La Protección en la Magia Popular II
Added 2021-12-26 16:01:01 +0000 UTC¡Muy buenas! Retomamos la segunda parte del artículo de la semana pasada. Tras una introducción sobre la magia protectora en el folclore y los atributos básicos de los elementos tradicionales asociados este fin, nos introdujimos en los mecanismos de acción de los mismos. Hablamos de 1. Los elementos protectores que actúan indirectamente por acción inversa y 2. Los elementos protectores por principio de aversión. Nos reenganchamos a la segunda parte con la tercera categoría:
3. Elementos protectores por principio de oposición
Como tercera categoría de acción destacamos los elementos protectores que actúan por oposición: son aquellos que se presentan en contraposición natural al elemento del cuál uno se quiere prevenir. Dentro de esta categoría encontramos muy reflejada la dicotomía de la luz contra la oscuridad y el bien contra el mal, pero también aquellos elementos, hechizos o conjuros diseñados específicamente para oponerse contrarrestando a una amenaza concreta. En todo caso, al utilizar protecciones del tipo de oposición se confía en que el elemento utilizado sea más fuerte que el elemento dañino, o al menos que esté al mismo nivel para que se neutralicen mutuamente; de no ser así, la protección no funcionaría. Algunos ejemplos a destacar son los siguientes:
- Signos y elementos solares: actúan bajo la premisa popular de que el sol es el opositor de los malos espíritus, los espíritus ctónicos (como muchos feéricos) y los muertos, que en el folclore se creen pertenecientes al ámbito nocturno y subterráneo. Por simpatía, tal y como el sol previene de la oscuridad en la naturaleza, aquello que lo imita tiene la virtud de prevenir y mantener alejado aquello que pertenece a la noche. Por este motivo, los signos y elementos solares, como son las cruces solares, los círculos, las hexafolias, las estrellas, los lauburus, las carlinas, los cardos, el laurel, el color amarillo o blanco, el fuego o la luz se han utilizado para protegerse de estos espíritus y también, especialmente, para reforzar y substituir al sol en sus funciones apotropaicas durante el invierno y durante las horas nocturnas. Los signos solares son útiles también indirectamente por acción inversa en materia de protección contra las enfermedades, la mala suerte o la escasez, puesto que el sol se considera salutífero y portador de prosperidad, buena fortuna y abundancia (no olvidemos su estrecho nexo con la cosecha y el cereal). De este modo, muchos de los elementos comentados son considerados no solo protectores, sino amuletos atrayentes de estas cualidades.

Hexapétala en collar de ganado, Casa Sintet, Alins. Fuente
- Elementos antagónicos: siguiendo el mismo principio que con los signos solares, existen otros elementos que se utilizan para contrarrestar su opuesto a un nivel más concreto por un principio de enemistad natural. Por ejemplo, contra los feéricos, espíritus naturales, se ha utilizado tradicionalmente el hierro, que por ser trabajado en la forja representa la transformación de la materia natural en un elemento no natural a través del fuego y la acción humana. En cierto modo, el hierro se entiende como fruto de la traición del hombre a la naturaleza, puesto que utiliza un regalo de la misma para transformarla en armas con un potencial dañino enorme que después utiliza contra ella. De hecho, curiosamente, existen menciones de maldiciones en que los clavos que se debían clavar en la tierra junto a la casa del sujeto a maldecir requerían de haber sido realizados sin la acción del fuego, sólo mediante la acción mecánica1. (¿Quizá una forma de no ofender a los espíritus del territorio y que contribuyan a la maldición?) Otro ejemplo de elemento apotropaico es la sal, especialmente eficaz contra los muertos y los espíritus ctónicos (como son también los feéricos), porque se considera una materia pura e incorruptible que perpetua la vida, ya que impide la putrefacción, la acción de la muerte y de los muertos y de los espíritus de la tierra relacionados con ella.
- Oposición por intercesión de poder: en esta categoría consideramos aquellos objetos y oraciones que interpelan a una figura espiritual o divina que en la creencia del sujeto es superior en jerarquía y en poder a la amenaza. En el sustrato cristiano del folclore, muchos males, amenazas, desgracias y malos espíritus se creen al final producidos por el diablo. Por ese motivo es común contar con la intercesión de Dios, Jesús o los santos, opositores del diablo y representantes del bien, para protegerse de ellos. Rosarios, escapularios, crucifijos, medallas, estampas, representaciones o figuras, oraciones para pedir su intercesión, tener su favor o traer su presencia a la situación... En el caso de los santos, destaca mucho la atribución a cada santo de poder sobre ciertos elementos, normalmente relacionados con su martirio, remitiendo así vestigialmente al politeísmo pagano: San Benito contra el mal y el diablo, Santa Lucía para proteger de los males de la vista, Santa Quiteria para las mordeduras de perro y de la rabia, San Antonio de Padua contra los robos, San Antonio Abad o San Francisco de Asís para proteger al ganado y los animales, San Jorge para los cultivos, Santa Marta en los momentos difíciles...
