Introducción a la Brujería Tradicional I: Una primera aproximación
Added 2022-11-12 17:10:43 +0000 UTC¡Buenas tardes a todxs! Hace unas semanas, Ninfa de los Bosques me hizo una propuesta de tema para artículo que creo que a todos nos gustó mucho. Se trataba de una guía para principiantes en materia de brujería tradicional. Este es un tema muy largo que quiero tratar sin prisa y desgranaré en varias partes, pero creo que es un proyecto que puede aportar mucho, pese a que una parte de mi recele de hasta dónde contar (y os aseguro que no es por pegarme el rollo elitista o dármelas de que sé mucho revelando poco).
El motivo de mi recelo es la misma naturaleza mistérica de este arte, que hace que lo más importante no pueda ser contado, sino únicamente vivido. Los misterios de la noche se desvanecen si les toca la luz del sol. Además, considero que la dificultad en el camino me ha forjado enormemente y ha sido una parte importante de las pruebas que la Otredad plantea a sus aspirantes, y esto es algo de lo que no quiero privar a los demás. A veces, cuando se nos ponen las cosas demasiado fáciles, ni las valoramos, ni profundizamos en ellas, ni nos transforman.
Sin embargo, la chispa que enciende en nuestro interior la llama de la brujería ha sido transmitida desde siempre, en gran medida, de persona a persona. Una vecina que te invitaba al Sabbat con ella; una mujer anciana que te legaba su demonio familiar; un desconocido que te revelaba algo para luego marcharse sin más; un rumor en el pueblo de que en cierta encrucijada, de noche, se aparecía el Diablo. En mi caso, un practicante experimentado que tuvo por bien darnos la mano para saltar con él al vacío. Y aunque la brujería sea secreta por naturaleza, aquellos que nos hemos adentrado en ella lo hemos podido hacer en gran parte gracias a los hilos que nos han dejado otras personas, de los cuáles luego hemos podido tirar. Hilos que, aunque de este mundo físico, creo profundamente que la Otredad entreteje y nos hace llegar. De hecho, a menudo me planteo hasta qué punto escribo por mí, y hasta que punto lo hago porque algo más me interpela a hacerlo.
Aquellos que nos hemos introducido en este camino en territorio de habla hispana no lo hemos tenido fácil, pues como sabéis, las fuentes a las que remitirnos son complicadas en varios sentidos. Por un lado, el mundo anglosajón nos ha llevado la delantera proporcionando lecturas por y para practicantes de este arte, con la limitación del idioma y porque son obras centradas en territorios ajenos al nuestro. Como curiosidad, os diré que ninguno de estos libros fundamentó mi práctica inicialmente, y es ahora que ya llevo años en ella que los estoy leyendo con mayor curiosidad y estoy hallando material de valor en ellos. En su momento ojeé algunos (quizá no eran los mejores) y no me gustó ver que parecía que la brujería tradicional era una versión gótica de la Wicca: el dios y la diosa como el “diablo” y la “reina de las hadas”, el círculo con las atalayas ahora llamado “compás”… Sumado a esto, para mí no tenía sentido ver a practicantes españoles de brujería tradicional utilizando un paradigma y tradición anglosajones. Me parecía que la brujería tradicional, en lugar de ser un término definitorio de la práctica de brujería según las viejas costumbres y tradiciones legadas, se estaba tomando de nuevo como una religión bautizada con ese nombre, con un dogma establecido. Y considero que eso es absolutamente contrario a la verdadera brujería tradicional, que posee una enorme variabilidad y riqueza incluso en territorios pequeños. La brujería, creo, jamás podrá ser un A+B=C; jamás poseerá una metodología que asegure un resultado. Eso sería simplificar y reducir la Otredad a algo que simplemente, no es. La Otredad siempre será algo mucho más extenso e imprevisible de lo que podremos imaginar y, desde luego, no nos debe nada. Por eso, en este proyecto de introducción a la brujería tradicional no puedo daros fórmulas magistrales de "si haces esto, ya eres bruja tradicional", sino que voy a intentar que vosotros mismos lleguéis a ellas desde el espíritu crítico y la reflexión profunda del por qué hacéis lo que hacéis.
