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DESVELANDO SECRETOS: Primeros encuentros - Suho POV

 

– ¿Estás bien, tío? – preguntó Lucas, deteniéndose unos escalones más arriba y observando cómo su acompañante terminaba de subir el cuarto tramo de escaleras con dificultad.

– Sí, sí… Uff. Tú ve delante, ya te alcanzo.

– Vale. Si no apareces arriba en dos minutos, enviaré un equipo de rescate. ¡Aguanta!

Con una risilla bobalicona, el chico desapareció de su vista, dejando a Suho un rellano más abajo. Aprovechó el momento para perder por completo su dignidad y apoyarse unos segundos en la pared, empezando a sentirse un poco preocupado por su evidente falta de aliento. ¿Qué me pasa hoy?

Tal vez su falta de energía fuese el resultado de no haber comido lo suficiente los últimos días. O de no haber dormido las dos noches anteriores más que un par de horas por culpa de terminar con algunos encargos. O de las cosas que había tenido que escuchar decir a su madre en la llamada que… No, deja de pensar en cosas deprimentes. Hoy has venido a divertirte y a hacer amigos.

– Oh-oh… No me digas que ya te estás arrepintiendo de haber accedido a ayudarnos.

Sobresaltado por la inesperada voz femenina, Suho levantó la mirada de las baldosas del suelo. Frente a él, una chica más o menos de su edad y con una bonita sonrisa bajaba los últimos dos escalones hasta situarse a su altura. Su gesto era amable, y el color de sus ojos contrastaba con el color de su camiseta. Una combinación perfecta que, si tuviera que plasmar sobre lienzo, tal vez podría replicar si… Deja de observarla como un idiota y responde.

– Pues la verdad es que estaba calculando cuántos segundos tardaría en bajar y desaparecer. Por saber las probabilidades de éxito en la retirada y eso – bromeó, mientras de forma disimulada se alejaba de la pared y enderezaba su postura para no seguir pareciendo un anciano con soplo en el corazón que acaba de correr delante de un cocodrilo hambriento.

– Demasiado tarde. ¡Ya no hay escapatoria! Has sido interceptado por el enemigo – dijo ella, siguiéndole el juego y emitiendo una risa alegre que hizo que la comisura de sus propios labios se elevaran sin poder remediarlo. Sin apenas darse cuenta, los hombros de Suho se relajaron, dejándose llevar por la tranquilidad que le transmitía.

– Bueno, si el enemigo eres tú, entonces igual me apetece más quedarme – soltó él, sin pensar detenidamente sus palabras. Pero al detectar cómo los ojos de ella se abrían ligeramente debido a la sorpresa, fue consciente de cómo sonaba lo que acababa de decir y añadió con rapidez–: Me refiero a que pareces amable y simpática, no a que… No estaba insinuando… Ya sabes.

Se hizo el silencio por unos segundos. Incómodo, se mordió el labio, pero cuando estaba a punto de decir alguna estupidez más, la chica emitió una graciosa carcajada. Oh… Esto es nuevo. Al parecer, su metedura de pata le había parecido divertida. Un peso se levantó de su estómago, aliviado de no haber estropeado una oportunidad tan buena como aquella de hacer amigos.

– Perdona… Es que me ha recordado a la conversación que tuvimos el otro día a través de la aplicación – explicó ella, todavía con un resto de sonrisa en sus labios. Las cejas de Suho se levantaron con sorpresa. ¿Así que eras tú? Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por sus siguientes palabras–: Eres igual de mono en persona.

¿Mono? No supo muy bien cómo sentirse con ese adjetivo. Eso era bueno, ¿no? Aún así, había algo en aquella palabra que le molestaba un poco. Tenía experiencia siendo el chico “mono”, y todas y cada una de las veces, esa palabra se había usado para referirse al graciosillo que, por muy bueno que fuera, siempre acababa… solo. No todo el mundo es igual. No le des tanta importancia. Forzándose a seguir adelante, le devolvió la sonrisa.

– ¡Gracias por el cumplido! Bueno, objetivo alcanzado. Ahora si me disculpas, me tengo que ir a otro sit… – respondió, sacudiéndose el polvo imaginario de las manos y fingiendo dar la vuelta para volver por donde había venido.

– ¡Eh! ¡¿A dónde crees que vas?! – riendo de nuevo, ella se apresuró a agarrarle del brazo y tirar de él escaleras arriba–. Necesitamos esos dos brazos fuertes para cargar cajas. Démonos prisa, he dejado a los demás solos arriba y no me fio demasiado de que la líen sin supervisión adulta.

Sabía que no lo había dicho en serio, pero las palabras “brazos fuertes” le crearon una sensación rara en el estómago. ¿Huh? ¿Por qué tengo la extraña necesidad de que vuelva a decirme algo agradable? Ahora estaba un poco confuso. Y sus orejas también, porque estaban más calientes de lo normal.

Por suerte, el sonrojo pasó desapercibido cuando comenzaron las presentaciones. Aquel grupo de personas era… raro. Pero raro en el buen y totalmente extravagante sentido. Tal vez, al fin, conseguiría sentirse integrado. Conectar. Ser uno más. Encontrar su lugar, después de buscarlo durante tantos años.

– Tierra llamando a Suho – susurró Lucas a su lado tras pegar un trago a su botella de agua, atrayendo su atención hacia él y haciendo que Suho fuese al fin capaz de despegar sus ojos de la puerta de la cocina, por donde ella acababa de desaparecer hacía unos instantes–. ¿Qué estás mirando tan fijamente? ¿Ya te ha afectado al cerebro subir y bajar quinientas veces?

– Nada – mintió, intentando volver al trabajo cuanto antes.

Pero justo cuando Lucas ponía su cara pegada a la suya, imitando la dirección de su mirada, ella volvió a aparecer, con unas cuantas botellas de agua más en sus manos y esquivando por los pelos a Emma, la cual perseguía a Samuel con un plumero. Genial.

– Lo siento, amigo, pero… – comenzó Lucas, poniendo su mano sobre su hombro como si le estuviese dando el pésame. Entonces, le susurró al oído con disimulo–: Tiene novio.

Ugh. Por supuesto que lo tenía. ¿Cómo no iba a tenerlo? Intentando ocultar su decepción, se agachó a tomar una de las cajas, aunque no tenía muy claro a qué habitación tenía que llevarla.

– ¿Me vas a ayudar a llevar todo esto o no? – le preguntó, echando a caminar hacia el pasillo sin rumbo exacto. A su espalda, Lucas se apresuró a agarrar otra caja, intentando aguantar la risa sin éxito.

_______________

[Al día siguiente...]

Tumbado en la cama, Suho levantó los brazos en el aire, observando la pantalla por enésima vez aquella noche. Y como todas las veces anteriores, no se atrevió a iniciar una nueva conversación con ella, a solas. Arg. ¿Por qué se siente tan raro? Sintiéndose como un cobarde, tiró el móvil contra el colchón, y se levantó bruscamente de la cama en dirección al escritorio. Tal vez centrarse en uno de sus encargos le ayudara a sacarla de su cabeza.


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