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Análisis de Chernobyl

Chernobyl era una abstracción. Era algún lugar en alguna parte de la Unión Soviética donde ocurrió algún accidente nuclear. Se evacuaron personas, algunas murieron, y no será habitable hasta que haya pasado más tiempo del que le ha llevado al ser humano crear una civilización. Era un lugar fantasma donde crear historias más íntimas, más etéreas. Extrañas. Era el lugar donde ocurre “Todos Camuflados” en Call of Duty 4: Modern Warfare, el trasfondo ideal para el riesgo y el acercamiento casi nihilista de S.T.A.L.K.E.R. Una lección aprendida por osmosis sin una fuente concreta, un lugar que estaba y ahora no se sabe si termina de estar o no. Un reducto de un misterio y poco más.

Chernobyl es una historia brillante, y deducir el por qué tiene mucho que ver con lo que no se ha hecho. Es tentador hablar del accidente nuclear más conocido de la Historia y convertirlo en una moraleja sobre los peligros de la energía atómica igual que es tentador hablar sobre un error cometido dentro de las fronteras de la Unión Soviética y convertirlo en el enésimo panfleto anticomunista. Ahí queda El Puente de los Espías. Pero a pesar de que los personajes se dirijan entre ellos con el epíteto “camarada” anteponiendo el título al nombre, a pesar de los discursos sobre la gloria de Lenin y excusar el papel del Estado para cerrar los ojos frente a un accidente catastrófico, el enemigo de Chernobyl es el mismo que el de The Wire. Es la burocracia. Es el sistema, el juego, aquello en lo que las personas participan pero que ninguna en concreto es. Es estar entre la espada y la pared porque el sentido común te dice que no debes hacerlo pero, en la práctica, si no haces lo que te dicen no volverás a encontrar trabajo en tu vida. Chernobyl podría ser una serie efectista o un documental centrado fríamente en los hechos, podría fijarse en el accidente, qué se hizo o dejó de hacerse y por qué. Pero su triunfo es que es todo eso y más. Es una precisa radiografía de un evento histórico a nivel humano, estatal y ambiental. Un cuento amargo sobre cómo el miedo, la jerarquía y, en palabras de uno de sus protagonistas, las mentiras llevan al desastre.

El equilibrio de Chernobyl es tan preciso que ni siquiera se es consciente de lo que está haciendo la serie contigo. Sus personajes entran y salen de escena en un controlado baile de rostros donde se mezclan función y humanidad: los ingenieros que sucumben a la radiación en las primeras horas reciben un nombre y son inmediatamente descartados para recordarnos que había personas en el lugar del accidente, y seguimos la historia de Vasily Ignatenko y su esposa no porque su desarrollo sea importante para nosotros sino porque la radiación es aterradora y afectó de mil maneras a sus víctimas. Los cadáveres no sólo tenían nombre sino familias, vidas. En el penúltimo episodio se presenta un nuevo personaje cuya única función es llevarnos de la mano por las brigadas de exterminio de animales que fueron enviadas al lugar del accidente para acabar con las mascotas y la fauna contaminadas por la radiación. A cada nuevo problema, la catástrofe tiene cara humana. Chernobyl deja de ser un hecho distante y se convierte en un segador cuyo conteo de vidas tomadas no para de subir, y la serie distrae con ágiles movimientos de manos para que no se eche de menos a nadie o ningún personaje parezca entrar o salir deprisa o sin razón. Los rostros de Vasily Legásov, Boris Shcherbina y Ulana Khomyuk nos atan a los eventos para que no nos perdamos en el mar de caras, y a su alrededor conforme se desarrollan los eventos los demás vienen y van.

Sería tentador también presentar la energía atómica con efectismos y gran pompa, pero Chernobyl se mantiene con los pies en la tierra y presenta lo radioactivo como un enemigo aterrador, de los más inquietantes que he visto en la ficción en mucho tiempo. No huele ni suena ni se siente; la única pista es el sabor a metal en la boca y su destrucción llega con retraso y contundencia, afectando doblemente al no sólo dañar sino aislar. Sus víctimas ni siquiera pueden sentir el tacto de un ser querido antes de morir. El contador geiger es el único indicador que tenemos contra esta fuerza invisible y sus crujidos se escuchan a pie de calle, junto a los hombres y mujeres aterrados que buscan una solución a un problema demasiado grande para ninguno de ellos. El sonido atronador hace más que todos los violines que puedan sonar para anticipar su llegada, porque ese es el auténtico pánico: está ahí y no puedes verlo, no puedes hacer nada. Es una fuerza de la naturaleza.

Me sorprende revisar los créditos del guionista y creador de Chernobyl para encontrarme con que antes de esta obra lo mejor que había hecho era Blancanieves y la Leyenda del Cazador. Craig Mazin ha pasado de firmar Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!, una película mediocremente derivativa y sin imaginación, a escribir una serie que no tiene derecho a ser tan buena como es. Hay material aquí para crear una buena serie, pero a cada día que pasa me encuentro con que Chernobyl me gusta un poco más. Está en otra categoría. No me explico cómo ha logrado encontrar ese equilibrio entre lo humano y lo histórico, cómo ha tocado tantísimos palos en cinco horas sin que le tiemble el pulso, cómo logra llevarte de la desesperación a la rabia, la inteligencia y entendimiento de los verdaderos mecanismos que mueven a la sociedad que exhibe. Porque Chernobyl también es producto de una excelente dirección y un reparto que hace un fantástico trabajo, pero lo que marca la diferencia es su guión. Veo entre los créditos de Craig Mazin que ha escrito el nuevo reboot de Los Ángeles de Charlie y que va a participar en la adaptación de un cómic llamado Cowboy Ninja Viking: “Un experimento del Gobierno transforma a Duncan, un hombre que sufre desorden de personalidad múltiple, en un soldado con superpoderes y los atributos de un vaquero, un ninja y un vikingo”. Yo qué sé. Quizá esta sea su vocación, y Craig Mazin puede hacer basura el resto de su vida, pero siempre será el hombre cuya pluma dio a luz Chernobyl. No sé cómo ha sido posible.

Pero lo agradezco.

Comments

Me he visto la serie gracias a ti. Muchas gracias.

xdan

Realmente para que la gente que había pillado el mes gratis de HBO no se diera de baja ahora que expira tras GOT XD

Pablo

Ok, ya me la vendiste. Al leer esto se me ocurre que quizás HBO tenía preparada esta serie para que la temporada final de GoT pasara a segundo plano más rápido.

Nicolás Pinto


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