Magia con huesos I: el tratamiento de restos óseos
Added 2022-04-24 10:37:57 +0000 UTC¡Buenos días a todos!
En el artículo de hoy os voy a hablar de una parte de mi práctica que me fascina, y es el tratamiento de restos óseos de una forma animista.
DISCLAIMER: EN ESTE ARTÍCULO HAY IMÁGENES QUE PUEDEN RESULTAR SENSIBLES a algunas personas.

No nos vamos a engañar, el tema de los huesos es un poco darks, pero es algo que me ha encandilado desde pequeña. En lo que otros veían algo asqueroso o tenebroso, yo sentía una enorme curiosidad y fascinación, y así ha sido hasta día de hoy. En un mundo en el que la muerte es tabú y estamos completamente distanciados de sus procesos y de sus ritos, los huesos nos recuerdan su inevitable existencia, la naturalidad del ciclo que se consume para darse a luz. Hallar unos huesos apacibles, durmientes entre la hojarasca, me hace sentir que la muerte no para el mundo, que no somos tan importantes, que no pasa nada por morir. Sólo es un paso más, uno que da descanso (¿habéis sentido qué tranquilos son normalmente los huesos?), y eso me da paz. Cuidar, honrar y ver belleza en unos huesos contribuye a naturalizar la muerte e interiorizar sus virtudes, no sólo temer su cara más oscura.
Por supuesto, como animista, mi fascinación por los huesos dio un paso más allá al abrir un mundo de posibilidades bajo este paradigma. Los huesos han sido considerados en casi la unanimidad de pueblos con este tipo de creencias como un poderoso nexo con el espíritu del animal (o la persona) que los contuvo en vida, y más concretamente como una vasija del alma. Al ser la parte más permanente del individuo tras la muerte, y la más difícil de dañar o destruir en vida, sería allí dónde se alojaría y protegería el ánima más primordial, y el punto de anclaje que la mantendría ligada a esta realidad tras el fallecimiento, a fin de poder renacer de nuevo en ella. Esta es la que estudiosos como Claude Lecouteux denominaron la creencia en el alma ósea, que abundaba en las religiones indoeuropeas (hallando paralelismos en creencias de otros continentes), y pervivió en el chamanismo, las diversas mitologías y el folklore desde el paleolítico hasta día de hoy.
La creencia en el alma ósea es inherente a muchas prácticas mágicas y creencias religiosas aún a día de hoy. Es, por ejemplo, aquella que hace creer a los católicos que las reliquias de huesos contienen la gracia del santo, o aquella que hace temer cuando se acude a un cementerio de noche.
En la brujería y la necromancia, los huesos son el elemento vinculante más potente que sirve al practicante para comunicarse con el espíritu y para transitar, o permitirle transitar a él, el camino entre ambos mundos. Son además un recipiente para alojar temporalmente otros espíritus y un vehículo para permitirles comunicarse y manifestarse en este mundo. Por ejemplo, como ya sabéis, mi oráculo principal está conformado por huesos, para que sus espíritus me cuenten lo que aprecian desde el otro lado, y para que mis ancestros puedan usarlos de medio para hablar conmigo. Tengo también huesos tomados del bosque para dar un alojamiento al genius loci de ese bosque en mi casa; y es a través de los huesos que realizo el trabajo y mantengo el nexo con mis espíritus familiares animales.
Por supuesto, también conservo huesos simplemente porque me gustan. Sea cual sea el caso, aunque sea únicamente para tenerlos como compañeros en casa, nunca pierdo de vista el nexo que los huesos tienen con su ánima, y por ello para mi es esencial mostrar hacia ellos un sumo respeto que se traduce en varias formas de proceder en su trato:
1. Jamás tomo huesos que sienta que no deben ser tomados o que no den su consentimiento. He dejado huesos fascinantes en el entorno reiteradas veces al apreciar que no querían ser tocados o que los moviera de allí. Un no es un no, y para mi el sí es una clara sensación de apertura, curiosidad, ofrecimiento, simpatía o paz que se nota cuando el espíritu y/o el genius loci otorga permiso.
