
You are not immune to propaganda. Intento tenerlo en cuenta, sobre todo ahora que estoy a pocos meses de cumplir 33 años y, por tanto, en el ocaso de la vida. Mi mundo interno es un espacio, con habitaciones, exteriores, balcones con vistas, praderas y sótanos. Hay lugares que no visito hasta que pasa demasiado tiempo y da vértigo volver, más aún cuando me doy cuenta de que siguen más o menos igual. ¿Es que no he cambiado desde que tenía 19 años o realmente, y a pesar de todo, sigo creyendo ciertas cosas? A veces me encuentro con que algunos de mis gustos se han estancado; quizá esa no es la palabra, es sólo que ese río no fluye y algún día debería quitar las piedras en su camino. Entonces volverá a clarear. Espero.
Pero por qué digo todo esto. Cómo es que abro y me pongo a reflexionar como si se me acabara el tiempo y quisiera echar la vista atrás. No. Todo esto viene a cuento de que soy consciente de que hay partes de mí que caen en los lugares habituales y que, como todo el mundo, o casi todo el mundo, no soy inmune a la nostalgia. No soy inmune a ver el opening de Reena y Gaudi y echar algo de menos, por estúpido que fuera. Pero, al mismo tiempo, lo que estoy a punto de decir no es nostalgia. Es otra cosa.
Pero antes, el vídeo que me ha hecho trigger.
https://youtu.be/Yb6hCHFL04I?si=sfqrJLtMOQEbQvJh
Veamos, un poco de contexto: esto de aquí, como bien figura en el título, es la reproducción del tráiler de Escaflowne en Adult Swim. No he visto Escaflowne, pero tengo grabado a fuego Adult Swim, y eso que tampoco lo he visto tanto. Adult Swim es la cara oscura de la luna de Cartoon Network: cuando llegaba la noche, el canal donde ponían El Laboratorio de Dexter y Vaca y Pollo se convertía en algo raro y experimental. En España no sé si llegaron a tanto, porque sobre todo recuerdo ver Samurai Jack, pero en EE.UU. daban la señal y la cadena perdía la cabeza. Adult Swim es un canal macarra, con series experimentales, de bajo presupuesto y estilo brusco. Que sí, que ponen ahí Rick y Morty, pero ahí también conviven Space Show, Eric Andre y Aqua Teen Hunger Force.
Ese último no lo he visto. Ni Space Show.
Pero he visto Eric Andre. Es un late show sin nadie al volante donde se le da muy bien fingir que todo sale mal. El presentador homónimo se mea encima, su copresentador da patadas a los invitados, Lance Reddick se despide abriendo un agujero en la mesa de Eric con un puñetazo limpio. Es, en todos los sentidos de la palabra, una salvajada, y descubrirlo, un evento canónico. Pero claro, si lo veis, si lo habéis visto, si lo vais a ver ahora haciendo click, entonces seguramente lo veréis igual que yo: en YouTube. Eric Andre es distinto en YouTube: ahí sólo están las mejores partes, las que tú quieres. En el título te lo dicen todo, ves a la persona a quien entrevistan, quizá miras una recopilación de sus mejores momentos. Sigue siendo divertido, pero estamos viendo un reflejo. No estamos viviendo la experiencia real de Eric Andre.
Eric Andre es un programa para emitir en televisión a medianoche.
Cuando tenía no recuerdo si quince o dieciséis años, descubrí un anime llamado Wolf’s Rain por pura casualidad. Me desperté de madrugada y quise echar un vistazo a lo que ponían en la televisión, así que recorrí las ondas hasta llegar a la emisión de un anime, una serie de animación muy distinta a cualquier cosa que hubiera visto antes. Llevaba una temporada alejado del anime: Dragon Ball ya no me llamaba, Pokémon y Digimon se me habían quedado cortos, pero esta serie tenía otro estilo de dibujo, más limpio, digital. Elaborado. La música iba a lugares inesperados con guitarras españolas y percusiones que ondulaban hacia un delicioso crescendo. Pillé la serie en medio de un capítulo y al final de una escena; no sabía lo que pasaba, pero sabía que quería más. Al poco tiempo me compré Wolf’s Rain y la vi entera impulsado por ese momento. Wolf’s Rain me devolvió al anime.