Del mismo modo, en el pasado pagano también se pedía la intercesión de los dioses o espíritus para la protección: por ejemplo, tener complacidos a los espíritus domésticos y de los ancestros con un culto periódico protegía el hogar de la desgracia, amuletos como la cruz de Brigid protegían contra incendios, la lúnula, relacionada con Diana, protegía a las jóvenes vírgenes romanas, el mjollnir cuidaba de su portador, las ofrendas a Hécate o Hermes en una encrucijada protegían al viajero en el camino...
En esta categoría podríamos incluir también el uso de oraciones, elementos o hechizos de protección que contrarrestan la amenaza por intercesión de su propio poder. Existen muchísimas oraciones tradicionales a las que se les dota de poder a base de haber sido utilizadas durante mucho tiempo para este fin, generando un efecto egregórico en que su uso reiterado y la fe de tantas personas depositada en ellas las ha cargado de energía. También encontramos amuletos como el detente enemigo o detente bala, realizados específicamente para oponerse a una amenaza concreta.
Finalmente, cabe considerar también la protección por intercesión del propio poder de la persona que las lleva a cabo, que por lo tanto debe tener plena confianza en que su poder es superior a aquello de lo que se quiere proteger. Veremos más de esto en el último apartado del artículo, cuando hablemos de la fe.
4. Elementos protectores por principio de ocultación
Otro mecanismo de acción muy común en la protección mágica es la ocultación del elemento a proteger para impedir así que sea advertido correctamente por la amenaza, pasando esta de largo o errando en su objetivo, lo que permite esquivarla. Entre ellos podemos encontrar:
- Imitación y mimetización: Un legado realmente interesante que nos han dejado ciertas celebraciones de origen pagano durante la mitad oscura del año, como los carnavales, las fiestas del solsticio de invierno o el día de difuntos son sus costumbres apotropaicas basadas en la mimetización. En estas celebraciones abundan las tradiciones que refieren a disfrazarse imitando a los malos espíritus o a los muertos con la intención de engañarles y pasar desapercibido entre ellos, esquivando así los posibles daños que quisieran efectuar sobre nosotros.
Una variante también muy popular de esto sería el uso de la magia contagiosa para ganarse la afinidad del elemento del cuál uno se quiere proteger, anticipando su acción y quedando bajo su protección, actuando bajo el principio lógico de que no va a dañarse a sí mismo. Es el caso del uso de madera de un árbol tocado por el rayo para protegerse del rayo, colgar una cola de lobo en el establo o llevar su muela para prevenirse de su ataque, llevar un hueso de muerto, una aguja de amortajar o un fragmento de cuerda de colgado para evitar la muerte y la acción de la ley...

Cucurrumachos en los carnavales de Navalosa. Fuente
- Distracciones: Otra forma interesante de ocultar un elemento a proteger es distraer la mala energía o al mal espíritu con otra cosa para que no lo alcance. Por ejemplo, en toda Europa encontramos la creencia de que los espíritus nocturnos, los muertos o ciertos feéricos como duendes se ven irremediablemente obligados a contar las legumbres, semillas o pequeños objetos contables que se les pongan por delante. A ese fin encontramos medidas apotropaicas basadas en dejarles platos de legumbres (sobretodo habichuelas y lentejas) en la entrada o unas cuantas esparcidas frente a la lumbre, colocar una castaña en cada escalón de la casa en la noche de difuntos, echar un puñado de grano en las cajas de los difuntos2, colocar una carlina en la puerta, que además de ser un signo solar tiene múltiples pétalos que deben ser contados...
- Sacrificios: Entran en esta categoría las ofrendas disuasorias, como por ejemplo el espejo, pan y vino que se atestiguaba dejar contra el Trip Reial en el siglo XVI3, a fin de que se distrajeran con ello y no mataran a los recién nacidos. Otros ejemplos son las ofrendas que se entregan como pago, sobretodo en el exterior de la casa, para evitar que los malos espíritus entren en ella; antes de que tomen ellos de mala manera, se les paga un tributo voluntario. Esto queda atestiguado también como una medida de protección doméstica tremendamente popular en toda Europa hasta la Edad Moderna, y son los sacrificios que se enterraban en los cimientos de las construcciones como pago voluntario a los espíritus locales para evitar que se cobraran ellos una vida a cambio del terreno cedido. De esta forma, se obtenía su beneplácito y su protección para la nueva edificación4.
Otra tipología de sacrificio interesante son aquellos amuletos que se interponen entre el sujeto protegido y la agresión, absorbiendo el impacto y quedando consecuentemente inutilizados habiendo protegido al objetivo. Es el caso de la figa de azabache, popular amuleto contra el mal de ojo cuyo agrietamiento o fractura se considera señal de haber recibido una maldición o aojamiento que iba dirigida a su portador. Tras la ruptura, el amuleto que ha sido sacrificado en lugar del objetivo debe ser enterrado y sustituido por otro nuevo.
