app que controla el tiempo que dedico al teléfono móvil y me bloquea las aplicaciones pasado el tiempo que yo he decidido. El tiempo que decidas recortarles a estos pasatiempos, dedícaselo a otros que te hagan estar más en contacto contigo y con la naturaleza, y que tengan un nivel de estímulo más normal para nuestra especie. Si no rellenas el hueco de tiempo que les recortas con otras actividades, al menos al principio, es muy fácil recaer en engancharte de nuevo si te aburres o no sabes qué hacer.
- Pon mucha atención a recortar la sobreestimulación de primera hora de la mañana y última de la noche. Lo primero que hacemos al despertar condiciona nuestro día, y lo último condiciona nuestra noche. Son momentos clave en nuestra rutina e instantes liminales; la Otredad se manifiesta en ellos con frecuencia, y si nos pilla mirando las redes le estamos cerrando las puertas por completo. Irnos a dormir con el móvil reduce infinitamente las posibilidades de tener experiencias interesantes en sueños porque nuestro cerebro va a estar gestionando el sobreestímulo en lugar de permitir que nuestro espíritu deambule por aguas más profundas.
- Evita mirar el móvil y otros estímulos similares (por ejemplo, tareas que requieran mucha concentración o produzcan estrés, agotamiento mental, sensación de urgencia o preocupación) al menos de media a una hora antes y después de los rituales o actividades espirituales. Nuestro cerebro necesita un buen rato para bajar la actividad y recuperar la concentración después de haber estado fuertemente estimulado. Si no se lo dejamos, no vamos a estar en un estado adecuado para la práctica mágica o espiritual a la hora de practicar y tendremos mayor dificultad para concentrarnos, entrar en trance, percibir o mover los hilos de la realidad. Por otro lado, el periodo tras un acto ritual es igualmente importante. En él se integra lo realizado y, además, puede llegarnos información extra sobre cómo ha ido, augurios o mensajes. Pasar directamente al sobreestímulo anula cualquier posibilidad de ello. Comprendamos el tiempo previo y posterior al rito como parte del rito; honremos las transiciones, reino del Otro Lado, de forma consciente. Aprovechemos esos momentos para evaluar nuestro estado interno y percibir el entorno con todos nuestros sentidos, abiertos a si debe llegarnos algo. Por otro lado, para rituales muy importantes, puedes valorar hacer un tiempo de ayuno de estímulos que vaya de unas horas a unos días antes. Eso incrementará enormemente la magnitud en la que integraremos el rito, nuestra capacidad perceptiva y el contacto con la Otredad.
- Mira alrededor. Levanta la vista del teléfono. Desconecta el discurso mental constante que te tiene sumergido y hace que vivas dentro de tu cabeza (es genial dedicar tiempo a la consciencia interna, pero no podemos vivir sólo en nuestro mundo mental). Usa tus sentidos para observar el entorno, los estímulos normales del entorno. Los sonidos de las aves, las conversaciones, el tacto del aire y del sol en la piel, el aroma al pasar por delante de la panadería. La consciencia de los sentidos frecuentemente despierta otros sentidos internos. Todo tu entorno es una oportunidad para que la gnosis y los mensajes del Otro Lado lleguen a ti. Deja de rellenar todos los momentos de transición como ir andando a los sitios con estímulos extra. Toma el entorno y esos procesos como son, te harán mucho más perceptivo.
- Pasa tiempo en la naturaleza. Empápate de los estímulos naturales hasta que te sientas fundir en ella. Recupera esa noción de pertenencia, rompe la ilusión de ser algo separado de ella y del mundo intangible. Formas tan parte de ella como de ti mismo, y tan parte del Otro Lado como de tu cuerpo físico. Romper esa noción en nuestro paradigma abre una puerta inmensa.
- Aprende a aburrirte y a no hacer nada. Es normal y sano no estar siempre sobreestimulado. Es en estos espacios dónde tu mente podrá divagar y liberar la imaginación, despertando ideas y percepciones. Los periodos de no hacer “nada” son momentos de vacío en los cuáles puede germinar la semilla de una nueva creación. Si ocupamos todo el tiempo siempre no queda espacio para que lleguen o se generen otras cosas. El aburrimiento es, además, una gran puerta al trance, y habituarnos al cambio de estado de conciencia que produce frecuentemente nos ayudará a aprender a transitar y producir el trance con mayor facilidad.
