La protección en la magia popular I
Added 2021-12-19 16:06:54 +0000 UTC¡Buenas tardes a todos! En el día de hoy os traigo uno de los temas que me dijisteis que os interesaba en comentarios, la magia defensiva y protectora. Sin embargo, por la extensión del tema y lo que creo que vale la pena tratarlo sin comprimir, he decidido separar este gran bloque en tres grupos más concretos: magia protectora, magia defensiva y magia purificadora, que si os gustan tendrán cada uno su propio artículo. Aún así, escribiendo este primer artículo me di cuenta de que iba a ser larguísimo y que quizá lo mejor sería partirlo para hacerlo más digerible, os animéis más a leerlo y no os asustéis al ver el testamento. Como realmente es un mismo artículo partido en dos partes, subiré la primera hoy y la segunda la semana que viene, en vez de la siguiente, como hacemos normalmente, y la siguiente seguiremos con el artículo que toque de la forma habitual. Espero que os guste, y ¡vamos allá!

Retrato de la infanta Ana de Austria, pintado por Juan Pantoja de la Cruz en 1602. Fuente
¿Qué consideraremos como magia protectora?
Entenderemos como tal aquella magia destinada a impedir la influencia o acción de fuerzas externas negativas sobre un elemento, ya sea lugar, objeto o ser vivo. De esta manera, la magia protectora busca proporcionar un escudo que desvíe o amortigüe el daño que podría producirse o dirigirse al sujeto protegido. En este punto, para facilitar la explicación, separaré la magia protectora de la defensiva considerando la primera como protección pasiva y la segunda, que trataremos otro día, como protección activa. Por ejemplo, en este segundo grupo encontraríamos los hechizos de rebote y las maldiciones o ligamentos realizados con fines defensivos. Entendamos aún así que esta es una división artificial en beneficio de la didáctica, porque como veremos hoy, en la magia protectora folclórica acostumbraremos a encontrar muchos elementos mixtos o que actúan en variable medida en ambos niveles.
Al empezar a pensar sobre este artículo, no pude evitar hacer la siguiente reflexión: es evidente que hay innumerables elementos que protegen, atestiguados en el folclore y utilizados a día de hoy por muchos de nosotros. Los conocemos, nos sabemos sus asociaciones y su tradición. Pero, ¿por qué motivo protegen? ¿Qué mecanismos determinan la habilidad de un elemento mágico para protegernos? ¿Protege todo contra todo? ¿Cómo elegir un elemento protector que se ajuste a lo que necesitamos?
Planteándome estas cuestiones, me pareció que lo más interesante sería reunir un buen número de variados elementos de la magia popular con atributos apotropaicos y protectores, contemplarlos en conjunto y presentar así sus aspectos comunes y sus divergencias para comprender el sustrato en el que se fundamentan. Así, todos los elementos que mencionaré en el artículo (por inverosímiles que parezcan algunos) han sido utilizados tradicionalmente para el fin que nos ocupa.
Para empezar, los elementos protectores en la hechicería popular son tan innumerables como variados en naturaleza. En primera instancia encontramos los elementos naturales, que tradicionalmente se consideran dotados de poder de forma intrínseca e innata: entre ellos hallamos plantas, animales y minerales. De ellos, es común el uso de ciertas partes concretas siguiendo normalmente la premisa de la magia imitativa: aquello con la facultad de proteger a la planta o al animal, o cuya forma recuerda simbólicamente a la protección, podrá proteger de forma mágica. Tenemos ejemplo popular de esto en la garra de ave, la piel de serpiente, las espinas de endrino, la cápsula de estramonio, la flor de cardo, la cáscara de huevo, el saco amniótico... En otras ocasiones, la parte a usar resulta más bien indiferente, puesto que se dota a todo el elemento de su virtud protectora, como sucede con el hinojo, el laurel, el azabache o el coral, y aún en otras ocasiones es común que se requiera usar su totalidad, como sucede con la carlina.
