Los dioses de la Hispania Céltica
Added 2022-06-05 15:01:01 +0000 UTC¡Buenos días a todos! En el artículo de hoy os traigo una pequeña síntesis de lo que conocemos a día de hoy de los dioses de la Hispania Céltica (que por desgracia, no es mucho), algo que creo útil para contemplar las posibilidades de reconstruir y tantear su panteón en la práctica espiritual. Para este artículo ha sido imprescindible el libro con el mismo nombre, del autor Juan Carlos Olivares Pedreño, publicado por la Real Academia de la Historia de la Universidad de Alicante, que es de dónde os traigo la información.
¿Qué sabemos de los dioses celtas de Hispania?
Al intentar averiguar más de ellos, la historia nos ha dejado un muro casi infranqueable. Estas tribus no dejaron ninguna clase de documentación escrita sobre sus dioses y costumbres religiosas hasta la conquista romana, tras la cuál poco a poco fueron realizando poco más que inscripciones con ciertos nombres en aras votivas. Estos vestigios tampoco son enormemente esclarecedores, ya que nos dejan ante un conjunto de restos arqueológicos sin un contexto cultural claro que permita interpretar los datos que otorgan. Nombres y representaciones que, sin conocer a qué se refieren, son un misterio. Tampoco abundan las fuentes indirectas de textos romanos, como sí proporcionan cierta información en área gala que ha sido vital para la caracterización de sus divinidades.
Por lo tanto, ha habido que asimilar la falta de fuentes directas y aventurar la investigación de la religiosidad celta hispana por otros fascinantes senderos. Contexto geográfico de las piezas halladas, toponimia, análisis comparativos con zonas celtas vecinas… y sobretodo, una visión periférica y de conjunto que ha sido capaz de desvelar lo que sólo mirando cada pequeño elemento no permitía comprender.
Parece ser que la religión indígena de Hispania pasó por menos estadios evolutivos que la romana y que algunas otras celtas de Europa, lo que dentro de la escasez de datos, al menos refleja una mayor nitidez que en zonas de más capas superpuestas. Parece que los movimientos migratorios masivos no eran algo frecuente, y esto, sobretodo en el área lusitano-galaica, ha permitido contemplar con mayor concreción las distintas áreas de culto antes de la conquista romana. Cuando hablamos de áreas de culto, hablamos de que la religiosidad celta hispana no se expresaba de una forma homogénea y oficial por todo el amplio territorio de la península, sino que cada zona (a veces territorios relativamente pequeños) poseía sus propios dioses y costumbres, que aunque con fronteras degradadas, no eran los mismos que los de áreas vecinas.
Así, hay divisiones religiosas bastante claras entre algunas regiones hispanas, dándose tres bloques principales (aunque también muy subdivididos): la franja lusitano-galaica, la región central y la oriental. Por ejemplo, en la primera, aparecen con asiduidad divinidades como Cosus, Bandua, Ataecina o Trebaruna, que sin embargo no aparecen en la meseta septentrional. En cambio, en esta parece que fue popular el culto a las Matres y Epona, que a su vez no hacen presencia en la primera.
Contemplando este panorama, nos damos cuenta de la dificultad de comprender el llamado “panteón celta hispano”. De hecho, ¿existe realmente uno? Sin embargo, pese al carácter local de muchas divinidades (que no olvidemos que al final responderían en gran medida a espíritus del territorio y de elementos destacados de él, como fuentes, ríos, cuevas o montañas), aparecen algunos vestigios que desvelan que ciertas divinidades alcanzaban un área de influencia que sobrepasaba el ámbito local, estableciendo así los grandes bloques que se han mencionado. No olvidemos tampoco, que por muy regional que fuera el culto, todos estos pueblos derivaban de una ascendencia y un sustrato cultural en algún punto común, igual que sucede con muchos otros pueblos de Europa, y que en el fondo todos ellos remitirían a una estructura cosmogónica y teológica celta e indoeuropea. Por ese motivo, aunque recibieran nombres diferentes, lo frecuente es que existieran ciertas divinidades mayores del panteón caracterizadas de forma muy parecida a lo largo de un vasto territorio (o incluso tratándose completamente de una misma divinidad, pero con distinto nombre), así como en Europa y la India podemos verlo con los dioses del trueno soberanos como Thor, Taranis, Donar, Zeus, Júpiter o Indra. Esto ha terminado por establecer por mayoritaria la opinión entre los historiadores de que el panteón céltico extra-hispánico (en el resto de Europa y las Islas Británicas) ofrece una considerable homogeneidad en todo su territorio a pesar de los elementos heterogéneos regionales, y que dichos elementos comunes podrían verse reflejados también en el área hispana. Esto proporcionaría una valiosa información para interpretar los datos recogidos aquí de forma comparativa.