2. Aunque no es estrictamente necesario, para mi es esencial proporcionar un recibimiento formal a los huesos en casa, honrándolos con toda una serie de ritualística y cuidados que os contaré en este artículo.
3. Vayan a ser tratados como familiares, caso en el cuál poseerán una caja-hogar o descansarán en el altar, o simplemente conservándolos de una forma más casual en un estante, siempre se les tratará con respeto y no como un trasto o un jarrón decorativo. Hay que mantenerlos limpios y conservarlos y manipularlos cuidadosamente.
4. En el caso de sentir que he de prescindir de ellos o que ya no desean estar conmigo, siempre se devuelven los huesos al lugar del cuál se los tomó, o en su defecto, a un lugar similar apropiado al espíritu en cuestión, con una despedida y agradecimiento adecuados.
Visto esto, vamos al quid de la cuestión.
¿Qué tratamiento físico-mágico doy a los huesos cuando los traigo a casa?
A mi parecer, existen cinco focos convenientes a cubrir al idear un tratamiento para recibir, honrar y adecuar la materia ósea que hemos traído a casa.
1. Limpieza
2. Desinfección
3. Apaciguamiento/honrado
4. Alimentación
5. Conservación
En primer lugar, suele ser necesario someter a los huesos a una limpieza física, puesto que pueden venir llenos de tierra, hojas, insectos o restos de carne. En este artículo no voy a entrar en métodos de limpieza de materia muerta reciente, porque es algo considerablemente más aparatoso y desagradable, y por mis posibilidades actuales no tomo huesos con restos putrefactos (un bidón de agua podrida con cadáveres dentro en el patio es más de lo que mi familia puede procesar, y no les culpo).

Por ese motivo, para la limpieza me basto con dejar los huesos en remojo en agua casi hirviendo con jabón desengrasante (el típico de lavar platos es adecuado) durante un rato, y después los froto con un cepillo y utilizo espátulas o un cuchillo pequeño para quitar restos de piel y suciedad. El jabón desengrasante es interesante de incluir porque por pelados y limpios que estén los huesos, a menudo aún contienen restos grasos que han permeado en el hueso y pueden producir mal olor o amarilleamiento.
Otra opción interesante para limpiar los huesos si queremos efectuar una desinfección más correcta, es hervirlos durante un par de horas en agua con jabón o con una buena cantidad de vinagre. Puede aprovecharse la ocasión para añadir al agua diversas plantas antisépticas y que cumplan una función necromántica o de honra de los huesos (hablaremos de ellas más adelante).
Finalmente, una opción más para la limpieza y desinfección de los restos, de las más populares entre los coleccionistas, es sumergirlos en agua oxigenada de 10 volúmenes de 6 a 12 horas una vez ya se han limpiado con agua y jabón. Esto produce el blanqueamiento de los huesos, que deben ser retirados y enjuagados cuando adquieran el tono deseado. Personalmente, no llevo a cabo esta técnica habitualmente porque prefiero respetar su pátina natural, que a mi parecer conserva en sí un nexo con la energía del territorio en el que han yacido los huesos y con la historia de los mismos.
En el caso de querer conservar los restos de piel y pelo que contengan (únicamente en el caso de que tengan muy poca carne y esté bien seca), no los sumerjo en agua de ningún modo, puesto que esto rehidrataría la materia blanda y reactivaría el proceso de putrefacción, sino que los dejo tres días sumergidos en alcohol de 96º al que le añado las plantas y otros materiales de ofrenda.

(Como estos restos de gatete tenían pelo que quería conservar, hice el procedimiento en alcohol)
Si los restos no aparentan estar secos completamente, pueden introducirse en sal durante unos días e irla cambiando (ya que se irá humedeciendo) hasta que tanto la sal como los restos se noten bien secos. Esto lo hago, por ejemplo, con patas de ave o sapos secos.