Estos elementos naturales protectores podían utilizarse para elaborar preparados varios para aplicar sobre personas, edificios o ganado, como fumigaciones, baños, pinturas, como en el caso de la cal, y también servir en procesos rituales, como por ejemplo a modo de hisopos para asperger agua. Sin embargo, en primera instancia acostumbraban a ser utilizados como amuleto, colocándolos cerca del objeto o sujeto a proteger. En casa solían colgarse en la puerta o en su marco, así como en las ventanas y la chimenea, consideradas los puntos débiles del hogar; lo vemos en el laurel o la palma de domingo de ramos, el espino albar, la rosa canina, la retama... mientras que para proteger al ganado o al grano se acostumbraban a colgar de una viga del establo o el granero, que era el caso con esqueletos de sapo, serpiente o una cola de lobo. Podían también emparedarse o enterrarse bajo el pavimento o en el límite de la propiedad. Entre las personas, lo común era portarlos cosidos a la cara interna de la camisa o colgados cerca del corazón o a la altura de los órganos reproductores, entre las faldas.
Lo mismo aplicaba a los elementos protectores artificiales, que se presentaban en infinidad de formas: estampas, escapularios, medallas, pequeños objetos variados como la aguja de amortajar, las cruces de palma de domingo de ramos, ciertas monedas... Algunos de estos elementos artificiales se consideraban, como los naturales, dotados de virtud intrínseca sin necesidad de ser creados para ello, como sucedía con la cuerda de colgado o el rosario, mientras que otros resultaban talismanes realizados específicamente para ejercer tal labor, como los detentes o los grabados de cruces o hexafolias en los collares de madera del ganado. Estos últimos recaen dentro del amplio campo de los símbolos, sigilos y trazados mágicos, muy populares en la magia de protección y encontrados tanto en talismanes a llevar encima como trazados en los muros, vigas o puertas de las edificaciones: cruces, círculos, estrellas, hexafolias, cruces solares, lauburus, trisqueles...
Entre los amuletos, tanto artificiales como naturales, destacaban también aquellos que eran de alguna forma inusuales, considerándose su rareza como un potenciador de su poder: este era el caso de las columnarias o las piedras horadadas, aunque se entendía como un fenómeno vigente en todo tipo de amuletos, no solo los referidos a la protección. Del mismo modo, se creía que fuera cual fuera el amuleto o talismán, poseía virtud especial si era encontrado, robado o dado, creyéndose en ocasiones incluso que carecería de poder de no ser así.
No olvidemos que no todos los elementos mágicos protectores eran físicos: además de amuletos, talismanes y preparados mágicos, existía una amplia variedad de magia protectora basada en acciones: gestos, conjuros, hechizos, expresiones orales... Por ejemplo, contra el mal de ojo, al pasar cerca de un enemigo se realizaba el gesto de la higa con la mano; para evitar una desgracia, se tocaba madera o se santiguaba, mientras que para evitar enfermar al estornudar se decía (y sigue diciéndose) “Jesús” o “salud”. Existen centenares de conjuros recitados y a veces acompañados de cierta ritualística como atar nudos, el más simple y extendido de ellos el padrenuestro. Los había para la protección personal (“Mal donat, mal ignorat, així quedis mort i escanyat (...)”), para la protección del hogar (“En nom de Déu jo tanco la porta, que cap mala persona o cosa que la pugui passar, al punt quedi morta (...)”) para la protección en el camino (Parenostre del llop)... Otros ejemplos de acciones mágicas protectoras podían ser tocarse los genitales, trazar un círculo en el suelo y meterse dentro o circunvalar una propiedad portando un fuego.

Detalle de la infanta Margarita Francisca, de Santiago Morán, hacia 1610. Fuente
Habiendo realizado esta revisión general de los elementos protectores en la tradición popular, lejos de considerarlos mera superstición, resulta tremendamente interesante contemplar su coherencia interna comprendiendo su lugar y su sentido en la estructura de creencias del pueblo, estructura que permaneció en la cultura y el folklore desde tiempos precristianos. La magia protectora funciona bajo unos principios concretos (basados en la magia de simpatía y de contagio) que a menudo fueron olvidados hace mucho, pero que siguen siendo un trasfondo visible en sus diferentes expresiones tradicionales. Como practicantes, resulta muy útil comprender esta estructura interna a través de la observación comparativa de las diferentes prácticas populares para así entender el mecanismo de acción de los elementos apotropaicos, a fin de poderlos aplicar de la mejor forma y utilizar este conocimiento para la creación de nuestros propias protecciones mágicas.