Por otro lado, a parte de la invaluable experiencia y pistas que me revelaron otros practicantes que fueron apareciendo en mi camino, nos hallamos ante las fuentes que fueron la base de mi progreso desde el ámbito académico: lecturas de historia, antropología y etnografía a nivel europeo, español y, especialmente, local. Estas fuentes no acostumbran a ser de fácil lectura ni acceso, y por eso, en este proyecto intentaré facilitaros este camino; sin embargo, considero que me han dado muchísimas de las pistas necesarias para transitar mi camino y comprender dentro de un contexto mayor mi propia experiencia.
Ante esto, quiero mencionar una cita de Lee Morgan (en A Deed Without a Name):
Aquellos que consultan las fuentes académicas demasiado a menudo caen en el ámbito del ocultista de sillón, leyendo tomos sobre tomos de libros y artículos, “practicando” brujería en su mente sin hallar la forma de conectar el espacio entre lo académico y la práctica real. Otros, no mantienen registro de los enormes avances que el ámbito académico moderno aporta a la brujería y se pierden así mucho material realmente revelador.
En mi opinión, compartida con Morgan, el punto medio entre práctica y aprendizaje académico es el que mayor equilibrio nos puede dar: la práctica luchará por romper los esquemas de nuestra excesiva racionalidad y nos hará vivir la brujería; el conocimiento académico nos ayudará a hilar y comprender nuestras experiencias, así como a tener un espíritu crítico y ser menos vulnerables a falsedades y a construirnos castillos en el aire.
Así pues, comencemos. 
El aquelarre, Francisco de Goya (1823)
¿Qué es la brujería?
La palabra “brujería”, como bien sabéis, es un término con multitud de acepciones a lo largo de la historia y aún a día de hoy. Quizá la más popular de ellas en el esoterismo actual sea como sinónimo de hechicería, y especialmente en materia de maleficios y magia amorosa para el público general no practicante.
Quiero dejar claro que no considero que estas sean acepciones erróneas. Sin embargo, creo que es importante para aquél interesando en la brujería tradicional incidir en otras definiciones que recogen aspectos originales más antiguos y que devuelven a los practicantes un mundo que la hechicería no recoge en sí misma. Este es el motivo por el cuál para mi (y la mayoría de practicantes que conozco), aunque vayan de la mano en muchas ocasiones, la brujería es una cosa y la hechicería es otra.
El término brujería surge en el siglo XV para designar un nuevo crimen diferenciado de la hechicería (para cuya práctica ya existían términos como hechicera, adivina, sortílega, fascinadora, maléfica…) y la magia maléfica, la cuál ya había estado penada desde la antigüedad. Dicho crimen se fundamentaba esencialmente en el vuelo del espíritu o el deambular nocturno, el encuentro con el Diablo, el reniego de la fe católica, los maleficios y la elaboración de venenos; todo esto dentro de un contexto no individual, sino de complot de un colectivo (el de las brujas) contra el orden cristiano y feudal. Sin embargo, tal y como grandes autores como Carlo Ginzburg o Emma Wilby trajeron a la luz, este crimen suponía un constructo formado a raíz de varios elementos, entre los cuáles se hallaban el miedo al complot, la búsqueda de chivos expiatorios mediante las acusaciones criminales y heréticas a ciertos grupos de la sociedad (como se hizo con cátaros, valdenses, leprosos, judíos y finalmente brujas) y, sobretodo, un sustrato pagano de cultos y prácticas que aún entonces no se habían logrado cristianizar. Es este último bloque el que como practicantes nos interesa.
Especialmente en testimonios previos al revuelo de las acusaciones y en las primeras etapas de la caza de brujas (aunque siguiendo como miguitas de pan también durante los siglos posteriores), podemos hallar esta serie de vestigios de creencias y prácticas de carácter extático y nocturno que fundamentaron el constructo de la brujería, y que supusieron aquello que la distinguió de los crímenes preexistentes de herejía y magia maléfica, proporcionándole un término y concepto propio.
