La Comunión de Ánimas
Added 2022-09-04 15:00:07 +0000 UTC¡Buenas tardes a todxs!
En el artículo de hoy os traigo un tema del que ya di una pequeña pincelada en el anterior artículo de actividades de luna llena, la comida de comunión con los espíritus. En lo personal, considero este tipo de rito como un básico en mi práctica, ya que lo realizo como apertura a la mayoría de rituales y akelarres y creo que puede ser de gran utilidad a todo aquél interesado en el animismo y en el Arte tradicional, especialmente en las fechas que se avecinan.
Comencemos por lo básico,
¿de dónde surge este concepto?
Como muchos de vosotros sabréis ya, los banquetes compartidos con las ánimas son un elemento recurrente en el folklore indoeuropeo. Vemos un gran ejemplo de ello aún practicado hasta hace poco en la víspera del Día de Difuntos a lo largo y ancho de Europa (por ejemplo, tanto se encuentra en las Islas Británicas como aparece en costumbrarios catalanes), en que durante la cena se prepara la mesa para un comensal más: los muertos de la familia que según la creencia visitarán el hogar durante esta noche y asistirán a ocupar su lugar. De este modo, se les muestra respeto y hospitalidad, y se contribuye a volver a reunirse durante un espacio temporal de liminalidad entre ambos mundos.
Sin embargo, este no es el único vestigio ni momento en el que ha quedado patente la importancia del banquete de ánimas. Enfocándonos específicamente en el ámbito de la brujería, nos encontramos abundantes testimonios del mismo como uno de los elementos centrales del Sabbat. Las brujas acudían en vuelo a sus reuniones nocturnas en las que compartían grandes festines con otras compañeras, con demonios, espíritus, ánimas, e incluso con el mismo Diablo. Este acto de comunión sellaba la complicidad y la hermandad entre todos ellos; desde la antigüedad, compartir mesa ha sido una acción no tan sólo de hospitalidad, sino también de alianza, confianza e igualdad entre los presentes. Ya para nuestros antecesores romanos, en la mesa se disfrutaba de la compañía, pero también se transmitía información, se negociaba y se pactaban acuerdos. Compartir comida, beber del mismo vino y brindar demostraba fraternidad y buenas intenciones (probando que nada estuviera envenenado).

Fuente de la imagen.
El festín compartido del Sabbat supone a grandes rasgos, aunque de una forma menos literal, lo mismo que las relaciones sexuales también populares en este tipo de testimonios. Ambos actos representan una unión, una alianza y una transformación del practicante tocado por la otredad, que toma algo de ella en sí mismo.
Otro interesante vestigio de ello se da en muchos testimonios de confesiones de brujería en que la acusada acudía con la Sociedad espectral femenina o las Buenas Damas (el principal precedente histórico del Sabbat diabólico), como por ejemplo en el de Pierina en la Italia de 1390:
Oriente va de visita con la sociedad (siendo Pierina miembro de la misma) por las casas, sobretodo las de los ricos. Allí comen y beben: cuando encuentran casas amplias y bien abastecidas se regocijan, y Oriente las bendice. Oriente enseña a los miembros de la sociedad las virtudes de las hierbas, remedios para curar las enfermedades, el modo de encontrar las cosas robadas y de deshacer los maleficios. (Historia Nocturna, Carlo Ginzburg)
Es de destacar un aspecto muy interesante para el practicante de este tipo de testimonios: el hecho de que compartir un festín con la comitiva espectral convierte al humano temporalmente en parte de esas fuerzas del Otro Lado, en espíritu, siendo identificado por los demás como un igual. Por ello es transformado de algún modo o regresa de una forma distinta a cómo llegó, en muchos casos con un conocimiento místico o mágico superior que ha sido otorgado por la Otredad al reconocer en él algo de ella misma.
Otro vestigio folklórico clásico similar en el que se aprecia esto es en la comida feérica, en la que las hadas celebran grandes festines en sus túmulos y cuevas, a los que algunos mortales son en ocasiones invitados. Si bien los humanos asistentes en muchas ocasiones pueden regresar, lo hacen normalmente cambiados, por ejemplo poseyendo un nuevo don o habiendo sido sanado de una dolencia. En otras ocasiones, se les advierte no comer nada del banquete feérico, puesto que, de hacerlo, jamás podrán regresar.