Con todo esto, tendrás un nivel de estrés menor, lo cuál te predispondrá a un estado más relajado y perceptivo a cosas más profundas que la urgencia del día a día. Te será mucho más fácil concentrarte y entrar en estados de trance. Tendrás una consciencia interna mucho más alta que te permitirá notar cambios, pensamientos y percepciones a nivel espiritual y te será mucho más sencillo conectar con lo intangible a través de lo tangible, a través de tu entorno, porque percibirás de nuevo los estímulos normales en la naturaleza.
Un segundo aspecto realmente importante en nuestro cambio de rutina es crear espacios dónde la Otredad se pueda manifestar. Exponernos a ella. Recordemos que, tal y como comentábamos, antaño se pasaba mucho tiempo en estados de consciencia liminales que permitían la experiencia de lo sobrenatural. Algunas formas en que puedes introducir esto en tu día a día es:
- El aprender a aburrirte del que hablábamos, y tener momentos de no hacer nada.
- Dejar espacio de vacío mientras haces actividades mecánicas. No lo rellenes siempre con un podcast o música (a menos que la música tenga también cierta monotonía o ritmo que induzca al trance). Deja que la acción mecánica y rítmica te lleve a otros estados de conciencia. Si esto lo combinas con la penumbra, tal y como antes se hilaba junto al fuego las largas tardes de invierno… ¡el resultado puede ser brutal!
- Ábrete a pasar tiempo en estados y lugares liminales. Explora. Entabla conversaciones con desconocidos, pasea por los caminos al anochecer, siéntate en las encrucijadas, alarga tus momentos de hipnagogia y duermevela en el sueño, ve al bosque de noche, recorre cementerios, cuéntales a tus muertos qué tal el día, pasa tiempo en luz tenue, no sólo completa luz o completa oscuridad… Y ábrete con curiosidad. Escucha, observa. No tengas expectativas de ningún tipo, no fuerces recibir algo. Simplemente, si frecuentas los espacios que frecuenta la Otredad, es cuestión de tiempo que te encuentres de bruces con ella. Haz que los lugares, las situaciones y los momentos liminales formen parte de tu día a día como formaban parte antaño. Aprovecha también a explorar emociones que alteran la percepción, como la transgresión del tabú, la excitación sexual, el miedo o el agotamiento (¿cuántas revelaciones se tienen subiendo una montaña o haciendo el camino de Santiago?).
Otro aspecto importante al que es bueno habituarse es abandonar los juicios y expectativas. Nuestros juicios y expectativas pueden sesgar y tergiversar completamente una experiencia en función de nuestros miedos y deseos. Si bien es normal y bueno que los rituales tengan una motivación, que no sea toda la duración del ritual y toda actividad espiritual de nuestra vida algo que tenga un objetivo, porque entonces separamos la experiencia en dos únicos posibles resultados: éxito según nuestra expectativa, o fracaso. Y eso no da el espacio de vacío que hemos comentado que es tan relevante para que la Otredad se manifieste en toda su pluralidad de formas. Unas expectativas fijas, además, parten de la base de que conocemos todo sobre la Otredad y por ello sabemos qué va a pasar, cuando no es para nada así. La Otredad es siempre impredecible. ¿Para qué ponernos unas expectativas ignorantes y luego decepcionarnos, en lugar de tomar la experiencia como quiera manifestarse y aprender de ella?
Además, recordemos que nuestros juicios están estrechamente arraigados en nuestro paradigma; la mayoría de veces, en el paradigma racionalista en el que hemos crecido, que se lleva muy mal con aceptar la ambigüedad. Por ese motivo, cada vez que juzguemos una experiencia como válida o no válida, recordemos: ¿bajo qué paradigma estamos juzgando? ¿Por qué debo determinar si lo vivido es válido o no en lugar de aceptar la experiencia en su ambigüedad y pluralidad de significados? ¿Por qué ahora quiero privar de realidad algo que en el momento ha sido una realidad para mí?
Si algo me ha servido mucho ante esto, es aprender a tomar nota de las cosas sin juzgarlas ni sacar conclusiones precipitadas de primeras, y simplemente aceptar su ambigüedad y esperar a ver si con el tiempo se confirman con otras experiencias o nueva información o no.