Como creencias, tenemos por ejemplo la existencia de malos espíritus femeninos como las bruxes (que dieron nombre a la bruja y a la brujería), lamias, strix, estrigas, pesadillas… que se colaban en las casas a asfixiar a los durmientes, matar a los niños o dañar al ganado; las cabalgatas de muertos que deambulaban las noches de invierno y determinaban el porvenir del próximo ciclo; las sociedades de damas espectrales y las comitivas feéricas que se colaban en las despensas de las casas y bendecían el hogar a cambio; la existencia de daemones o espíritus familiares con los que una relación de alianza proporcionaría beneficios.
Como prácticas, la de ciertas mujeres que decían marchar en espíritu, dejando el cuerpo en la cama, a reunirse con estas comitivas espectrales femeninas, los testimonios de aquellos a los que había raptado la cacería salvaje y había llevado a tomar la vida de quién hallaran en su camino, los invitados a banquetes festivos en mundo de las hadas, los que defendían que en ciertos días del año debían viajar a los infiernos a recuperar el grano germinado para el nuevo ciclo (como el hombre lobo de Livonia) o ir a luchar contra los malos espíritus también ellos en espíritu (como los benandanti, acusados de brujería), los que cambiaban de forma y se volvían animales para deambular en la noche, los que revelaban que se habían reunido con variados espíritus (demonios, hadas…) en una encrucijada, en un túmulo o en un camino, las hechiceras y adivinas que conocían los asuntos futuros o el paradero de objetos perdidos por preguntar a muertos, demonios familiares o espíritus como las Buenas Damas. Este tipo de creencias, obviamente, fueron absorbiendo imaginería demonológica con el tiempo y la persecución, pero poseían un origen muy antiguo. Si queréis leer una obra que expone magistralmente cómo todos estos fenómenos parten de una creencia común (la creencia en el Doble) y cómo todos ellos fundamentan el constructo de la brujería, os recomiendo encarecidamente que leáis Hadas, brujas y hombres lobo en la Edad Media, historia del doble de Claude Lecouteux.
Podría estimarse incluso la posibilidad de que las reuniones nocturnas que hallaron su punto definitivo en el Sabbat de las brujas, pero de las cuáles habían sido acusadas muchas sectas religiosas antes, pudieran beber incluso (quizá ya no tanto por nexo de herencia, sino como imaginería de inspiración) de los cultos mistéricos y/o extáticos de la antigüedad clásica como las bacanales, el culto a Dionisos, los Misterios Órficos o los Eleusinos, cuyas deidades principales (especialmente Pan-Fauno y Dionisos-Bacco) ya tienen estrecha relación con el diablo-macho cabrío del Sabbat.
Reuniendo los elementos comunes de estos vestigios, que distinguen a la brujería de otras prácticas de carácter mágico, podemos apreciar que la brujería:
- Posee un carácter extático y que como historiadores como Carlo Ginzburg (en su Historia Nocturna) y Emma Wilby (en The visions of Isobel Gowdie) o la etnógrafa Eva Pocs (en Between the living and the dead) proponen, podría recoger residuos de prácticas englobadas dentro de la chamanidad europea, similares o emparentadas con el chamanismo de otras zonas de Europa. Las herramientas principales de la brujería son los estados alterados de consciencia, frecuentemente obtenidos mediante el sueño, mediante el uso de enteógenos o mediante la exposición del practicante a situaciones inquietantes como la noche, los cementerios, los caminos y encrucijadas, lugares remotos, pruebas iniciáticas… El trance lleva a un vuelo del espíritu fuera del cuerpo o bien a una disolución del límite entre la realidad tangible y la intangible si se permanece en él, a un espacio de liminalidad. El Doble espiritual, representante de la parte del alma capaz de deambular, posee una gran importancia.
- Se fundamenta en el contacto con la Otredad y los espíritus. La bruja es tal porque interactúa con el Otro Lado y los variados seres que habitan en él, frecuentemente estableciendo relaciones de alianza beneficiosos para ambos.
- La Otredad a la que la bruja se aproxima se relaciona con el ámbito nocturno y con la naturaleza agreste más allá de la población, aunque a menudo pueda acercarse a ella en el ámbito doméstico; representa la contraparte del día (noche), la civilización (estado salvaje), la vigilia (mundo onírico), la acción pública (carácter secreto) la delimitación (vaguedad de límites, fluidez) y la vida (muerte).