Así, he querido clasificar los mecanismos de acción de la magia protectora en cinco grupos principales que describiremos en este artículo: elementos protectores indirectos por simpatía inversa, elementos protectores por principio de aversión, elementos protectores por principio de oposición, elementos protectores por principio de ocultación y elementos protectores por principio medicinal. Debe considerarse, aún así, que tal y como se comentó al inicio, es común encontrar apotropaicos tradicionales que remitan a más de un mecanismo de acción, o que incluso no terminen de encajar en ninguno de los expuestos. Esta es meramente una propuesta general dispuesta a ayudar a entender a grandes rasgos los mecanismos más comunes, pero no es para nada exhaustiva.
A riesgo de que pueda ser algo menos ordenado tener esta clasificación dividida en dos posts, pero para no cortar el rollo ahora que íbamos a meternos en materia, en esta ocasión veremos los dos primeros, y la semana que viene los restantes.
1. Elementos protectores indirectos (por simpatía inversa)
Antes de entrar en mecanismos de protección directa, cabe mencionar que muchos elementos mágicos tradicionales se consideran protectores de forma indirecta porque poseen virtud en el aspecto contrario a la amenaza de la que uno se quiere proteger. Este tipo de protección actúa por simpatía, puesto que el elemento atrae aquel aspecto positivo que representa, y por lo tanto contrarresta de forma natural su carencia o su elemento opuesto. Por ejemplo, contra la mala suerte, se utilizaría un amuleto que atrae la suerte, como la pata de conejo. Así es como una moneda en la cartera protege de la escasez económica, un colmillo de jabalí contra las dificultades en la dentición de los niños y una ramita de coral rojo, que imita una vena, para mantener la vitalidad y prevenir las enfermedades sanguíneas y cardiovasculares.

Pata de conejo engarzada en plata, s. XIX. Fuente
2. Elementos protectores por principio de aversión
La aversión es el rechazo que algunos elementos suscitan por resultar de algún modo desagradables, y es el principio que fundamenta a un gran grupo de elementos tradicionales protectores. El principio de aversión se fundamenta en causar molestia a los espíritus, personas o energías potencialmente dañinas para que se alejen, o bien en presentar un elemento amenazante que se interponga entre ellos y el objeto a proteger y que, por lo tanto, los disuada de acercarse y ejerza de escudo. Estos elementos pueden actuar por acción directa o por simpatía. Podemos destacar entre ellos:
- Elementos que pinchan, cortan o dañan: plantas espinosas (rosa, endrino, espino, zarza, cardos...), irritantes o picantes (ortiga), garras de tejón, rapaz y otros animales, dientes, agujas, cristales rotos, clavos oxidados...
- Elementos de olor y sabor desagradable: ajo, pimienta, cebolla, ruda, ajenjo, azufre, vísceras de pescado...
- Elementos molestos u ofensivos: ruido, cascabeles o campanillas (que se cree que molestan y ahuyentan a los malos espíritus), el color rojo, que recuerda a la sangre y al dolor (lo encontraremos más adelante también en otra categoría), escupir en el suelo, decir vulgaridades, tocar, mostrar o imitar en gesto a los genitales, como se hace con el gesto o el amuleto tallado de la higa (que a partir de la edad media tienen carácter aversivo, pero en la antigüedad pagana actuaban por referir a la fertilidad y a la suerte).

Garra de tejón y piedra de azabache, 1700, Museo del Traje. Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico.
Y hasta aquí la primera parte de la entrada, que espero que os haya gustado. ¡Seguimos la semana que viene con más! Como siempre, me encantaría leer vuestras opiniones y aportaciones en comentarios, que me motivan mucho y abren temas muy interesantes a tratar más adelante! :) ¡Un abrazo!
Comments
Qué alegría! Me alegro mucho de que te guste!
2021-12-23 16:23:49 +0000 UTCMe encanto todo! my interesante los temas tratados y cada vez aprendo mucho mas!!
Avyanna Lau
2021-12-23 16:23:20 +0000 UTC