Y es que la comida del Otro Lado convierte al que la toma en parte del Otro Lado, y esto, regresemos o no, nunca será inocuo: siempre habremos invitado con ello a la Otredad a nuestro interior, y de una forma evidente (permitiéndonos cruzar a su mundo) o sutil (transformando las partes más profundas de nuestro inconsciente), temporal o permanentemente, generará un cambio en nuestro ser que nos acercará más a los espíritus.
¿Qué sentido tiene entonces el rito de la Comunión de Ánimas?
Para mí, ofrecer comida a los espíritus demuestra en primer lugar hospitalidad, respeto y buenas intenciones. En segundo lugar, entregársela convierte ese alimento en comida del Otro Lado, y al comerla, permite cruzar simbólica (y a veces literalmente) a su mundo, para disfrutarla en su compañía. Aunque mis acciones sean físicas, en ese momento soy espíritu con ellos y me encuentro en un espacio y en un momento liminal, fuera de la realidad tangible ordinaria. En tercer lugar, compartiéndola me hermano con ellos, me uno a ellos y pasamos a ser una misma cosa. Me abro a que la Otredad sea parte de mí y me transforme, nutriendo mi espíritu y mi conocimiento.
Comencé a trabajar con este tipo de rituales a raíz de que mi compañero Carlos me lo propusiera en un akelarre, y para mí fue una experiencia muy hermosa y sobrecogedora. La versión que utilizamos estaba muy inspirada en el Red Meal de Robin Artisson, descrito en su libro The Witching Way of the Hollow Hill, rito que aún fundamenta en gran parte el mío propio.
El Red Meal consiste en consagrar pan oscuro y vino tinto en nombre de los espíritus a los que se quiere convocar y compartirlos con ellos. Artisson se apoya en la creencia tradicional de su zona según la cuál los espíritus se alimentan de comida roja, y de ahí su elección de pan oscuro y el nombre del ritual.
Personalmente, varío algo más, y en ocasiones (según los espíritus convocados y la época del año) puedo utilizar pastel de manzana en lugar de pan (básicamente por gnosis personal, a ciertos espíritus me parece que les gusta el dulce de esta tarta) y vino blanco en lugar de tinto, pero generalmente acostumbro a utilizar pan blanco y vino tinto. ¿Por qué estos elementos?
En primer lugar, porque el pan y el vino son dos de los alimentos creados por el hombre más antiguos e importantes en nuestro territorio. El pan es la tierra y el sol que hace crecer el trigo, el sustento, el cuerpo, la realidad tangible; el vino es la oscuridad en la que fermenta, transformación, muerte y putrefacción que transmuta, veneno, sangre y espíritu (no por nada es una bebida “espirituosa”, capaz de cambiar nuestra percepción de la realidad). Juntos simbolizan el sacrificio, el cuerpo y la sangre, que desde épocas remotas se ha ofrecido a los espíritus.
En segundo lugar, mi trabajo espiritual con las Buenas Damas encajaba estrechamente con este rito. Las Buenas Damas son la manifestación local de mi zona de la Sociedad espectral femenina, aquellas con las que las mujeres se iban a compartir banquetes y pasar por las casas en espíritu. Además, nos ha quedado atestiguado en diversas fuentes y lugares que su culto se llevaba a cabo dejando puesta la mesa antes de ir a dormir precisamente con vino y pan para ellas, sobretodo en las noches cercanas al solsticio de invierno, y que a la mañana siguiente los miembros del hogar compartían las ofrendas tocadas por ellas para absorber así su bendición. Me pareció pues que una buena combinación de ambas cosas consistiría en ponerles la mesa como es tradicional y en lugar de sólo marcharme a dormir, practicar la comunión con ellas compartiendo las ofrendas.
Finalmente, no puedo negar que adoro lo herético y que como practicante de brujería tradicional y sabbática voy con todo: bebo mucho del paganismo y de los dioses, espíritus, creencias y rituales que fundamentaron la brujería y el concepto del Sabbat de las brujas, pero también me encanta adoptar elementos de la imaginería tardomedieval y del Sabbat herético. Hay algo muy potente y transformador en la transgresión del tabú. Por eso me divierte y me pone en un estado de consciencia fantástico para la práctica ver también en el rito una perversión de la comunión católica, aquello de lo que tanto se acusó a las brujas (ahora podrían acusarnos, pero con razón. Jajaja.) Que la comunión con Dios se torne comunión con los espíritus, y que la carne y la sangre sean las del sacrificio de la tierra para alimentarnos.