- La brujería es un fenómeno de carácter mistérico (se observa el secreto y el conocimiento sólo es comprensible al que lo vive), iniciático (tradicionalmente, se es invitado a ella por una persona ya practicante o llamado/aceptado por un espíritu iniciador) y marginal, ya que a diferencia de la hechicería, que se movía en el ámbito de la sociedad tanto rural como urbana y era aceptada por la población, la brujería se movía al margen de la sociedad, se daba históricamente en zonas rurales y era muy mal considerada. La bruja era socialmente observada como parte de la Otredad, y como tal nunca podría ser totalmente aceptada por el orden establecido y la comunidad. Además, la bruja no es fiel a las normas o beneficios de la sociedad humana, sino más bien a los intereses de los espíritus. Tal y como mi compañero Vini de Monte comenta, de una forma que me parece muy acertada, la bruja es embajadora de los espíritus en el mundo humano, algo que contrasta en su parentesco con el chamán, que es embajador de los humanos en el mundo de los espíritus y reconocido por su comunidad.
- Siguiendo en la línea de lo expuesto en el punto anterior, la brujería es transgresora. Al no estar supeditada a los principios sociales de la comunidad, sino a los de la Otredad y a los suyos propios frecuentemente traspasa el límite de lo prohibido y rompe el tabú. Magia maléfica, herejía, destrucción, uso de elementos tabuizados como la sangre y los venenos, quebrantar la ley… De hecho, la bruja utiliza la transgresión del tabú como una herramienta de unión con la Otredad mediante el acto de renegar de los principios que la atan a la sociedad (que representa el orden habitual y la "realidad" física); mediante ello, salta el cerco hacia el Otro Lado y se empodera de ello.
- La brujería tiene carácter territorial. Se basa en el contacto con espíritus locales, los encuentros se producen a menudo en lugares reales del territorio o es desde ellos que se accede a los mundos intangibles. Cada zona posee sus propios espíritus iniciadores, tradiciones y creencias. Los aliados vegetales, animales o minerales que asisten a la práctica son también locales.
- En ocasiones, la brujería forma parte del mecanismo de acción de una causa espiritual mayor para cuál la bruja es llamada por la Otredad con una misión. Es decir, tiene un papel destinado. Este puede ser, por ejemplo, contribuir a que la rueda del ciclo natural siga girando (como el hombre lobo de Livonia), traer la prosperidad y la abundancia (comitiva de las Buenas Damas), luchar contra malos espíritus (benandanti), actuar como fuerza opositora de la vida en ciertos momentos del ciclo, alineándose con la destrucción y la muerte (como los malandanti o aquellos que van con las bruxes o la cacería salvaje…), o como antagonista de la sociedad (como la bruja hereje y demonólatra). Casi en todos los casos la causa espiritual para la que es llamada va en relación a los ciclos naturales de vida-muerte, generación de abundancia-destrucción.
- A menudo, de la práctica de la brujería podían extraerse beneficios personales, sobre todo conocimiento, capacidades mágicas y prosperidad otorgados por los espíritus aliados a cambio de la colaboración con ellos.

Bruja montando en un macho cabrío, Albrecht Dürer (c. 1500-1501)
¿Y qué hay de la brujería tradicional moderna?
Una vez hemos indagado en las características que fundamentan la práctica espiritual de la brujería a nivel histórico, queda plantearnos qué sentido tiene todo esto a día de hoy y de qué va entonces la brujería tradicional moderna.
En mi opinión, la brujería tradicional moderna sigue manteniendo en vigencia la mayoría de los principios anteriores de una forma u otra; eso es lo que la convierte en lo que es. Pero frente a todo lo expuesto, nos hallamos ante una encrucijada (qué raro, hablando de brujería): a la hora de decidir lo que vamos a practicar, desde el punto de vista de alguien ajeno al fenómeno en su periodo histórico original, ¿dónde ponemos el límite entre las prácticas de origen pagano que fundamentan la brujería, de las cuales sólo tenemos vestigios, y que técnicamente no son brujería en sí (no olvidemos que este término no existía), y las creencias propias de la brujería, que incluyen imaginería demonólatra y herético-cristiana? ¿Hasta qué punto las experiencias atestiguadas en la documentación histórica forman parte de una creencia real o de una imposición de los estamentos de autoridad en los juicios? ¿Tiene sentido que bajo un paradigma animista y pagano, como el que es inherente a la brujería, utilicemos dichos elementos cristianos?
