La última de las fuentes es la más extraña y curiosa que visitamos. De ella brotan aguas termales casi hirviendo, las mismas que alimentan el enorme balneario de Andorra y la convierten en una de las fuentes urbanas más calientes de toda Europa. Cuentan los habitantes de esa zona que la Font del Roc del Metge fue comprada durante el siglo XIX por un médico francés que pretendía construir en ella su casa y usar la prodigiosa agua como remedio para sanar a sus pacientes. Sin embargo, la roca que guarda la fuente resultó tan dura que fue imposible de romper para construir ahí, y su plan de hacerse rico vendiendo frascos con su agua milagrosa resultó en fracaso. Quizás sea porque estas aguas cargadas de azufre no son beneficiosas si son ingeridas, ¡pero sí que lo son si te bañas en ellas!