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Ritos e ideas para la Luna Nueva en la Brujería Tradicional I

Hace un par de meses subí un primer artículo sobre ritos lunares a Patreon, teniendo muy presente que quería hacer su contraparte para la luna nueva. En esta ocasión, ya que entrábamos en el extensísimo tema del trabajo de sombra, voy a dividir el artículo en 2 partes para que no sea tan largo y no se os haga pesado; en este nos centraremos en las actividades del tipo trabajo de sombra e integración de la oscuridad, y en el siguiente del resto de propuestas. Como en el artículo anterior, voy a enfocar las actividades a una práctica animista de brujería tradicional, con la intención de aportar algo nuevo a lo que hemos visto ya en redes y libros tantas veces.

Estudio para ‘The spirit of the new moon’ 1888, ARTHUR LOUREIRO

Luna nueva, luna negra y el tabú en la espiritualidad mainstream

Si lleváis un tiempo en la espiritualidad y la brujería, estoy segura de que en algún momento habrá llegado a vuestros oídos el tabú de que no debe hacerse trabajo mágico durante la luna nueva o durante la luna negra. (En primera instancia, cabe destacar que no parece existir un consenso en la definición de esta segunda, y a nivel astrológico no existe tal terminología; sin embargo, frecuentemente la oiremos definir como la fase de luna nueva más profunda, invisible completamente, diferenciándola de la luna nueva poniendo a la misma como la que se da justo a partir de ese punto de inflexión y hasta que muestra su primera rendija visible. También se llama luna negra a una segunda luna nueva dentro de un mismo mes. Por la vaguedad del término y ya que yo no lo utilizo, hablaremos pues de la luna nueva y de su tabú, ya que al final refiere al mismo que tiene la supuesta luna negra.)

No es novedad que las fases más oscuras del ciclo natural poseen una especial connotación negativa en la sociedad occidental. Pese a que en tiempos recientes se ha ido aceptando e integrando más la luna nueva como parte del ciclo, asemejándola a nuestra propia sombra y comprendiendo su papel e importancia en el equilibrio de la vida, veremos que esta apreciación se suele hacer siempre desde el punto de vista del trabajo interior de sanación, la limpieza o la relajación. Introspección y pasividad. Por supuesto, la luna nueva tiene un gran valor como tal, pero creo que a su vez esto demuestra una aceptación parcial de sus atributos, considerando sólo aquellos más amables y conciliables con una espiritualidad enfocada sólo a la luz.

¿Qué hay de la destrucción, la putrefacción, los muertos, la sangre, nuestra sombra más oscura, el maleficio, el exponerse a una noche sin luna no desde la seguridad del hogar, sino en la naturaleza salvaje, en una encrucijada, en un cementerio? ¿Y de practicar magia activa, del tipo que sea más allá de la purificación (que al final expulsa aquello que representa en gran parte la fase oscura del ciclo), durante este momento?

Sigue siendo tabú.

Puede que ante esta afirmación no esté de acuerdo todo el mundo, pero bajo mi paradigma, (como sabéis, fundamentado en el folklore local y en la rama de la brujería tradicional moderna), las brujas somos por naturaleza aquellas que andamos a la contra de lo socialmente aceptado y domesticado con tal de que se produzca un equilibrio. Caminamos a la inversa para unirnos con el mundo de los espíritus y trabajar por y para ellos, así como por los ciclos de la naturaleza, por encima de lo humano. A veces apoyando la vida, a veces apoyando la muerte. Y también trabajamos por y para nosotras, ya que de este sendero contrapuesto y la transgresión del tabú obtenemos una profunda gnosis.

¿Qué mejor momento para abrazar esta naturaleza liminal, pues, que la luna nueva?


La luna de Hekate. Abrazando la sombra más oscura

Exponiendo el asunto de la luna nueva en la brujería, me parecía un pecado pasar por alto su conexión con una de las diosas de las brujas más reconocidas: Hécate.