Recordemos que la realidad no es sólo aquello comprobable por el mundo físico, sino una pluralidad. No debemos leerla siempre a través del mundo físico y no siempre refiere al mundo físico, muchas veces simplemente debe ser entendida en sí misma. Pero eso no la hace menos real. Y esto enlaza con el siguiente punto, que es dejar de cuestionar los sueños.

Ilustración de Tuesday Riddell
Todos los sueños son reales. Todos los sueños que hemos tenido, por el simple hecho de que los hemos tenido, son reales. No hay tal cosa como sueños falsos. Simplemente, no todos los sueños reflejan la realidad tangible ni deben ser leídos a través del mundo físico. Los sueños deben ser entendidos bajo su propia realidad. Por poner un ejemplo, a veces, al soñar con alguien conocido, la persona de nuestro sueño y la de la vigilia serán la misma, dando como resultado un encuentro con ella en sueños (ya sea por conexión con ella, o por visitar ambas un espacio intangible comunitario como es el astral) o la obtención de una información acerca del mundo tangible; pero en muchas otras ocasiones, como cuando no vemos una correlación entre las acciones de la del mundo físico y la del onírico, la persona del sueño y la del mundo físico serán simplemente dos personas distintas que tienen un mismo aspecto o atributos. Una de ellas sólo existe en ese plano onírico, o incluso es una creación de tu cerebro, pero ¿y qué? Eso no la hace menos real. Eso no convierte a la persona del sueño en una imagen “falsa” de la del mundo tangible. Es otra cosa, independiente de ella en su propia existencia.
Esto lo veo mucho cuando la gente me pregunta sobre cómo saber si la persona aparecida en sus sueños es realmente su abuelo fallecido o sólo una ilusión de su cerebro. Si pudieran cerciorarse del primer caso, se quedarían tranquilos con su sueño “verdadero” y podrían experimentar las emociones y el conocimiento del sueño como real. Más, ¡ay si no puedes confirmarlo! ¿Y si es un sueño “falso”? El paradigma racionalista no les permite coexistir con la ambigüedad ni extraer nada de la experiencia.
Experimentar los sueños como “verdaderos” o “falsos” es simplemente parte del paradigma en el que nos hemos criado. Y para experimentar su plena magnitud debemos abandonar estas clasificaciones y considerar que todos ellos son reales, en un espectro que a veces coincidirá, y a veces no, con la realidad tangible que consideramos la “verdadera”. ¿Por qué excluimos el mundo onírico de nuestra “realidad”? ¿A caso no lo experimentamos cada noche tanto como experimentamos el mundo de la vigilia? ¿Por qué uno es real y el otro no es real? ¿No tiene más sentido comprender simplemente que el segundo no es un reflejo o copia del primero, sino que simplemente ambos se influencian mutuamente y presentan ciertas semejanzas?
Tan sólo pudiendo aceptar la ambigüedad de significados de lo experimentado en sueños como parte natural de su realidad, y no como muestra de falsedad, podremos devolver a los sueños su ancestral capacidad de ser una puerta entre mundos, un espacio a habitar la realidad expandida. Nuestros sueños y nuestra vigilia dejarán de ser dos mundos independientes para fusionarse en una misma experiencia de la realidad, igual que dos habitaciones unidas por umbral abierto se comunican, influyen y forman parte de la misma casa. Y sólo partiendo de ahí aprenderemos a identificar aquellos sueños que provienen más directamente de nuestra psique, aquellos que recogen una experiencia onírica más allá de nuestra psique y todo el amplio espectro que existe entre una y otra cosa. Y no tendremos dudas de si esa persona es o no nuestro abuelo, ni de la realidad de lo que hemos hecho cuando cambiemos nuestra piel por plumas y volemos en la noche.
