DESVELANDO SECRETOS: Primeros encuentros - Marc POV
Added 2024-09-08 13:00:08 +0000 UTC
Marc cruzó la puerta de la cafetería y caminó hasta la máquina de snacks en modo automático. Llevaba menos de un mes en la universidad y había perdido la cuenta de la cantidad de veces que se había alimentado a base de cafés y comida basura. El día no estaba yendo tan bien como esperaba y, en momentos de agobio, no podía dejar de preguntarse si había hecho lo correcto comenzando a estudiar veterinaria.
No era ninguna sorpresa que había escogido una carrera complicada, y ya había asumido que junto a su voluntariado en la protectora no tendría demasiado tiempo libre. ¿Y si no estaba a la altura? ¿Y si acababa abandonando su sueño de ser veterinario? Qué estás diciendo... ¿En serio te vas a rendir tan pronto, tío? Los animales habían sido su debilidad desde que era niño, y siempre había tenido claro que quería pasar su vida ayudándoles. Lo que nadie le había dicho era que, para ello, iba a dormir entre poco y nada.
Sabía que, en cuanto se bebiese el café que tenía entre sus manos y comiese algo, aguantaría mejor el día. Un chute de cafeína siempre ayuda. Se paró frente a la máquina y valoró sus posibilidades. ¿Cuál sería el veneno que se echaría ese día a la boca? Se moría por unas patatas bien saladas… Aunque igual moriría literalmente si continuaba comiendo ese tipo de cosas. Bueno, es algo temporal...
No tenía demasiado tiempo antes de que comenzase su clase de Bioquímica, así que, con rapidez, introdujo el dinero en la ranura y esperó a que sus patatas se estampasen contra la parte baja de la máquina. Si la bolsa no fuese un 80% de aire, tendría que esnifarlas... Sin perder más tiempo, agarró la bolsa y se giró para reanudar la marcha. Pero el choque repentino contra algo que había detrás de él hizo que frenase en seco.
- ¡Ey! ¡Cuidado!
- ¡Oh! Lo… ¡lo siento!
Un gato mojado, así es cómo describiría en pocas palabras a la chica que tenía delante. Empapada, con cara de fastidio y dispuesta a lanzar un buen zarpazo. Aún así, al igual que con los felinos recién llegados a la protectora, había algo dulce en ella que activaba su instinto de protección, aunque en el proceso se llevase de regalo algún que otro arañazo.
- ¡Estoy empapada!
Su preciado café… se había vertido por completo sobre la camiseta de la chica. Lo normal en esos casos sería apresurase a hacer algo para evitar que se calase hasta los huesos, pero Marc no podía hacer otra cosa más que mirarla. Tal vez fuera culpa del cansancio, pero ahí estaba parado como si se tratase de un pez payaso. ¿Me está dando un ictus? ¡Espabila Marc!
Era guapa, eso era innegable. Pero él nunca había sido el tipo de chico que se embelesa con alguien simplemente por su belleza. Había algo más en ella, algo… hipnótico. Había visto muchas chicas guapas antes, pero al lado de ella todas se convertían en un recuerdo vago y sin interés.
- Mi camiseta… - susurró ella observando el desastre, como si aquello hubiese terminado de arruinarle el día.
- Ven conmigo. Vamos al baño y seguro que conseguimos solucionarlo.
¿Pero qué estoy diciendo? ¿Al baño? Si lo que quería era ser simpático, había conseguido todo lo contrario: acababa de sonar como un pervertido. Te estás luciendo, chaval. Tenía que solucionar aquello como fuese. No podía permitir que ella recordase su primer encuentro como “el tío que se estampó conmigo y me dijo de ir al baño con él”.
- No puedes quedarte con toda la ropa mojada… Tengo una camiseta de repuesto – sugirió él, y por algún motivo era incapaz de cerrar la boca-. Te prometo que está limpia. No es que lleve ropa sucia en la mochila ni nada. Bueno, a veces sí. Pero ahora no es el caso...
¿Eso ha sido una sonrisa? ¿O se está riendo de lo imbécil que parezco? Por suerte, ella estaba dispuesta a aceptar su ayuda. Juntos, comenzaron a caminar hacia los baños, y Marc no pudo evitar observarla de reojo. Ahora que su expresión se había relajado ya no parecía un gato mojado, sino más bien un cachorrito adorable. Sin poder controlarlo las preguntas comenzaron a apelotonarse en su mente: ¿Qué estudiará? ¿En qué año de carrera estará? ¿Tendrá novio? Ugh, ¿qué haces, Marc? Si ni siquiera os habéis presentado.
- Por cierto, me llamo Marc. Y normalmente no voy por ahí tirándole bebidas a las chicas. Bueno, a los chicos tampoco, ya me entiendes.
La cosa iba de mal en peor. A pesar de ello, la chica emitió una suave risa que sonó como música para sus oídos.
- Tranquilo, ha sido un accidente. Yo me llamo ______.
- Encantado – Hasta su nombre es precioso-. Bueno, pues aquí está el baño… Toma la camiseta.
- Gracias. De momento no he tenido mucha suerte haciendo amigos por aquí, así que es agradable conocer a alguien amable por fin.
- ¡Ah! Pues ya tienes un amigo más en el campus.
¿“Amigo”? ¿Soy idiota o qué me pasa? Incómodo, Marc se rascó la coronilla y sonrió, recibiendo de vuelta otra sonrisa preciosa. Había llegado el momento de la despedida pero, una vez más, no encontraba las palabras adecuadas para hacerlo. Por suerte, ella pareció ser más hábil y habló primero.
- Apúntate mi número si quieres, y así podemos quedar y te devuelvo la camiseta.
- ¡Oh! Claro... Sí, sí. Dímelo.
Era sorprendente que sólo un puñado de números pudieran hacerle tan feliz. El campus era enorme, pero ahora tenía un medio para poder volver a verla.
- Ya nos veremos. Gracias de nuevo.
- De nada. Si necesitas cualquier cosa ya sabes.
La puerta del baño se cerró y el silencio llenó el pasillo. Jamás habría imaginado que conocería a alguien como ella y de una forma tan desastrosa. Pero la vida era así de impredecible. Lo que había comenzado como un día agobiante había terminado con una sonrisa de oreja a oreja y un encuentro que lo cambiaría todo. Al final, y después de todo, igual sí había encontrado un buen motivo para sobrevivir a los años de carrera que tenía por delante.