Por las razones que ya hemos visto, sería muy largo y difícil que os reprodujera aquí las divinidades de cada pequeña área de Hispania (si queréis conocer las de vuestra zona, os recomiendo que consigáis el libro que he mencionado, porque recopila exhaustivamente estos datos). Sin embargo, lo que sí podemos es exponer las tipologías de dioses comunes que poseían los diversos panteones hispanos, dentro de esta homogeneidad estructural, y así comprender su coherencia interna.
Según Anne Ross, algunas tipologías divinas comunes en los pueblos celtas de toda Europa eran las siguientes: El “dios de la tribu”, normalmente considerado un ancestro divino, y de forma acostumbrada paredro de una “diosa Tierra”. Otra tipología común sería la del “dios cornudo”, habitualmente ligado al ciervo, representado sentado con las piernas cruzadas y responsable de la fertilidad agrícola y la prosperidad comercial, un dios herrero, uno con cualidades curativas, uno dedicado a las artes y uno o varios asociados a las aguas. Según Thévenot, las tipologías principales eran el Dios Soberano del cielo, normalmente del trueno (tipología jupiterina), un dios protector de la tribu (ya mencionado por Ross), que podía tener atributos de fertilidad, funerarios o salutíferos (tipología marcial), una divinidad asociada a la riqueza y la abundancia, el comercio, las artes y las técnicas (tipología mercurial), y otra especializada en el ámbito salutífero y oracular (tipología apolínea).
Entre las diosas, según los estudiosos remitían todas finalmente a un mismo concepto de diosa Madre, que estaría por encima de la “diosa Tierra” consorte del dios de la tribu. Como opinión personal, me planteo hasta que punto la carencia de tipologías entre las diosas y su atribución única a la diosa Madre por los diversos autores que se mencionan (que son de los años 60) es un hecho real o es el fruto del prisma patriarcal de los académicos, porque sin ser yo experta en la materia y a riesgo de equivocarme, me parece reconocer ciertas tipologías clásicas dentro de las diosas cuyos atributos son mucho más prominentes que el hecho de ser o no madres. Por ejemplo, reconozco diosas de las aguas salutíferas, de la fertilidad de la tierra, del amor y la sexualidad, del Inframundo… Quiero decir, la mayoría de dioses de estos panteones son padres o representan la fertilidad en algún aspecto, y no por ello son todos reducidos sólo a dioses Padres. E incluso los dioses padre por excelencia, el cabeza de panteón o el primer ancestro, no son limitados a ello, sino que su paternidad resulta un elemento más de su caracterización, siendo más reconocidos como el Dios Soberano o el Dios del Trueno o del Inframundo.
Cabe decir que finalmente, el autor del libro opina que con todo, las divinidades solían remitir al esquema ya propuesto por Julio César: del sol y el cielo (celeste), de la fertilidad, de la guerra, del inframundo y de la sanación, aquello que era relevante para los pueblos de entonces. Cada una de las tipologías o conceptos que hemos visto que proponen los diversos autores, contendrían no una única divinidad común, sino un conjunto de dioses que pese a sus aspectos comunes, podían tener otros elementos heterogéneos. Esta es también mi opinión.