En lo personal, normalmente no efectúo una limpieza energética deliberada sobre los huesos, puesto que parto de la premisa de no tomar aquellos que no me transmitan una buena energía. En el proceso de limpieza física y de honrado a menudo ya se incluyen acciones o aliados vegetales que poseen virtud purificadora, con lo que eso resulta suficiente. En todo caso, de quererla hacer, es conveniente utilizar elementos de limpieza para desvanecer energías residuales negativas indeseadas (por ejemplo, el miedo de haber sido cazado por un depredador) pero no de destierro, puesto que en el segundo caso podríamos ofender al espíritu o enturbiar en su conexión con los huesos. Vaciar completamente unos huesos con métodos de destierro para utilizarlos de vasija para otro espíritu es una práctica complicada que normalmente no es necesaria, porque es difícil romper definitivamente un nexo natural como el que ya poseen los huesos. Habitualmente ambos espíritus podrán convivir, quedando el huesped original más adormilado.
Tras la limpieza, o a veces en conjunto con ella, llevo a cabo un proceso de apaciguamiento u honrado de los huesos. La función de esto es propiciar un estado amistoso y tranquilo en el espíritu, así como demostrarle respeto y buena predisposición. A menudo, combino este procedimiento con la alimentación del espíritu, en el caso de que quiera que la conexión entre este y los restos se refuerce y se encuentre enérgico para realizar acciones activas.
Esto acostumbro a hacerlo sumergiendo los restos en una infusión de plantas funerarias y necrománticas tras haberlos limpiado y enjuagado, o añadiendo dichas plantas al alcohol en el caso de haber seguido ese procedimiento en lugar de la limpieza acuosa (de modo que se forma una tintura en la que maceran los huesos). Las plantas que más utilizo a este fin suelen ser:
- Romero y/o tomillo: son plantas antisépticas, purificadoras y tónicas. Ayudan a desinfectar, a la vez que aportan al espíritu energía y buen ánimo.
- Rosa: se trata de una de las plantas que más utilizo en el culto a los ancestros, tal y como ya era considerada en tiempos romanos. Apacigua el ánimo, aporta armonía y es una forma de honrar y enaltecer al espíritu con un gesto afectuoso.
- Ajenjo: sin duda, una de mis favoritas. El ajenjo es una de las plantas necrománticas por excelencia, destacando tanto en la invocación como en el destierro de espíritus. La utilizo con intención de proporcionar energía (alimentar) al ánima.
- Artemisa: hermana del ajenjo, también ha sido utilizada a lo largo de la historia como planta para favorecer la comunicación entre mundos, invocar, desterrar y purificar.
- Resinas de ciprés, cedro o mirra: únicamente las uso en el caso de estar macerando los restos en alcohol, ya que no son solubles en agua. Estas resinas destacan por sus usos en la ritualística funeraria a modo de elemento purificador y protector frente a malos espíritus, tanto para los vivos como para el muerto honrado con ellas. Además, con su aroma perfumado, proporcionaban energía al difunto y favorecían su buen ánimo siendo usadas como ofrenda.

La alimentación del espíritu no es más que la aportación de energía a su ser. Como ya hemos visto, esta es una función que ya realizan algunas de las plantas descritas, pero para la que destacan particularmente las ofrendas. Las ofrendas adecuadas a este fin son las “vivas”, las que contienen en sí energía de vida, que es lo que alimenta a los muertos: leche, sangre, calor, aliento, humo, vino y otras bebidas espirituosas…
Las ofrendas que entreguemos dependerán de cuánta energía queremos dar al espíritu y qué relación esperamos tener con él. Por ejemplo, en el caso de unos huesos que sólo vamos a preservar sin esperar de ellos un trabajo activo, es preferible no alimentarlos con ofrendas como las descritas, porque no tiene sentido agitar o despertar a un espíritu con el que no buscamos una interacción directa. Con el procedimiento de sumergirlos en el agua con las plantas funerarias adecuadas será suficiente para mostrarle respeto, limpiar cualquier energía indeseada y que se sienta a gusto y tranquilo.