Llegados a este punto, os propongo una versión de este rito para que podáis probar si os apetece. Aunque la haga con pan y vino, realmente podéis hacerlo con cualquier alimento o bebida que consideréis adecuada. Por lo general, el rito tendrá mayor potencia llevado a cabo en exteriores, en lugares liminales como encrucijadas, bosques, colinas, túmulos, ríos, cementerios. Los mejores momentos son sin duda el atardecer y la noche. Sin embargo, para algunos espíritus como los ancestros y las Buenas Damas también puede ser una buena opción tradicional hacerlo en el ámbito doméstico.
Materiales
- Una hogaza de pan
- Una botella de vino
- Una copa y un plato
- Una vela o fanal
Procedimiento
- Llegar al lugar, montar un pequeño altar con los materiales y las ofrendas (abrir el vino) y prepararse de la forma de preferencia. Aquí se incluirían, en el caso de usarse, las purificaciones, el trazado de círculo, el toque de campana... A mí sólo me parece imprescindible el trabajo de trance.
- Cuando se esté en un estado adecuado, encender la vela o el fanal e invocar a los espíritus que se desee llamar. Este rito es apto para ancestros, espíritus del territorio, muertos, espíritus de la brujería como las Buenas Damas o el Maestro… Para otros espíritus o dioses probablemente sea factible, pero deberían contemplarse sus preferencias y consensuar si les parece bien.
- Anunciarles que se les invita a compartir esas ofrendas.
- Tomar el pan y consagrarlo. Conociendo su simbolismo, puede hacerse al gusto personal de forma más o menos extensa. Mi versión corta:
Yo consagro y bendigo este pan en honor a [espíritu/s], a fin de que sirva a nuestra comunión.
Una versión larga (nunca es igual, suelo improvisar):
Yo bendigo este pan, que es la tierra; el alimento de hombres y espíritus, el cuerpo del sacrificio. Yo lo consagro y lo entrego al Otro Lado para que nos hermane y al comerlo seamos uno.
- Dejar el pan en el plato, tomar la botella de vino y consagrar el vino. En la versión corta sería lo mismo que con el pan, en la larga suelo decir algo así:
Yo bendigo este vino, sangre de la tierra, sangre del sacrificio. Yo consagro este vino, alimento de los espíritus, veneno que me llevará al Otro Lado, y lo entrego a los espíritus para que al beberlo seamos uno.
- Servir el vino en la copa. A depender de nuestra preferencia podemos tomar antes (para mostrar a los espíritus que lo ofrecido es bueno y limpio) u ofrecer antes (por educación solemos servir antes a los invitados). Yo a veces hago una u otra. En todo caso, si bebemos primero brindaremos por ellos y beberemos en su honor, y después les ofreceremos la copa. Si queremos invitarles a ellos primero podemos ofrecer la copa, meditar unos minutos y luego beber, o verter antes de beber un chorro a la tierra, ofreciéndolo así, beber nuestro trago y dejar el resto de la copa para ellos. En grupo, la copa pasará de mano en mano para beber por turnos.
- Al beber, yo recomiendo hacerlo con mucha consciencia, como si realmente tomáramos una pócima o veneno que nos llevará al otro lado. Cerrar los ojos, saborearlo y meditar unos instantes en nuestras emociones y sensaciones tras tragar.
- Tomar la botella y verter vino sobre el pan, declarando o simplemente tomando consciencia de su simbolismo (la carne y la sangre sacrificada, cuerpo y espíritu, la comunión del mundo físico con el Otro Lado y nuestra unión con los espíritus).
- Tomar un pedazo de pan y comerlo, entregando el resto en el plato a los espíritus. En grupo, el que haya vertido el vino en el pan repartirá un pedazo a cada uno.
Tras la comunión, podemos observar el entorno buscando manifestaciones de la Otredad, meditar, utilizar algún sistema adivinatorio para comunicarnos o preguntar cosas a los espíritus, e incluso ir a dormir incubando el sueño para encontrarnos con ellos al Otro Lado. En akelarre puede verterse un poco más de la botella de vino a la tierra y beber el resto como enteógeno en trance extático, abriendo las puertas con este rito a lo que los espíritus deparen.
Este rito es útil no sólo para la comunión con los espíritus, sino como apertura respetuosa y que nos acerca a ellos para adivinación, hechicería o cualquier trabajo mágico con ellos.
¡Y esto es todo! Espero que os haya gustado. Como curiosidad, ¿practicáis algún tipo de ritual parecido?
Un abrazo a todxs 😊