Maxmilián Pirner - HEKATE (1901)

Una de las formas más populares de culto a Hécate era precisamente durante los novilunios, en los que en lugares como Ática se acudía a las encrucijadas (que a menudo presidían estatuas de la diosa triforme) a dejar ofrendas variadas, sobretodo panes, pasteles de miel, pescados, huevos y queso y sacrificios de perros[1]. Esta diosa, de antiquísimo origen pero modelada con el tiempo por las influencias y sincretización con otras divinidades como Ártemis, Selene y Deméter, contiene en sí misma muchos de los atributos simbólicos de la luna: Posee una faceta benefactora que se refleja en epítetos como Soteira (la salvadora) Kourotrophos (cuidadora de niños), Phosphoros (portadora de la luz) o Meilinoe (la que alivia). Sin embargo, también posee atribuciones relacionadas con la fase oscura, desde su conexión con los muertos como Hekate Cthonia (de bajo la tierra), Prytania (reina de los muertos) Psychopompe (guía de las ánimas), Propulaia (la que está ante las puertas); con los misterios, como Kleidophoros (portadora de las llaves); y con la destrucción y el miedo, con epítetos como Antania (enemiga de la humanidad),  Aphrattos (la innombrable), Brimo (la terrible) o Perseis (la destructora).

En su época más tardía, adquiere también su atribución como creadora de la hechicería y la brujería, aliada de las que se dedican a dichos artes y señora de las plantas venenosas y mortíferas.

Si bien es evidente que una de las actividades principales para la luna nueva en la brujería tradicional puede ser el culto a Hécate, no todas las brujas nos dirigimos a su figura en nuestro sendero. Existen muchos más espíritus asociados a la brujería con los cuáles podemos tener afinidad. Sin embargo, no quería dejar de comentarla un poco porque tomar su ejemplo me parece excelente para englobar de una forma más completa todas las características simbólicas de la luna nueva, tanto las consideradas positivas como las negativas (y entendiendo que tanto unas como otras pueden ser utilizadas para un beneficio o de forma perjudicial).

¡Y aquí comienzan las propuestas!

1. TRABAJO DE SOMBRA

La luna nueva es un grandísimo momento para mirar a la cara y reconocer nuestra sombra más oscura. La sombra (término acuñado por Carl G. Jung) es una parte de nuestra psique escondida en el inconsciente que guarda todos aquellos aspectos de nuestra personalidad que rechazamos y no identificamos como propios (para no extenderme, podéis ver los vídeos dedicados a la sombra que tengo en el canal). Este rechazo, frecuentemente, comporta desequilibrios en nuestra vida que se subsanan enormemente cuando conseguimos aceptar esos rasgos de nosotros, volver a reconocerlos como propios y utilizarlos en nuestro favor. Un ejemplo: podemos rechazar el egoísmo por cómo nos han educado, y al no reconocer sus virtudes (porque las tiene) vivir cediendo siempre por los demás con tal de no acercarnos a lo que para nosotros pueda ser “egoísta”. Sin embargo, reconocer que a veces es necesario anteponerse a los demás y traer a la luz de nuevo ese rasgo de nuestra personalidad puede ayudarnos a poner límites sanos.

Sin embargo, incluso en el trabajo de sombra hay una preferencia por tratar aquellos aspectos inhibidos pero que al fin no son tan malos o no están tabuizados. Soy una férrea defensora de este tipo de trabajo, pero sobretodo si nos dedicamos a senderos de carácter mistérico, ctónico o englobados en el Sendero de la Mano Izquierda (como es la brujería), considero de grandísimo interés conocer también nuestra sombra más verdaderamente oscura. Aquella que rompe los tabúes sociales e incluso los propios.

¿Significa esto que tengamos que llevar a cabo actos infames? Por supuesto que no. No es bueno el que no puede hacer daño, sino el que es consciente del mal que es capaz de hacer y decide no hacerlo. El conocimiento es poder, y más lo es aún el conocimiento de nosotros mismos. Del viaje por estas profundidades sin luz emergeremos mucho más sabios, y lo que hallemos dentro de nosotros nos permitirá conocer mucho mejor a esos espíritus y senderos que poseen una afinidad con lo oscuro y mistérico.