En cambio, en el caso de querer realizar trabajo mágico con él, puede resultar conveniente proporcionar energía al ánima para que pueda manifestarse en nuestra realidad con mayor facilidad, a lo que podremos añadir al agua con plantas un chorrito de leche o vino.
En caso de los familiares, que es quizá la relación más íntima, enérgica y a largo término que podemos tener con un espíritu animal, a estas ofrendas de vino o leche se le puede añadir unas gotas de sangre. No olvidemos que la sangre es un elemento vinculante y, por lo tanto, entregarla otorga una conexión de doble sentido con el espíritu al que se ha ofrendado. Por este motivo es por el cuál alimentar de sangre propia a un familiar crea un nexo poderoso con él muy útil, pero no debemos entregar sangre propia a espíritus con los que no tengamos una absoluta confianza.

Tras pasar unas horas en el puchero (jaja, lo llamo así porque el conjunto parece una sopa estrambótica) con las infusiones de hierbas y ofrendas, normalmente toda la noche, saco los huesos y los dejo secar al menos todo el día, o un par si veo que no han secado lo suficiente.

Una vez secos, por la noche, paso a efectuar el último rito-proceso, pintarlos con una tintura de resinas que los consolide, proteja y honre con un aroma suave. Algunas opciones interesantes son las mismas resinas descritas anteriormente, combinadas con algunas de las plantas en función de lo que se espera de los huesos. Quizá para energizarlos pueda ir bien combinar con ajenjo, o para que estén tranquilos y adormecidos pueda servir la lavanda. Actualmente uso el bálsamo óseo que preparamos para Samhain el año pasado, que me encanta. Las resinas tienen la virtud de cerrar un poco el poro del hueso para evitar que penetre la suciedad y adherir las partes más descamadas o pulverulentas para detener el deterioro y conservar los restos.
Cabe decir que los huesos pueden pintarse con ocre rojo para potenciar su energía, ser inscritos para que cumplan una función y muchas cosas más. La verdad es que hay un sinfín de posibilidades, y de ellas siempre sale algo interesante. Sigo experimentando, y si queréis, en un tiempo os traeré más ideas.
Para terminar, he de decir que tal y como he mencionado con anterioridad, el tratamiento de los huesos va a depender de lo que esperamos de ellos. Si solo los vamos a tener en reposo, bastará con mantenerlos limpios y quizá renovar un poco la ritualística efectuada sobre ellos una vez al año (¡en el día de Difuntos es una gran idea!), pero en el caso de tratar con ellos y su ánima de forma activa (en hechicería, como familiares, en oráculos…) es conveniente nutrirlos y proporcionarles energía periódicamente, por ejemplo antes de cada trabajo mágico o una vez al mes. A este fin podemos idear un pequeño rito de alimentación.
Para mi oráculo de huesos, por ejemplo, el rito de alimentación consiste en salpicarlos con un agua aromática, pasarlos por humo de un hatillo de artemisa y soplarles mi aliento antes de cada sesión de adivinación. De forma más esporádica puedo hacer un rito más intenso de ofrenda, similar al de los familiares. Antes de un trabajo mágico con otros huesos o familiares, los prepararía de modo parecido.
Para los familiares, el rito base de alimentación es mensual, y consiste en pasarlos por humo de alguna resina (por ejemplo, de cedro), frotarlos con una pequeña cantidad de Polvos Stainos (también los preparamos el Samhain pasado) y alimentarlos con agua, vino o leche (según prefiera el espíritu) y unas gotas de sangre, si estoy en un momento adecuado para ello (si estoy enferma o no me siento enérgica, por ejemplo, puedo prescindir de ello y alimentarlos sólo con lo demás).
¡Esto ha sido todo por hoy! Espero que os haya gustado el artículo, como siempre, y estaré encantada de leer comentarios o contestar preguntas. Ya me decís qué os ha parecido 😊
¡Muchas gracias a todos, un abrazo y feliz entrada al mes de mayo!