Esto no va de Wolf’s Rain. De hecho todo esto ha empezado porque vi un vídeo de Escaflowne, pero tampoco va de eso. Ni siquiera va de Adult Swim.
Va de que sabemos demasiado.

No recuerdo siquiera si lo comenté, y si lo hice, no recuerdo dónde fue, pero me apena que la campaña publicitaria de Death Stranding terminase aclarándolo todo y enseñando gameplay. Internet ha creado la aldea global, hecho posibles amistades que recorren miles de kilómetros y nos ha abierto a nuevas experiencias, obras, perspectivas y lugares. También ha servido para que, en todo momento, sepamos cuándo llega la siguiente temporada de la siguiente secuela de la siguiente adaptación del siguiente libro que el siguiente fandom lleva esperando tantas semanas. Hará algo más de un mes que James Stephanie Sterling hablaba sobre cómo antes los crossovers eran algo especial. Ahora son no cuestión de si ocurrirán, sino de qué manera y cuándo. Star Wars está en Fortnite. Steve de Minecraft está en Super Smash Bros. Hay comunidades de todo tipo y, si no te bastan, puedes buscar más. Hay grupos y grupos dedicados a jugar a Magic the Gathering, cientos de youtubers que hablan de Pokémon, hay redes sociales entregadas a crear espacios donde puedas compartir tu amor por series concretas. Hay una híper especificidad donde todo nicho es una puerta abierta y siempre hay gente para hablar, enseñarte, decir. Cada vez que alguien dice “¿soy la única persona que…?” un coro de voces responde con un grito “que no, joder, cierra la boca”.
Eso es bueno.
Pero es malo.
Pero sabe a canela.
Pero es veneno.
No nos confundamos: me gusta esta situación. Me gusta que, si eres fan de Kaiba, puedas pasear por un salón del manga y ver que alguien le ha dedicado fanart. Me gusta que, cuando he descubierto los juegos de mesa, había más vídeos de los que pudiera contar explicándome términos, qué títulos son los esenciales, qué viene a continuación, las tendencias. Me crie en los subforos de El Rincón del Manga, donde gente mucho más friki que yo y con más talento que yo compartía sus pasiones, hacía firmas, dibujos, fanfiction. Durante años he dicho esto aquí y allá esperando que alguien dijera “¡coño, yo también estuve ahí!”, pero hasta ahora no he encontrado a nadie. Supongo que estaríais en MCAnime, lo entiendo, yo también iba a descargar las series. Pero tampoco quiero saber, al menos no ahora, si habéis estado en El Rincón del Manga porque ahora mismo lo que quiero es defender lo contrario. Estoy pidiendo algo de espacio.
Hay una frase que se repite de vez en cuando: “esto lo han hecho para mí”. Una obra cuyo diagrama de Venn de influencias y obsesiones te tiene a ti en su centro, algo que llevas esperando demasiado tiempo y con lo que soñabas en tu infancia. Me gusta ver eso, pero al mismo tiempo en estos últimos años siento que hay demasiado que se hace para ti. Bueno, no para ti, pero para la gente, para los grupos de fans, para los nichos: se resucitan IPs muertas, se prueban conceptos extraños que se han convertido en obras de culto, vuelven Willow y El Cristal Oscuro y Blade Runner y Call of Duty tiene un juego de mesa y eso último está hecho para mí. Pero… Iba a ocurrir antes o después, ¿no? Call of Duty es una IP que da miles de millones de dólares cada año, por supuesto que iba a entrar en los juegos de mesa. Por supuesto que Star Wars iba a estar en Fortnite, porque Fortnite se ha convertido en uno de los mayores megáfonos publicitarios del mundo. La inercia del mercado y el deseo de hacer más hacen que ciertas cosas acaben pasando, y entonces no son para ti. Lo son porque tú formas parte de un grupo al que pueden vender producto.

Echo de menos Wolf’s Rain en la televisión a la una y media de la mañana. Todo lo que recuerdo es que, junto a Wolf’s Rain, emitían un hentai sobre chicas gato y también ponían otra serie que creo que era Eat Man. No, no es un hentai, y no, aquella serie pornográfica no es el motivo por el que sea un furro. De hecho apenas la vi, yo buscaba más Wolf’s Rain, pero tampoco quiero dar más vueltas porque ahora mismo me estoy poniendo muy a la defensiva con una serie sobre chicas gato en bañador y ese no es el tema.
