Esta es la cuarta fuente que visitamos, la Font del Cuc (tiene gracia que se llame así, significa "la fuente del gusano" y no logramos saber por qué). Estaba literalmente a cinco metros de la font del Ferro y nos dejó fascinados el hecho de que estando tan cerca fueran fuentes tan distintas alimentadas por riachuelos independientes (esta no tenía ni rastro de hierro!). Lo que más me gustó de esta fuente fue claramente ver cómo el musgo y la humedad habían podrido la caña y dejado irreconocible el paso del hombre en aquél lugar. Me hizo reflexionar sobre cómo nos creemos capaces de controlar la naturaleza cuando ella es infinitamente más poderosa e imbatible. También me hizo recordar que nada perdura para siempre y que todo muere y sigue el ciclo natural. Aunque me de pánico la muerte, he de reconocer que en la naturaleza se me hace un destino infinitamente menos aterrador (y al pensar en la tierra húmeda y el mullido musgo, hasta reconfortante!) que en nuestros cementerios de cemento dispuestos para evitar que sigamos el ciclo de la tierra.