Ya os adelanto que estas no son preguntas de una respuesta única o correcta. Si bien la brujería se fundamenta en una variedad de prácticas paganas antecesoras, a lo largo de la Edad Media y, especialmente, en la Edad Moderna preindustrial se construye sobre toda una serie de mutaciones e introducciones provenientes del cristianismo, evidentemente en gran parte por la introducción eclesiástica pero también porque el paradigma del pueblo era esencialmente cristiano. Por eso, en muchos casos, eran los mismos practicantes los que percibían su experiencia en la brujería o la hechicería bajo la cosmovisión cristiana sin necesidad de coacción (eso sí, no bajo una visión cristiana eclesiástica sino cristiana popular, mucho más laxa y empapada de paganismo subyacente). Esta gente bien podía hacer pactos con el diablo o demonios, poseer demonios familiares, ir a un banquete de hadas y que todo se desvaneciera por haber dicho “Dios mío”… Esa era su experiencia, y no seré yo quien la ponga en duda, porque creo que la Otredad toma muchas formas y caras.
Si os fijáis, en los puntos del apartado anterior que caracterizan la brujería no he incluido elementos católicos o demonológicos directamente, aunque podrían englobarse dentro de algunos de ellos. Esto es porque creo que no es imprescindible incluirlos (al final, por ejemplo, las mujeres que se iban a deambular de noche con las Buenas Damas se movían en una práctica puramente pagana), pero creo que sí es imprescindible tolerarlos a la hora de documentarnos y reflexionar en orden de comprender en su totalidad el fenómeno de la brujería y no solo sus prácticas paganas antecesoras. Si bien, por ejemplo, encuentro la introducción del Diablo como espíritu iniciador algo opcional, sí considero (por mi investigación, y sobretodo por mi gnosis y experiencia) que la brujería se conformó como un arte opositor, nocturno, más cercano al Otro Lado que a este y estrechamente unido a la destrucción y la muerte (ya sea por sí misma, o por ser el vehículo necesario para la nueva vida). Desproveerla de ello me parecería desproveerla de su sentido espiritual más profundo.
La brujería tradicional moderna que podréis encontrar en diversos autores bebe esencialmente de la brujería tardomedieval y de la Edad Moderna preindustrial (o, al menos, de lo que conocemos de ella y de lo que tesis como la de Carlo Ginzburg propusieron) e incluye por ello elementos tanto paganos como heréticos. Sin embargo, es evidente que también se ha conformado en base a otras corrientes esotéricas modernas; de hecho, la brujería tradicional moderna nace en el siglo XX como oposición a la Wicca (lo cuál ya la dota de una gran influencia de la misma), contraponiéndose a muchos de sus principios y buscando una adhesión a lo que su pionero Robert Cochrane consideraba verdaderamente brujería tradicional. Cabe decir que, como era común en el esoterismo de mediados del siglo XX, esta primera etapa de la brujería tradicional moderna poseía muchos elementos de magia ceremonial del mismo modo que los poseía la Wicca, y fue con el tiempo que fueron tomando mayor importancia aquellos de carácter más folklórico y orgánico provenientes del curanderismo y el cunning folk británico, dando mayor peso a las tradiciones populares y la “baja magia”. Por otro lado, también hubo otra serie de corrientes esotéricas que alimentaron su faceta de vía mistérica, especialmente de aquellas englobadas dentro del sendero de la mano izquierda (que buscan la iluminación a través de la transgresión del tabú y de indagar en la parte oscura de la polaridad), como pueden ser la Thelema de Aleister Crowley, el Luciferismo, la Vía del Veneno o la Vía Sabática y el Sendero Torcido (Crooked Path) de tradiciones como el Cultus Sabbati, fundado por Andrew D. Chumbley y actualmente dirigido por Daniel A. Schulke, autor de Veneficium.