- Señuelos: Se utilizan como señuelo aquellos elementos que atraen al mal hacia sí, desviándolo del objetivo y neutralizándolo. Es el caso del color rojo que, popularmente, por ser el color de la sangre y la vida atraía a los espíritus y a los muertos, que buscan la vitalidad. El rojo se utiliza sobretodo en hilos y cordones enredados, para que el mal atraído se quede atrapado en ellos, y en pulseras o colgantes que portan a su vez nudos o amuletos neutralizadores como la figa. Otro color utilizado de forma similar es el negro, que en el caso de amuletos suele considerarse un señuelo para los malos espíritus y energías por afinidad, atrayéndolos y absorbiéndolos dentro de sí. Este es el caso de la obsidiana o el azabache. Otro ejemplo muy popular de señuelo es la botella de bruja, que reúne en su interior cabello, sangre, orina, uñas o saliva de su propietario junto con elementos neutralizadores del mal: sal, vinagre, ajo, hilos enredados, agujas, clavos oxidados, cristales... La botella de bruja se suele enterrar en los límites de la propiedad o cerca de alguna apertura de la misma, como la chimenea o el umbral de la puerta, para que el mal dirigido a la persona se tope antes con ella y crea haber alcanzado su objetivo.

Botellas de bruja, s. XVII. Ashmolean Museum, Oxford. Fuente
- Invisibilidad: finalmente, existe la posibilidad mágica de ocultar el elemento a proteger de la vista de la amenaza haciéndolo de alguna forma invisible. Es el caso del uso del color negro en vestiduras, cajas o envoltura de los elementos a ocultar, entendiendo que la oscuridad no permitirá que sean vistos. Aunque aparentemente esto supone una contradicción con el uso del negro descrito en el punto anterior, en el folclore es muy común la multiplicidad de usos de un mismo elemento, con pequeñas variaciones en la forma de empleo incluso para obtener resultados opuestos. Frente a esto cabe decir que lo relevante es la creencia e intuición del individuo, así como la intención puesta en el uso de ese elemento. Otro ejemplo de protección por ocultación es el empleo de plantas como la hiedra, que cubren y tapan.
5. Elementos protectores por principio medicinal
Dentro de esta categoría, aunque de una forma considerablemente mixta con la magia purificadora, encontramos elementos (generalmente plantas) que por sus propiedades medicinales han resultado entendidas como plantas protectoras también a un nivel mágico. Se trata esencialmente del grupo de los antisépticos: tomillo, romero, ajo, laurel, lavanda, orégano, albahaca, salvia, olíbano, mirra, ciprés, pino... En la etnobotánica, los antisépticos, capaces de proteger de la enfermedad y de combatirla, se han entendido también como capaces de proteger y combatir a los malos espíritus y otras “enfermedades” mágicas o del alma.
El mecanismo imprescindible: la fe
Finalmente, cabe mencionar un elemento presente en prácticamente la totalidad de la magia protectora y considerado como determinante a la hora de su eficacia: la fe. Si bien muchos de los elementos comentados se consideraban poseedores de una virtud mágica de forma intrínseca, para muchos otros se consideraba necesaria la plena creencia y confianza en su eficacia para que funcionaran. Era la fe lo que desvelaba y accionaba sus propiedades ocultas, y en muchos casos podría considerarse que era esta misma fe lo que realmente les otorgaba su facultad. Es así como popularmente no eran necesarios grandes ritos o complicados amuletos para el fin mágico, sino simplemente una gran fe puesta en una acción tan simple como trazar una cruz en el suelo o rezar un padrenuestro. Aunque la fe es un asunto profundamente permeado en la magia popular a causa de la importancia que se le da en cristianismo, es también un elemento que desde tiempos precristianos se consideraba importante en la práctica hechicera y sigue estando a la orden del día: la fe es el reflejo de la seguridad personal, la confianza y una intención muy clara, y estos son aspectos imprescindibles para la magia.
Llegado el final del artículo, no me queda más que agradecer la lectura y esperar que haya resultado de utilidad. Como siempre, ¡agradezco enormemente aportaciones y comentarios! En este caso, si conocéis amuletos o ritos protectores de carácter tradicional que no he mencionado, me iría de maravilla que me los escribáis en comentarios acompañados del lugar en el que sabéis que son típicos.
¡Muchas gracias, un abrazo a todos y felices fiestas!
1Folklore de Catalunya. Joan Amades pg. 938
2Botánica funeraria. Celestí Barallat.
3Origens i Evolució de la cacera de bruixes. Pau Castell
4The tradition of household spirits. Claude Lecouteux