Otro aspecto que considero importante en este cambio de rutinas es recuperar el valor de la intimidad y el secreto. La brujería siempre ha sido secreta, y no sólo porque pudiera poner en peligro a sus practicantes durante épocas de persecución. También lo eran los cultos mistéricos de la antigüedad, que estaban perfectamente aceptados. El motivo es que como toda experiencia mistérica, sólo puede ser comprendida por quién la experimenta, y cualquier intento de hacer entender a los demás lo vivido queda como un fantasma que desmerece lo que ha sido la experiencia real. El peligro de exponer absolutamente todo lo que experimentamos no es ya que nos quemen en la hoguera, pero sí que nos sintamos juzgados, expuestos o cuestionados en un sistema que no va a entendernos, porque se sustenta en un paradigma distinto. Un paradigma que nosotros aún tenemos arraigado en algún lugar de nuestra psique, y que al enfrentarnos a la incomprensión puede disparar las dudas y la inseguridad sobre lo vivido. El diálogo es fantástico y es cierto que en la vida nos enriquece escuchar otros puntos de vista, pero también tenemos que cuidar nuestra verdad cuando se enfrenta a un sistema mayoritario que acepta poco las disidencias.
Además, es muy fácil cambiar o tergiversar las cosas sin darnos cuenta cuando se las exponemos a los demás, porque inconscientemente queremos generar una impresión determinada en ellos; todo lo que contemos cobra cierta realidad en nuestra mente (igual que los mentirosos se acaban creyendo sus propias mentiras), con lo que puede acabar por contaminar lo que ha sido la experiencia en sí. Esto, en mi opinión, pasa mucho en lo que exponemos de nuestra práctica en las redes sociales. Querer dar tan buena impresión, llamar la atención o generar tanto contenido que se acabe predicando lo que realmente no se practica, exagerando lo que se cuenta o modificando nuestra práctica para que quede estética ante la cámara.
El secreto es poderoso. Concentra y contiene la energía. La simple prueba de ello es que un mal secreto es capaz de destruirnos por dentro; incluso cuando quiere olvidarse, siempre yace oculto en algún lugar de nuestra psique, siempre con la amenaza de regresar, desvelarse y destruirlo todo. Cuando finalmente se desvela, muchas veces se siente como un desahogo, como al fin paz aunque comporte consecuencias, porque la persona puede liberarse por fin de ese peso y de esa energía contenida. Contrariamente, un buen secreto, como puede ser lo vivido en una experiencia brujesca, puede darnos un poder interno enorme, una energía contenida que alimenta el fuego de nuestra alma. Desvelarlo, en estas situaciones (y lo digo por experiencia, porque soy una bocazas) lo que trae, contrariamente a la sensación de liberación de un mal secreto, es una sensación de “desinflado”, de pérdida.
Finalmente, otro buen motivo por el cuál soy partidaria de mantener la discreción y el secreto en la práctica es que es una cuestión de intimidad y respeto hacia los espíritus que han interactuado con nosotros. Lo que recibimos, lo que sucede y lo que nos otorgan los espíritus son cosas que nos son dadas en confianza, en una situación de complicidad e intimidad con nosotros, no con nadie más. Si hay algo que quieren que extendamos entre los demás, probablemente nos lo harán saber (por ese motivo, por ejemplo, yo escribo y divulgo sobre brujería bajo su beneplácito). Hay situaciones y situaciones, pero así como no relataríamos todo lo que nos ha contado personalmente un amigo a todo el mundo, no traicionemos la confianza y la intimidad de nuestros espíritus aliados.

Hilas y las ninfas, pintura de John William Waterhouse
Otro consejo para este cambio de paradigma: involucra el mito, los cuentos y las leyendas en tu vida. La brujería, así como muchas otras corrientes espirituales, se transmiten y experimentan a través del símbolo. El símbolo es aquello que materializa en nuestra realidad conceptos intangibles, y es un puente entre lo humano y lo divino, además de un medio de transmisión del conocimiento ancestral. Los símbolos son elementos cuyo significado es expansivo, promueven la interconexión de ideas, la expansión de la consciencia y el contacto con el mundo espiritual.
Empápate de cuentos, leyendas y mitos, no importa cuáles sean. Todos ellos son interesantes. Todos pueden hacernos reflexionar o remover conocimientos arquetípicos en nosotros. Prueba lo siguiente:
- Recupera tus cuentos favoritos de la infancia. Vuelve a leerlos. ¿Qué despiertan en ti ahora? ¿Por qué te gustaban? ¿Hay alguna moraleja o gnosis en ellos? ¿Son similares o beben de algún mito o cuento tradicional? ¿Qué percibes ahora de forma diferente?