El tema es que Wolf’s Rain no existía para mí.
Wolf’s Rain fue un accidente igual que debía serlo el show de Eric Andre. Imagina tener catorce años, insomnio, poner la televisión a ver qué hay y encontrarte con esto. Parece que el mundo ha dejado de funcionar. Te hace sentir minúsculo, pero no insignificante. Eres una parte. El mundo está compuesto de miles de partes. Estás descubriendo una nueva.
Atesoro el recuerdo de Wolf’s Rain porque no la busqué, no sabía lo que quería, pero fue un momento de serendipia. En el caos del universo, hubo una conexión. La televisión no responde, sólo emite, y aun así ahí estaba esta serie que sí, estaba hecha para mí porque era un adolescente flipado al que le encantaban los lobos, y ahí había sangre y drama y muerte y lobos, joder, es que son guapísimos. Pero no me lo ofrecieron. Fue un encuentro, algo que hice mío, casi como si fuera algo secreto, propio, personal. El tráiler de Escaflowne no es igual si se ve en YouTube; sigue siendo un pedazo de tráiler, pero hay que entenderlo en su contexto. No lo buscabas sino que aparecía entre los anuncios, etéreo, distinto, orgulloso de su propia presencia, casi más una pieza de ambiente que un intento de venderte nada. Echo de menos el río que era la información, que venía y se iba; echo de menos los momentos que se encontraban entre medias, ver un anuncio de telefonía que parodiaba a Tekken y preguntarme si no lo había imaginado. Sabemos demasiado. Hay demasiado. Y eso es bueno. Pero no quedan rincones por cartografiar, sólo comunidades de las que todavía no formamos parte.
Echo de menos, supongo, sentir que las cosas no estaban hechas para mí ni para nadie, sino que la gente hacía cosas y yo luego las encontraba si tenía esa suerte. Era una sensación, no una realidad, porque los productos se hacen porque quien produce espera encontrar un público y beneficios. Sí. Me sé la teoría. Pero al menos podía vivir en el engaño. Ahora todo tiene un evento y un anuncio y proyección internacional. El calendario de los mass media no tiene un solo día libre, y de nuevo, sé que esto antes también era así. No habrá habido críticas ni nada contra la televisión, pero, igual que disfruto una buena charla pero eso no significa que quiera pasarme todo el día hablando, a veces querría un poco de silencio. Que todo parase. Encontrarme con algo que no tenga comentarios y donde sólo exista yo frente a la obra, y sí, eso es un poco lo que hace la televisión, pero fuera de la caja tonta hay una red de redes con sus terceros lugares mal hechos. Puedo ver El Ministerio del Tiempo y luego habrá alguien en Twitter comentando lo que ha ocurrido en el último episodio. El ruido está ahí, aunque sea de fondo. Internet nos ha traído mucho, pero a veces caigo en el anhelo de la ignorancia, creer que mi amigo decía la verdad cuando me contó que había una serie de Crash Bandicoot a las seis de la mañana. Me gustaría poder tener momentos para ser un necio sin que eso implique que me están colando un bulo sobre los chemtrails. No es algo a lo que podamos volver y, si me dieran la opción, creo que no querría porque, al final, repito que me gusta cómo estamos. Pero a veces querría dejarme llevar. Querría ver la televisión a la una de la mañana y ser un par de ojos entre un mar de millones, no estar yo sino la señal.
Joder, no, si al final seré yo también un nostálgico. Me estaré haciendo mayor.
Henry
2025-02-17 01:39:08 +0000 UTCPaisito
2024-07-25 01:06:44 +0000 UTCDayo
2024-07-13 12:31:41 +0000 UTCMarco Alvarez
2024-07-13 11:34:44 +0000 UTCSue
2024-07-11 20:56:07 +0000 UTCDayo
2024-07-11 19:17:50 +0000 UTCSue
2024-07-11 19:07:22 +0000 UTCAlejandro Romero Navarrete
2024-07-11 15:04:38 +0000 UTCCarlos Quiroga
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2024-07-02 19:49:35 +0000 UTCbokugakirajanai
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2024-07-01 15:21:27 +0000 UTC