Es aquí dónde propongo que aprovechemos la luna nueva para trabajar con su arquetipo en nosotros mismos explorando esa parte profunda de la sombra. Algunos ejercicios que podemos hacer son:

1. Maleficium

Idea un maleficio con todo lujo de detalles. ¿A qué punto del maleficiado buscarías atacar? ¿Cómo lo harías? ¿Qué usarías? Deja salir tu parte más oscura sin miedo. Si no sabes demasiado del tema, lee sobre maleficios, aprende sobre magia destructiva para elaborar el ejercicio. Al principio, sobretodo si tenemos un fuerte tabú ético hacia la magia maléfica u ofensiva puede costar buscar un hilo del que tirar para sacar esa parte de nosotros. Puede servirte tomártelo simplemente como un juego (ya que no vamos a hacer el maleficio, este es un ejercicio teórico), y una vez destapada la caja de Pandora, seguramente te sorprenderás de las partes de ti que descubras. 

Como anécdota, propuse este ejercicio a dos amigos (a los que maleficiar queda fuera de su ética) para sacarles de su zona de confort. Hicieron cada uno, con dificultades al principio, un esquema de maleficio que les quedó totalmente correcto, aunque comprensiblemente aún rozando la timidez en algunos aspectos. Al cabo de unos días, cuando ya habíamos comentado los ejercicios y yo había olvidado el asunto, me sorprendieron mandándome un nuevo maleficio elaborado entre ambos. Este maleficio, que titularon “Nemini Parco”, era simple y llanamente espectacular. Sin piedad, sin dudas, poderoso y bellamente entretejido con elementos tradicionales y referencias mitológicas. Me encantó ver que el primer ejercicio había despertado un descubrimiento de la fuerza interna que se oculta en la sombra y que habían decidido dejarla expresarse y explorarla elaborando este segundo.

Tras el ejercicio anterior, puedes hacer la siguiente reflexión: ¿Bajo qué circunstancias llegarías a maleficiar y a quién? ¿Bajo qué circunstancias llegarías a matar y de qué manera?

2. Los nombres de Hécate

Toma de uno a tres de los epítetos de Hécate, ya sean los mencionados anteriormente u otros.

De forma optativa, puedes acompañar este ejercicio de encender una vela negra. En este ejercicio no trabajamos directamente con la diosa (a menos que quieras hacerlo en el caso de que ya le seas devota), simplemente tomamos respetuosamente su figura como referencia e inspiración, ya que en ella se guarda el misterio de los dones de la oscuridad.

Cierra los ojos y relájate, despejando la mente. Toma el epíteto y pronúncialo en tu mente. Explóralo. Observa qué te transmite y qué asociaciones te despierta. Ten a mano una libreta para abrir brevemente los ojos e ir tomando notas si es necesario.

Una vez hayas dejado que se exprese entre tu consciencia y tu inconsciente, reflexiona sobre él.

Si es un epíteto de los considerados “positivos” o benefactores, piensa en qué sentido o circunstancia la oscuridad (y la parte oscura de la polaridad; muerte, noche, destrucción…) pueden tener ese atributo positivo.

Si es del grupo de los ctónicos o mistéricos, simplemente déjate llevar por los símbolos y las asociaciones que te sugiera. ¿Cómo puede enseñarte a acercarte a los planos telúricos y a desvelar sus misterios? ¿Qué imágenes, palabras o ideas te vienen a la mente?

Si es un epíteto considerado “negativo”, reflexiona sobre qué beneficios puede suponer encarnar y abrazar ese aspecto. Siéntelo como si fuera tu propio epíteto. ¿Qué te hace sentir?

Diana y Hécate, Václav Hollar (1607-1677)

3. Reconociendo las emociones oscuras

Te planteo las siguientes preguntas para que reflexiones sobre ellas, ya sea meditando o escribiendo.

Realmente, con estas preguntas podríamos escribir un libro entero, así que tómatelo con calma y elige sólo una o dos para elaborarlas en profundidad. Puedes ir haciendo el resto en siguientes lunas.