- Lee cuentos o leyendas en tu día a día. Yo tengo un libro extensísimo de cuentos populares catalanes en la mesita de noche y cada vez que me apetece, abro una página al azar y leo el que haya tocado. Si tienes la oportunidad, pide a la gente a tu alrededor que te cuente sus leyendas y cuentos favoritos, y escúchalas atentamente. Nunca sabes cuándo pueden traer un mensaje de la Otredad para ti.
- Tan importante como recibir cuentos y leyendas es contarlos. Cuenta historias a cualquiera dispuesto a escucharte. Transmítelas con pasión, sintiéndote con ello parte de ese río de ancestros que las han hecho llegar hasta nuestros tiempos. Deja que las cosas que te suceden en el día a día te sugieran o recuerden viejos mitos, y aprovecha para reflexionar sobre ellos o contarlos. ¡Si me vierais a mí! “Mira, esta planta es menta. ¿Sabías que en la mitología griega, Minta era una ninfa amante de Hades que…” “¿Mira, ves esa montaña? La llaman tal porque una leyenda cuenta que…” “Esto me recuerda a una historia que me contaron una vez, decía…”. Y si no tengo público, me lo cuento a mí misma, ¡jaja! El caso es que relacionar sucesos corrientes con un componente mítico y simbólico nos hace ver que cualquier cosa puede abrirnos la puerta a la experiencia de lo espiritual, la gnosis y el conocimiento.
- Ya más enfocado a la brujería, busca historias, leyendas y mitos que la refieran. Si hay leyendas locales en tu zona, acude a los lugares de los cuáles hablan. Trata de comprender que no es relevante entender lo que transmiten como algo real o falso, sino que, como los sueños, reflejan distintas capas de realidad. Compréndelas y explóralas en su propia realidad.
Habla con todo el mundo. Y no me refiero a las personas (que también) sino con los animales, las plantas, los lugares y los muertos. Toma por costumbre saludar a los sitios cuando llegas, a las flores para decirles que son hermosas, a tus ancestros cuando miras sus fotos… No te preocupes sobre de qué hablar o de pronunciar conjuraciones formales, ni tampoco de hablar en un discurso constante. Simplemente habla de forma casual, como el que habla con un humano. Soy consciente de que al principio cuesta y uno se siente como si hablara solo, pero luego termina convirtiéndose en algo completamente natural. Convertirlo en un hábito nos ayuda a comprender que nos rodean un sinfín de espíritus y que no están separados de nosotros, forman parte de nuestra cotidianidad. Con el tiempo, comenzarás a percibir que, aunque muchas veces sin palabras, notas sensaciones que pueden leerse como respuesta. Sentirás cuando el bosque está contento, cuándo está tenso, cuando tu abuela está cerca, cuándo una planta te invita a interactuar con ella…
Y finalmente, como un último consejo, te invito a que examines aquellos factores distintos en la cotidianidad de antaño que favorecían la experiencia de la brujería, reflexiones sobre ellos y te inspires en ellos para experimentar. Por ejemplo, un elemento que a mi me generaba mucha curiosidad era el tiempo en penumbra que pasaban entonces y que favorecía estados de consciencia distintos a los que tenemos bajo plena luz. De ahí incorporé a mi rutina pasar tiempo en penumbra al anochecer, con las velas del altar encendidas mientras realizo actividades tranquilas. Sin duda es algo que me encanta y me proporciona estados mentales muy interesantes. Me he acostumbrado tanto a ello, que ahora basta con generar ese ambiente para que mi mente cambie de estado de conciencia casi de forma instantánea, y sabiendo eso lo aprovecho para favorecer el trance en los rituales.
Esto es todo por hoy. Espero que este artículo os haya resultado interesante y os haya proporcionado recursos para explorar.
EDIT: he vuelto a este artículo que ya tenía listo y programado sólo para recomendaros encarecidamente que escuchéis un podcast que nos viene genial respecto el tema de los cuentos, que acabo de escuchar y me ha parecido absolutamente maravilloso. Se trata del programa 476 de la Escóbula de la Bruja: la mujer en los cuentos tradicionales. Dejo enlace: https://open.spotify.com/episode/0UqvqeAPRjdglHQAsohSvI?si=ecf065bdea254725
Como siempre, adoro leer vuestros comentarios porque me ponen contenta y me hacen sentir realizada :)
¡Un abrazo bien fuerte a todos!