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EdelweissVonDoom
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¿Es necesaria la dificultad en Dark Souls?

Este texto ha sido escrito desde la perspectiva de alguien que solo ha jugado a Dark Souls. Por supuesto, contiene spoilers de este juego.

Hace unos días hubo cierta polémica, que todavía no ha terminado, por cierto, sobre el hecho de que Demon’s Souls no fuese a tener distintos modos de dificultad. Muchas de las quejas defendían que, si el juego era tan difícil, podía impedir que ciertos jugadores se acercasen a él y supondría problemas de accesibilidad para personas discapacitadas. Por supuesto, estoy totalmente a bordo de facilitar que cualquier persona pueda jugar, que eso vaya por delante, pero creo que muchos se equivocaron al afirmar que la dificultad no aportaba nada a la experiencia.

Solo puedo hablar por Dark Souls, porque es el único juego de esta familia que he jugado por el momento, pero realmente su dificultad es ESENCIAL para que tu viaje sea como es. Por eso quería explicar aquí mis motivos para pensar esto.

Lo primero que me gustaría dejar claro es que, como ya dije en mi análisis sobre cómo Dark Souls entrena al jugador, estos títulos no son difíciles, sino exigentes. Cualquiera puede completar su historia. La idea es que se te ofrecen una serie de herramientas que debes ir asimilando para construir sobre ellas un estilo de combate personal con el que enfrentarte a los retos que te van proponiendo. Y creo que no me equivoco si afirmo que no hay ningún desafío imposible.

Es por esto que cada victoria es realmente significativa y memorable. Hay un esfuerzo detrás, no físico, sino mental. Lo importante es aprender a pensar con el desafío, adaptarse a él y perseverar hasta lograrlo. Solo gracias a la dificultad podemos obtener esa sensación de superación y mejora constante. En este sentido, no es lo mismo, por ejemplo, acabar con Poseidón en God of War III, por mucho dios olímpico que sea, que conseguir derrotar al Demonio del Refugio en Dark Souls, siendo ambos los jefes con los que concluye el tutorial en sus respectivos juegos.

La diferencia crucial es que, en el caso de Poseidón, Kratos podía enfrentarse a él desde el principio de igual a igual. Jamás dudamos, en resumen, de que fuésemos a ser capaces de matarle. Pero con el Demonio del Refugio las cosas son totalmente distintas. La primera interacción que el jugador va a tener con él en su primera partida va a ser, probablemente, asustarse y huir. Y en ningún momento podemos sentir que seamos iguales, todo lo contrario; él es un desafío mucho más grande que nosotros. Pero luchamos, morimos, perseveramos, aprendemos y ganamos. Esa es la magia de Dark Souls.

Porque, en última instancia, Dark Souls es un juego sobre la esperanza. Si no hay desesperación, si no existe la posibilidad de que te rindas por encontrarte ante un muro que parece infranqueable, jamás experimentarás la satisfacción de haberlo escalado.

Además, esta exigencia contribuye a definir el mundo sin necesidad de usar largas cinemáticas o aburridos documentos. Porque si por algo se caracteriza Dark Souls es precisamente por no explicar a las claras su historia, dejando que sea el jugador quien una los puntos. Ese mundo vacío, cruel y salvaje que se nos presenta no sería lo mismo si pudiésemos eliminar a todos los enemigos de un solo golpe. Y es que los personajes tampoco se desarrollarían de la misma manera.

Solaire no se convierte en nuestro faro de esperanza por casualidad; necesita de lo duro que puede llegar a ser enfrentarse a un jefe complicado para que le pidamos ayuda. Y por eso, cuando muere, es como si una parte de nosotros muriese con él. Yo me quedé destrozada pensando en cómo le había fallado después de lo mucho que había hecho por mí. La esperanza se iba con él.

Y lo mismo sucede con Siegmeyer, que está en el extremo opuesto. Precisamente porque es un mundo peligroso en el que cuesta avanzar sientes que tienes la responsabilidad de ayudarle, porque tú puedes hacerlo. ¿Qué clase de persona serías si le dejases a su suerte?

La colaboración es otro tema importante en la franquicia. No solo puedes invocar ayuda desde dentro del juego si la necesitas, sino que también pueden colaborar contigo otros jugadores de todo el mundo. Simplemente con los mensajes en el suelo, que uno deja ahí con buenas o malas intenciones pero siempre a causa de que avanzar es un desafío, uno se siente acompañado. Eres parte de algo más grande.

Por último, la dificultad en Dark Souls también nos lleva a vivir una experiencia única. Sí, está claro que millones de personas han pasado exactamente por los mismos sitios que tú y se han enfrentado a las mismas fuerzas, pero no de la misma manera. Nadie derrota a Ornstein y Smough de la misma manera. Esa es tu historia, tu viaje. Y, cuando finalmente termina, la sensación de haber hecho algo grande sería, en definitiva, imposible de conseguir si no hubiese sido difícil.


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