Así, tras el estudio del autor, se ha encontrado que el número de divinidades masculinas supra-locales en la Hispania céltica solía estar entorno a cuatro, mientras que el de diosas, a causa de la disparidad de datos, estaría entre una y cuatro. Para ello se tiene en cuenta que dos divinidades cuyas inscripciones aparecen en una misma área geográfica han de ser distintas en su naturaleza, ya que no resulta viable que dos dioses con una misma función compitan siendo adorados por la misma población (antes de eso, se fusionarían o uno absorbería o desbancaría al otro). Mientras tanto, dos divinidades que pese a tener mucha representación en los hallazgos no coinciden nunca en los mismos espacios, refleja que podría tratarse de dioses equivalentes.
Contemplado todo esto, ¿a qué tipologías y atributos remitían los dioses del panteón estructural común en la Hispania celta?
1. El Protector de la Comunidad. Los vestigios de su culto se han hallado siempre en el interior o las cercanías de nucleos urbanos, repitiéndose en área lusitano-galaica el nombre de Bandua. Los epítetos que lo acompañan, como uici, pagi o castella, en contraposición a la ausencia total de apelativos que refieran a nombres familiares o clánicos, refleja que sus áreas de culto y su actuación eran comunitarias, a nivel de todo el pueblo. Parece ser pues, que este tipo de dios sería el defensor del recinto urbano y de la comunidad residente en él, poseyendo su culto un carácter más público y político que familiar o privado. Algunos autores comentan que Bandua no sería tanto una divinidad personal como una de carácter genérico, que reunía bajo su nombre a los lares o genios protectores de la comunidad en cada población.
Parece ser que en las zonas del bloque lusitano-galaico en que no aparecen menciones a Bandua, aparece otro nombre, Cosus, y la complementareidad territorial de ambos nombres y la similitud de los hallazgos hablaría de que se trataban del mismo dios adorado bajo distinto nombre en uno y otro lugar. En las inscripciones de Cosus, encontramos a veces el epíteto “deo Marti”. Fue algo frecuente a partir de la conquista romana colocar junto al nombre indígena el dios romano asimilado, lo que nos ha permitido comprender la caracterización de muchos dioses indígenas, como es el caso. Tras la romanización, muchas aras a este tipo de divinidad comienzan a dedicarse a nombres como Marte o Marte Indígena.
2. El Dios Celeste Supremo. En Hispania se han encontrado un gran número de inscripciones en colinas y montañas que parecen responder a esta segunda tipología. El nombre más repetido es Júpiter, acompañado de toda una serie de epítetos que parece que previamente pertenecerían al nombre indígena. Algunos autores han identificado que la divinidad previa al apelativo de Júpiter podría ser Reue, del cuál también se han encontrado vestigios en elevaciones montañosas, y Salamati, que aparece en el territorio de forma complementaria a él tal y como sucedía con Bandua y Cosus. Parece ser que esta tipología de dios sería adorada en lugares altos como expresión de su carácter celeste, algo ya visible en el culto a Zeus y Júpiter, dioses de la misma categoría en Grecia y Roma. Dioses como Reue serían considerados protectores de diversas comunidades locales en un nivel social o cultural más amplio que el protector de la comunidad, quizá en una organización sociopolítica superior. En este sentido, probablemente, el dios se adoraba por las diversas comunidades locales por su papel político-jurídico, como supervisor de los tratados y pactos intercomunitarios. Parece ser que Reue posee también una raíz etimológica que refiere a las aguas y las corrientes fluviales, algo que encaja con la tipología del Dios Supremo como dios de la Tormenta, asociación presente por ejemplo en el Taranis galo. Se representaría en su mito la conjunción del cielo y la tierra por medio del agua, y tendría en cierto modo también algunas asociaciones solares por su carácter de dios atmosférico, pudiendo presentar conexión con ciertos ritos del solsticio de verano. Algunos atributos típicos en sus representaciones o hallazgos asociados serían la rueda y las columnas de Júpiter, en las que el dios monta a caballo y abate a una serpiente o dragón.