En lo personal, si bien hallo muy interesantes las aportaciones de estos autores y valoro el gran papel que han tenido en la brujería tradicional moderna, creo que el acceso a la brujería tradicional puede ser algo más simple y orgánico, y este es el camino que he transitado yo. Mi sendero se ha conformado principalmente a base de interpretar por mí misma la documentación histórica y experimentar con mi propio territorio, acercándome a sus espíritus y sus tradiciones, sin necesidad de adherirme a lo que otros autores practicantes han interpretado de la brujería tradicional (aunque en diversos aspectos, coincida con ellos en mis conclusiones y, evidentemente, haya aprendido algunas cosas de ellos). Esto es algo que ha sido muy difícil por la falta de referentes locales, pero muy bueno porque me ha permitido conformar una práctica desde cero, sin el sesgo de fundamentarme en información filtrada por las conclusiones de otros o tener el camino pautado. Lo que me ha guiado ha sido la escucha activa de las fuentes históricas y folklóricas a mi alcance, la experiencia de otros buscadores cercanos igual de perdidos que yo, mi propia experiencia y la compañía de la Otredad.
Y quizá, por ello, aunque usualmente utilice el término “brujería tradicional” para definir mi práctica por su sencillez y fácil comprensión, de forma técnica debiera escindirme un poco del mismo (porque como veis, da nombre a una corriente definida por unos autores y unas pautas concretas y, además, “tradicional” es un término discutible en este contexto en cuanto a que el término refiere a una práctica que ha sido transmitida de forma ininterrumpida y directa, lo cuál no es el caso), y llamar a lo que yo practico “brujería folklórica”. La brujería que recoge el folklore de mi territorio. Aunque esto es solo una reflexión, ambos términos me parecen bien.
Pilares de la brujería tradicional moderna
Así pues, haciendo un balance entre la brujería tradicional moderna y mi propia interpretación de la misma, podría establecer ciertas áreas de práctica o conocimiento que recomiendo comenzar a trabajar a aquellos interesados en esta Vía. Para mí, estos son los pilares de la práctica (y no os preocupéis, que iremos tocándolos en posteriores artículos, así como recursos que podéis utilizar para profundizar en ellos).
- Cambio de paradigma a una forma de ver el mundo y la Otredad más acorde con la que se tenía en el contexto en el que se dio originalmente la brujería. La vida post-industrial, racionalista e hiperescéptica nos ha robado mucho en este sentido, y hay fenómenos que sólo podremos vivir si rompemos esas cadenas. A este fin, recomiendo muchísimo leer el capítulo 10 (An old way of seeing) de The visions of Isobel Gowdie; Magic, Witchcraft and Dark Shamanism in Seventeenth-Century Scotland de Emma Wilby o el capítulo 5 (The key that fits no lock) de A Deed without a name, de Lee Morgan.
- Fortalecimiento del Doble y aprender a identificar, transitar y provocar estados alterados de consciencia. Son la base a través de la cuál se dará el encuentro con la Otredad. Puede indagarse también en otras partes constituyentes del alma en el folklore europeo, como pueden ser la fylgja o fetch, el espíritu acompañante o familiar (o su alma más primaria y animal, dependiendo del paradigma) que a menudo asiste a la bruja.
- Dentro de los EAC, trabajo de sueños; tanto el cambio de paradigma respecto a su importancia como lograr recordarlos, vivirlos de forma lúcida y aprender a transitar y aprovechar los estados de duermevela (hipnagogia). La brujería, en la mayoría de casos, sucedía en sueños.
- Trabajo perceptivo para lograr una comunicación activa con los espíritus. Si cuesta abrir esta percepción, habituarse a uno o varios sistemas oraculares en los que poder apoyarse.
- Acercamiento a la necromancia y al trabajo con los espíritus feéricos del territorio. Son dos de los tipos de espíritus con los cuáles la bruja ha establecido alianzas cercanas tradicionalmente.
- Exploración del territorio, tanto su faceta física como su faceta espiritual, su historia y su folklore. Buscar conexiones con la brujería en eventos del pasado y leyendas locales. Conocer a sus habitantes animales, vegetales y minerales. Especialmente los dos primeros han tenido una gran importancia en la brujería y la hechicería tradicionales como espíritus aliados.
- Indagar sobre los espíritus iniciadores de la brujería en el folklore local, si es que se logra identificar a algunos. Por ejemplo, en mi territorio son el Boc de Biterna y las Bones Dones. También indagar sobre lugares del territorio relacionados con la brujería y/o el encuentro con espíritus y acercarse a conocerlos, con posibilidad de establecer un trabajo en ellos.