4. Encarnando las emociones oscuras

El último ejercicio que te propongo busca encarnar estas emociones para aceptarlas como propias e integrar su poder. Como breve advertencia, este puede ser un ejercicio difícil de afrontar si estás en mal momento o tienes traumas recientes o a flor de piel.

En tu altar, a oscuras, pon ante ti un espejo y una vela negra. Puedes tener a mano una libreta para tomar notas al terminar.

Elige una de las emociones anteriores. Cierra los ojos y relájate hasta apaciguar los pensamientos. Cuando te sientas centrada, intenta recrear la emoción elegida. Puedes ayudarte de rememorar recuerdos, imaginar situaciones que despertarían en ti esa emoción…

Avívala hasta que seas capaz de sentirla. Observa tus reacciones físicas. ¿Respiras más rápido o fuerte? ¿Sientes calor o frío? ¿Notas tensión en alguna parte del cuerpo? ¿En qué parte del cuerpo se aloja la emoción y cómo se siente?

Intenta conectar esa emoción con tu parte más primaria y salvaje. Las emociones relacionadas con la gestión de amenazas, así como las que se reprimen en la sombra, están estrechamente conectadas con nuestra ánima más animal y nuestro cerebro reptiliano. ¿Qué sientes? ¿Notas la conexión con tu ser más crudo y agreste a través de esta emoción? ¿Sientes en tu cuerpo o en tu mente algún tipo de atributo animal? ¿Quizá sensación en las uñas, como si fueran zarpas, en la nuca, como si se te erizara el pelo, en los dientes, como si quisieras mostrarlos para amenazar?

Esta parte del ejercicio puede ayudarte a conectar con tu doble, desarrollar habilidades teriomórficas o acercarte a tu espíritu acompañante (en el caso de tenerlo o querer ser este accesible), que frecuentemente toma forma animal.

Trata ahora, desde el sentimiento de la emoción, evaluar qué beneficios te puede proporcionar. ¿Sientes cómo puede darte fuerza, empuje o poder? Recréate en ese poder. Siéntelo e integra que esa emoción forma parte de ti; no es buena ni mala, está para ayudarte a sobrevivir y gestionar las dificultades que se te puedan plantear. Es tu aliada, y ese poder que esconde es tuyo, para tomarlo cuando lo necesites.

Cuando hayas integrado la emoción y la fuerza que te entrega, abre los ojos y mírate en el espejo, sólo con la luz de la vela.

Observa tus facciones, que son aquellas que han encarnado en ti el poder de esa emoción. Observa qué ves distinto a tu yo habitual. ¿Qué te hace sentir tu reflejo? ¿Qué percibes de él? ¿Te reconoces en él? Si no te reconoces, date unos minutos para hacerlo. Si quieres decirte algo, a tu yo que encarna su sombra o a esa emoción, díselo a tu reflejo.

Cuando creas que es suficiente, cierra los ojos de nuevo. Agradécete. Poco a poco, ve relajándote de nuevo respirando profundamente hasta volver a tu estado de calma.

Cuando estés tranquila, abre los ojos.

Puedes levantarte para despejarte o comer algo que te baje a tierra. Tras unos minutos, cuando ya estés en tu estado habitual, toma la libreta y reflexiona sobre en qué momentos te puede ser útil sacar la fuerza de esa emoción en la magia o en tu día a día.

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[1] Hécate, una diosa de los caminos - Teresa Encarnación Villalba Babiloni

Comments

Que genial este post! El último ejercicio se ve súper potente. Podrías hablarnos un poco sobre las habilidades teriomorficas o sobre espíritus acompañantes? Suena súper interesante. Gracias! 💗

Justo ahora me estoy leyendo Encuentro con la sombra, de Carl G. Jung. Y en mi último sueño lúcido invoqué a mi sombra para hacer un trabajo con ella (aunque me desperté demasiado pronto y tengo pendiente reintentarlo). Me ha gustado mucho la última propuesta! Buscaré el momento adecuado y la llevaré a cabo. Muchas gracias por la aportación! Y ya que estamos hablando de esto, podrías recomendar algo de bibliografía? Muchas gracias!!


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