3. El Dios Mercurial-apolíneo. La divinidad que sin duda más representa esta tipología es Lugus. Lugus fue adorado por el área septentrional de la península, y tal y como refleja el culto al mismo dios en otras zonas celtas extra-hispanas, se trata de un dios politécnico, asociado a las artes, el comercio, la salud y las artes oraculares. Estos dioses se describen siempre como jóvenes, rubios y bellos y son tenidos por una especie de héroes. De forma complementaria en el territorio, hallamos a Arentius, a menudo acompañado de Arentia. Arentius y Arentia, que a su vez responden también a la tipología de la pareja divina, compartían espacio de culto con Bandua y Reue con gran popularidad, con lo que su función debía divergir de la de los anteriores y encajaría con el prototipo mercurial-apolíneo y la complementareidad territorial de Lugus. Parece ser que estos dioses se presentarían como los gemelos divinos que también podemos apreciar en otros panteones indoeuropeos, como Freyr-Freyja o Apolo-Diana. Las hipótesis de su carácter responden a funciones más bien salutíferas y de prosperidad, con atributos apolíneo-mercuriales, y teniendo paralelos en parejas como Mercurio (Lug)-Rosmerta o Boruo-Damona en otras zonas celtas galas.
Cabe decir que en Hispania un 10% de los altares votivos con el nombre del devoto fueron ofrecidas por mujeres, y mientras que a dioses como Cosus o Bandua son casi inexistentes, a otros como Arentius, Vaelicus y Endouelicus (todos complementarios en el territorio y con el mismo carácter mercurial y apolíneo) se refleja que su culto femenino era realmente popular, algo también presente en otras zonas celtas extra-hispánicas con dioses equivalentes. Parece ser que en este caso el culto a estas divinidades sí pertenecería al ámbito privado y familiar, a diferencia de las anteriores que tenían carácter comunitario.
De forma tremendamente interesante pero demasiado extensa para explicarlo aquí, Juan Carlos Olivares Pedreño expone una fascinante conexión entre Lugus y otros de sus epítetos complementarios con Cernunnos a través de una iconografía compartida que parece conectar al dios mercurial solar con el dios mercurial ctónico. Rasgos como las representaciones con las palmas de las manos muy abiertas, órganos sexuales remarcados, la triplicidad o tricefalía en sus representaciones, el torque, una bolsa de monedas, la pose búdica, la presencia de cuernos o de orejas de animal, entre otros, parecen asimilar un dios al otro hasta el punto de hacer plantear si podría tratarse de una misma divinidad en diferentes estadios de su mito, siendo Cernunnos el apelativo para Lugus en un momento concreto de su leyenda en el que tomaría aspectos teriomórficos. Es algo que de primeras me chocó, pero que tras leer el exhaustivo estudio del autor me pareció un punto seriamente a considerar.
4. El Dios Ctónico Ancestral. Parece ser que esta es la tipología menos clara, pero que se presenta con el hallazgo de una cuarta divinidad importante que compartía espacio con las otras tres. En el caso de Bandua, Reue y Arentius, este dios era Quangeius. Siguiendo el esquema de César al hablar de los dioses de la Galia y considerando que en Hispania se diera la misma estructura, tendríamos que Mercurio y Apolo responderían a Arentius, Júpiter a Reue, Bandua a Marte y nos faltaría aquél dios al que César llamó Dispater, en ámbito galo reconocido como Sucellus. Considerando la presencia de Quangeius y los atributos que comparte con Sucellus, podríamos estar frente al cuarto dios, que poseería un marcado carácter ctónico y sería considerado el primer ancestro, señor del inframundo. Diversas hipótesis apuntan a que este dios poseería una función soberana complementaria a la del Dios Celeste, como lo hacen Taranis y Sucellos en el área gala: uno rige desde el plano superior o celeste, y el otro lo hace desde el inferior o ctónico, produciéndose el orden natural gracias a la unión de los dos.
5. La Diosa de la Naturaleza. La diosa por excelencia en esta categoría sería Nabia, adorada en el área galaica como la única diosa supra-local. Por este motivo, parece ser que sería una diosa muy polifuncional, ya que recogería en ella multitud de aptitudes y asociaciones divinas consideradas femeninas. Esta diosa reinaría sobre los valles salvajes, los bosques, los montes y los ríos que discurren por ellos. Podría tener conexiones con la Diana romana, pero manteniendo una vinculación fuerte con las deidades acuáticas. Vemos que su polifuncionalidad hizo que fuera adorada en sus lugares asociados, como parajes despoblados, colinas, montañas boscosas y fuentes, pero también en castros y ciudades. Parece ser que Nabia se presentaría como la consorte del Dios Celeste Supremo y poseería también cierta función soberana.