- Observar la estacionalidad de la práctica y de las leyendas y mitos relacionados con la brujería. La brujería se relacionaba especialmente con ciertas fechas y periodos anuales, con un trasfondo que podría remitir a su función metafísica en el ciclo natural. Aún así, animo a no sacar conclusiones de dicha función mayor, simplemente estar abiertos a la gnosis sobre ello que pueda surgir a raíz de la práctica. Vivir e integrar los ciclos naturales de todas las formas que nos sea posible, conciliando nuestra vida con ellos.
- Romper los límites. De la forma que cada uno considere dentro de su propia ética, la transgresión de límites o tabús sociales o personales es la base de las corrientes del Sendero de la Mano Izquierda. Indagar en la propia sombra y exponerse a ella puede ser la fuente de un gran conocimiento, de vivir experiencias insospechadas y de hallar un poder personal y una liberación desconocidos hasta entonces. Este “sacrificio” de los límites es una forma de reconocer la Otredad en nosotros y acercarnos a ella y sus misterios, renunciando temporalmente a nuestra humanidad para transformarnos en algo más.
- Dar espacios a que la Otredad se acerque a nosotros, y acercarnos nosotros a ella. Buscar pasar tiempo consciente en lugares y momentos liminales. Estar atentos a sus símbolos y manifestaciones en nuestra vida. Practicar, practicar y practicar, trabajo de trance, adivinación, rituales, toma de contacto con espíritus…
- Practicar hechicería popular. Si bien hemos comentado que son dos prácticas distintas, brujería y hechicería han ido de la mano con mucha frecuencia, y la hechicería puede enriquecer mucho la práctica de brujería. Para la mayoría de autores de brujería tradicional moderna, la bruja debe saber practicar hechicería.
Finalmente, si acaso os puedo proponer un ejercicio práctico concreto tras tanta disertación (aunque con los bloques propuestos tenéis práctica para rato), este sería que evaluarais cuáles son vuestras expectativas de emprender este sendero. ¿Por qué queréis dirigiros hacia él? ¿Qué esperáis de la brujería tradicional? ¿Qué esperáis de la Otredad? ¿Qué creéis que sucederá una vez tengáis una práctica bien establecida? ¿Iréis al Sabbat? ¿Se os entregará un espíritu familiar?
Tomad todas expectativas y tiradlas a la basura, porque no dejarán que viváis la verdadera experiencia aceptándola tal como es, y os atraparán en frustraciones producidas por vuestro propio juicio ignorante. La Otredad jugará con vosotros y se os escapará entre los dedos. Nadie sabe lo que va a suceder al emprender este camino, ni siquiera tras años transitando en él. Nadie conoce una mínima parte de lo que la Otredad y la brujería son en realidad, más que en su acuática y oscura naturaleza, son maravillosamente impredecibles.
Y, al final, el motivo último de vuestro deseo de acercaros a este sendero, el motivo que realmente os llevará a prosperar en este camino, no será el poder, ni la consecución de esas expectativas, ni siquiera la búsqueda del conocimiento. Será una chispa interna que sin saber cómo, por qué ni para qué, prenderá y arderá con fuerza a cada paso que deis en esa dirección. Una fuerza inexplicable que os hará sentir que ese es vuestro lugar. La bruja fue y será siempre elegida por la Otredad. Y una vez hemos sido tocados por ella, ¿acaso tenemos elección?
Experimenta todo lo que puedas, superando el miedo a equivocarte, a hacer algo mal, a las consecuencias de no tener el control de todo, porque no lo tendrás. La brujería no es un arte para cobardes.
Pero el valor es una virtud que se entrena, si se tiene esa llama interna.
Y estoy segura de que eres más valiente de lo que llegas a imaginar.
Esto es todo por el día de hoy, y espero con ello haber hecho una introducción digna de tan fascinante tema. Si tenéis dudas o áreas de interés en las que queráis que me explaye concretamente en próximas entregas de esta serie (dentro de la brujería tradicional, obviamente), podéis dejármelas en comentarios.
¡Un abrazo!