En otras zonas de la península, las funciones múltiples de Nabia estaban divididas en varias diosas, como por ejemplo Trebaruna, Arentia y Munidis. Los autores proponen que en las zonas en las que convivían estas diosas, Trebaruna podría tratarse de la consorte de Reue, con atributos asociados a las aguas y a la soberanía, y Munidis sería la paredra de Bandua, mientras que Arentia, como ya hemos visto, sería la de Arentius y reinaría sobre asuntos de prosperidad, salud y comercio.
Como otra diosa tremendamente interesante y con unos atributos bastante únicos encontramos a Ataecina, adorada alrededor de la zona de Cáceres. Ataecina parece ser una diosa similar a Proserpina, que renace cada año y que reina en el Inframundo. Aunque se la ha relacionado con el ciclo de la agricultura y la fertilidad de la tierra, parece más conectada con la noche y con los muertos. Por ejemplo, a ella se le solicita en una inscripción que sean devueltos unos bienes robados, lo que parece remarcar su carácter infernal.
Finalmente, cabe hablar de las diosas de la meseta norte, que no tienen equivalentes directos en el área lusitano-galaica y tampoco encajan del todo en la gran tipología de la diosa de la Naturaleza. Las diosas supra-locales en esta zona son dos: Epona y las Matres.
La principal asociación de Epona (presente también en la etimología de su nombre) es el caballo. Sin embargo, esta diosa era representada además con cornucopias, páteras, frutas, flores y animales domésticos, que sugieren una conexión de la diosa con la reproducción y la fertilidad animal y vegetal. Parece ser que ciertos de sus atributos ambiguos, como la llave o el perro, ponen en discusión si poseía un carácter doméstico o funerario, quizá como psicopompa. Otros proponían en ella cierta función soberana, ya que además era aparejada a menudo con Júpiter, y que junto a su animal, el caballo, la hacía ser adorada también por soldados.
Finalmente, las Matres son unas divinidades representadas en tríada presentes no solo en Hispania, sino en muchas otras zonas de influencia celta de Europa. Eran comúnmente representadas con páteras, frutas, cornucopias y niños en el regazo. Parece ser que ellas sí reflejaban el aspecto clásico de la diosa madre, siendo encargadas de la abundancia, la fertilidad, el ámbito doméstico y la familia. En algunos lugares, por su asociación al nacimiento y a las aguas, parece ser que también poseerían ciertos atributos salutíferos, psicopompos o funerarios.
Conclusión:
Visto todo esto, nos damos cuenta de todo lo que no conocemos de la religiosidad de nuestros pueblos indígenas. Sin embargo, podemos aventurarnos a descubrir a sus dioses siguiendo una estructura de panteón coherente gracias a las tipologías halladas en su estudio, evitando mezclar divinidades equivalentes o de zonas dispares.
No olvidemos que si bien los dioses de los que hemos hablado son importantes porque poseían un carácter supra-local más o menos homogéneo, el panteón se completaba con muchos otros dioses de carácter regional, muertos y espíritus del entorno.
A la hora de buscar acercarnos a estos númenes, es importante recordar que el lugar y la tipología de culto eran importantes. A los dioses celestes se les debía adorar en lugares altos, a los de las aguas salutíferas en fuentes, a los domésticos en casa, a los protectores de la comunidad, en el pueblo. Además, para requerir sus atenciones, no cualquier dios era adecuado: no tenía sentido pedir a Reue que te ayudara en una discusión con el vecino, porque su área de actuación y su importancia estaban fuera del ámbito privado. El dios intercedía para los asuntos de importancia a nivel político y social, no para asuntos individuales. Así, quizá para ese asunto sería más adecuado Arentius, un dios más cercano al individuo.
Espero que este artículo haya esclarecido un poco a modo de resumen el tema, y que os haya gustado mucho. Nos vemos pronto!!
Un abrazo :)